Comenzando

Stephen King una vez dijo: “El momento que da más miedo es siempre justo antes de empezar”. Todos los comienzos son desafiantes y difíciles, y la incertidumbre que los acompaña puede ser aterradora. Sin embargo, la verdad es que nadie puede retroceder en el tiempo para hacer un nuevo comienzo, pero cualquiera puede comenzar desde ahora y forjar un nuevo final. Alguien mencionó una vez: “Simplemente, para poder seguir a veces hay que empezar de nuevo”. Esto nos recuerda que los comienzos no son solo inevitables, sino también oportunidades preciosas que Dios nos da para aprovechar y transformar nuestra vida.
Hay un concepto bíblico que siempre me ha conmovido profundamente: “Las misericordias de Dios se renuevan cada mañana” (Lamentaciones 3:22-23). La creación misma nos enseña este principio al ofrecernos un nuevo día cada veinticuatro horas y las estaciones del año nos muestran cómo la naturaleza se renueva constantemente. Pero ¿adoptamos realmente este principio en nuestra vida diaria? ¿Creemos en las oportunidades que Dios nos brinda cada día, o estamos convencidos de que ya las hemos perdido todas?
Dios desea enseñarnos valiosas lecciones en cada nuevo comienzo. La fe no debe perderse, y debemos recordar que los mejores comienzos suelen venir después de los peores finales. Así que, no tengas miedo de comenzar una y otra vez. Dios está contigo en cada paso del camino. La Biblia dice en Isaías 65:17, “Presten atención, que estoy por crear un cielo nuevo y una tierra nueva.
No volverán a mencionarse las cosas pasadas, ni se traerán a la memoria” (NVI).

El Agua Viva

Recientemente, escuché un dicho que me llamó profundamente la atención: “Miles han vivido sin amor, pero ni uno solo sin agua”. El agua es esencial para la vida. Es la fuerza que mueve toda la naturaleza. Sin agua, la vida no puede sostenerse. ¿Alguna vez has sentido una sed tan intensa que todo lo que deseabas era un poco de agua? ¿Te has encontrado alguna vez deshidratado, anhelando desesperadamente unos tragos de agua? Yo he experimentado esto en zonas selváticas y desérticas, y puedo asegurar que no es nada placentero.

En la Biblia, Jesús es descrito como “el agua de vida”. En una ocasión, se acercó a un pozo para beber agua. Allí, se encontró con una mujer samaritana, alguien con quien, culturalmente, no debería haber interactuado por ser judío. Jesús le pidió agua y, en pocas palabras, le reveló todo lo que estaba pasando en su vida. Cuando la mujer le ofreció agua, Jesús le dijo que Él tenía un tipo de agua que haría que nunca más tuviera sed.Ese encuentro transformó la vida de la mujer. Ella experimentó una transformación profunda y fue a compartir con otros sobre esa “agua de vida” que sació su sed espiritual. Y tú, ¿has bebido de esta agua de vida que ofrece Jesús, o deseas tomar de ella para nunca más tener sed? La Biblia dice en Juan 4:14, “pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna” (NTV).

Un Rayo De Luz

Recuerdo una canción que aprendí en la escuela dominical de niños que dice: “Rayito de luz, rayito de luz, brilla en el sitio donde estés, brilla en el sitio donde estés, puedes con tu luz algún perdido rescatar, brilla en el sitio donde estés”. Esta canción nos transmite una gran verdad: “Debemos brillar en el lugar donde estemos”. A veces, nuestro aporte puede parecer pequeño, un simple rayito de luz, pero en un lugar de gran oscuridad, incluso el más pequeño rayo puede convertirse en una luz poderosa y transformadora. Debemos recordar que en nuestros momentos más oscuros, debemos enfocarnos en buscar y ver la luz.Como dijo Desmond Tutu: “La esperanza es ser capaz de ver que hay una luz a pesar de toda la oscuridad”. Ser un “rayito de luz” significa mostrar que tenemos fe y esperanza, incluso cuando todo parece sombrío. Es alumbrar en medio de la oscuridad, mostrando que somos diferentes y llevando esperanza a donde otros solo ven desolación. Aunque estemos rodeados de oscuridad, siempre hay partes que pueden brillar. Ser luz es esperar lo mejor y confiar en lo que Dios tiene preparado para nosotros, compartiendo la esperanza y el amor que llevamos en el corazón. Es decidir ir en contra de la corriente, destacarnos y no ser parte del montón, siendo únicos y auténticos. Entonces, reflexiona: ¿qué tipo de luz estás irradiando? ¿Estás irradiando la luz de Cristo? La Biblia dice en Isaías 9:2, “El pueblo que camina en oscuridad verá una gran luz. Para aquellos que viven en una tierra de densa oscuridad, brillará una luz” (NTV).

El Secreto Del Respeto

Alguien dijo una vez: “El secreto de una vida feliz es el respeto”. En consecuencia, podríamos decir que “el secreto de una vida infeliz es el irrespeto”. ¿Has conocido a personas irrespetuosas? Son aquellas que manifiestan una falta de respeto hacia algo o hacia alguien. El irrespeto se ha convertido en una falta grave que impide la sana convivencia entre las personas, pues atenta contra uno de los valores fundamentales que garantizan la armonía social: el respeto.

A menudo, las personas que no respetan a los demás es porque no se respetan a sí mismas. El respeto no es solo una cortesía; es una expresión profunda de amor y aprecio por la dignidad humana y por las diferencias individuales. Debemos aprender a respetar las diferencias de los demás, a valorar las opiniones ajenas, a honrar otras culturas y a apreciar a quienes nos rodean. Como dice un sabio dicho: “Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”.El respeto es un principio esencial en la escala de valores de la sociedad. Por eso, es importante que nos hagamos algunas preguntas clave: ¿Me respeto a mí mismo? ¿Cómo puedo mejorar mi respeto hacia los demás? ¿Cómo puedo contribuir a crear una cultura de respeto en mi entorno? Y, sobre todo, ¿cómo puedo respetar más los preceptos de Dios? La Biblia dice en Colosenses 3:13, soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otrossi alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (RV1960).

En Inundación

Vivo en un área propensa a inundaciones. Cada vez que llueve intensamente, noto que la casa de mi vecino se convierte en un pequeño lago. Siempre tiene dificultades para entrar con sus carros, lo que parece ser un gran desafío. Agradezco a Dios porque mi casa está situada un poco más alta, y aunque llueva muy fuerte, no se inunda. Sin embargo, recibimos las corrientes de agua que bajan de las otras casas y se acumulan frente a la nuestra.

Esto me lleva a reflexionar sobre las áreas de nuestro corazón que pueden estar “inundadas”. Algunas partes de nuestro corazón pueden ser una “zona de inundación” para diversos sentimientos. Nuestro corazón puede llenarse de sentimientos buenos, pero también de emociones dañinas. Las preguntas que surgen son: ¿Qué estamos haciendo para evitar que nuestro corazón se inunde de sentimientos engañosos? ¿Qué medidas estamos tomando para que las torrentes de amargura, enojo, frustración y engaño no hagan estragos en nuestra vida?Es crucial que pongamos límites para evitar que nuestro corazón se inunde de aguas innecesarias. La clave está en construir nuestra vida sobre la roca firme que es Cristo. Así, aunque las lluvias torrenciales de la vida lleguen, nuestra casa no se inundará. La Biblia dice en Mateo 7: 24-25, “Todo el que escucha mi enseñanza y la sigue es sabio, como la persona que construye su casa sobre una roca sólida. 25 Aunque llueva a cántaros y suban las aguas de la inundación y los vientos golpeen contra esa casa, no se vendrá abajo porque está construida sobre un lecho de roca, (NTV).

Eso Es Puro Cuento

En mi país natal, Colombia, es común escuchar la frase: “Eso es puro cuento” cuando alguien no cree en lo que está escuchando o sabe que la persona está diciendo mentiras. A veces, simplemente sacamos conclusiones apresuradas y desacreditamos la información de inmediato diciendo: “Eso es puro cuento”. Pero ¿realmente es siempre así? ¿Y si lo que nos dicen es verdad? ¿Por qué juzgamos tan rápido y con tanta facilidad?

La tendencia natural del ser humano es ser crítico, desconfiado y, a veces, incluso mentiroso. Sin embargo, como seguidores de Cristo, estamos llamados a cultivar la verdad de la Palabra de Dios en nuestras vidas. No todo es “puro cuento”. A veces, las historias que nos parecen increíbles son, de hecho, verdad. Dios tiene el poder de sorprendernos, cambiando personas y situaciones de maneras que no podemos imaginar. Él todavía hace milagros y puede transformar lo que parece imposible. Dios obra con poder y libertad en medio de nosotros.Es importante dejar atrás la incredulidad, el espíritu crítico y nuestra inclinación a juzgar de manera precipitada. Recordemos que solo Dios tiene el juicio puro y perfecto. Él es el único que tiene la autoridad para juzgar con justicia y verdad. En lugar de ser rápidos en juzgar, debemos aprender a vivir en la libertad que Cristo nos ofrece, confiando en Su capacidad de transformar y renovar. La Biblia dice en Romanos 2:1, Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas” (NTV).

Las Apariencias

En nuestra sociedad moderna, muchas veces vivimos atrapados en un mundo de apariencias. Existe un viejo refrán que dice: “Las apariencias engañan”. Aparentar es mostrar a los demás una fachada que no corresponde con nuestra verdadera esencia. Es vivir en una mentira, presentándola como si fuera una realidad. Es colocar una máscara frente al mundo y ocultar lo que realmente hay en nuestro corazón. Con frecuencia, nos preocupamos más por parecer felices ante los ojos de los demás que por buscar una verdadera felicidad. Este estilo de vida nos convierte en prisioneros de una falsedad que adoptamos como si fuera nuestra verdad.

Un proverbio afirma: “Mientras se juzgue al enemigo solo por su apariencia, su victoria está asegurada”. Esto nos enseña que vivir bajo apariencias no lleva a la victoria, sino a la derrota. Algunas personas moldean su manera de hablar, vestir, actuar e incluso de caminar, para proyectar una imagen que no es la suya. Pero ¿qué ocurre realmente en sus vidas? La realidad es que han elegido ser esclavos del “qué dirán”, esclavos de una o más mentiras. Vivir en una falsedad nos convierte en esclavos de esa mentira.Por lo tanto, deja de aparentar lo que no eres. No intentes ser o hacer algo que no se alinea con tu verdadera naturaleza. Sé auténtico y busca la verdadera felicidad que proviene de adoptar tu identidad en Cristo. Las promesas de Su Palabra y las bendiciones que Él ha preparado para ti están basadas en la verdad, no en la apariencia. La autenticidad en Cristo es lo que te libera de las cadenas de la falsedad y te permite vivir una vida plena y verdadera. La Biblia dice en Juan 7:24, “No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia”, (NVI).

Reconciliar

“¿Reconciliarme con esa persona? Ni loca(o) lo haría”. Esta es una respuesta que he escuchado frecuentemente cuando hablo sobre la importancia de la reconciliación. La verdad es que puede ser increíblemente difícil reconciliarnos con alguien que nos ha herido profundamente, que ha mentido, traicionado o abusado de nuestra confianza. La reconciliación puede parecer una meta inalcanzable.En cierto sentido, la relación entre Dios y la humanidad también parecía irreconciliable. A lo largo de la historia, los seres humanos han intentado acercarse a Dios, pero estos esfuerzos muchas veces resultaban fallidos. Desde el principio, el pecado afectó nuestra relación con Dios. La desobediencia y la rebelión del hombre nos alejaron cada vez más de Él. No obstante, Dios tenía un plan maravilloso para reconciliar al mundo consigo mismo a través de Su Hijo, Jesucristo. Dios Padre envió a Su único Hijo para proveer el camino hacia la reconciliación con Él. Así, lo que parecía irreconciliable, de repente tenía una nueva oportunidad de ser restaurado. Dios ha abierto la puerta para que podamos reconciliarnos con Él. ¿Ya has dado ese paso? Además, nos ha encomendado la tarea de ser agentes de reconciliación. ¿Estás dispuesto a ser un reconciliador? La Biblia dice en 2 de Corintios 5:18, “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (LBLA).

Reedificar

Hace algún tiempo, junto a mi familia, visitamos el monumento erigido para honrar a las muchas vidas perdidas en la tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Al recorrer el lugar y observar las imágenes de aquel doloroso episodio en la historia estadounidense, no pude evitar reflexionar sobre cómo, a pesar de los años transcurridos y de la edificación de un monumento y la construcción de otro en proceso, el sitio de la tragedia ha sido transformado en un espacio de tránsito y visita cotidiana. Este hecho nos invita a meditar sobre el concepto de “reedificación”.A lo largo de la historia, hemos sido testigos de cómo naciones, civilizaciones y regiones enteras han logrado sobreponerse a guerras, desastres naturales y calamidades provocadas por el ser humano. Dios ha dotado al ser humano de la capacidad para crear, reorganizar, diversificar, reasignar y reconstruir. Tras cada tragedia, se abre una nueva oportunidad para volver a construir y renacer. ¿Qué es lo que necesitas reedificar en tu vida? En el Antiguo Testamento, los patriarcas reedificaban altares para adorar a Dios. Nehemías, por su parte, lideró la reedificación del muro de Jerusalén. Josué, tras caminar sobre las ruinas de la conquista, también participó en la reconstrucción. Y tú, ¿qué necesitas reedificar hoy en tu vida? La Biblia dice en Isaías 61:4, “Entonces reedificarán las ruinas antiguas, levantarán los lugares devastados de antaño, y restaurarán las ciudades arruinadas, los lugares devastados de muchas generaciones” (LBLA).

Cambiando

“Cambiar, ¿para qué?” Esa es la respuesta de muchas personas que tienen problemas con el cambio. Aunque las cosas no estén funcionando, prefieren seguir haciendo lo mismo, obteniendo resultados muy pobres, pero conformándose por temor al cambio. Sin embargo, el cambio es natural, bueno y muy enriquecedor. Por ejemplo: ¿qué sería de las plantas si no crecieran y se convirtieran en árboles frondosos o en hermosas flores y rosales? ¿Qué sería del ser humano si no creciera y llegara a la madurez? ¿Qué sería de la naturaleza sin las diferentes estaciones? ¿Qué sería de los animales si no formaran parte de una cadena alimenticia? En fin, el cambio es evidente e inevitable. La pregunta que surge es: ¿por qué queremos evitarlo nosotros?

Aquí te ofrezco tres pautas para recibir los cambios. En primer lugar, evalúa los tiempos, procesos y eventos que estás atravesando actualmente de manera objetiva. Segundo, considera el efecto que dicho cambio tendría en tus relaciones más importantes y en tu crecimiento personal. Tercero, toma en cuenta lo que dice la Palabra de Dios, otros creyentes y mentores maduros en la fe, y nunca ignores la voz del Espíritu Santo. Aceptar el cambio puede ser un desafío, pero es a través de él que crecemos y nos transformamos en la mejor versión de nosotros mismos, reflejando la luz y el propósito que Dios tiene para nuestras vidas.

La Biblia dice en Efesios 4:22-23, 22 desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. 23 En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes” (NTV).