Discerniendo

John Verdon dijo lo siguiente: “No creemos lo que pensamos porque vemos lo que vemos, sino que vemos lo que vemos porque pensamos lo que pensamos”. Esto nos habla de un término en especial llamado “discernimiento”. El discernimiento es la habilidad de obtener una percepción adecuada de las cosas para poder elegir y juzgar bien. El discernimiento está conectado con la moralidad y un buen sentido del uso común.  

Una persona que discierne bien elige correctamente tomando buenas decisiones, no se apresura en hacer cambios drásticos, es cauteloso(a) con sus palabras, no emite un concepto rápido en referencia a otras personas tratando de analizar cuidadosamente los movimientos que hace en su vida, entendiendo que estos pueden afectar a los demás. 
En otras palabras, los que poseen discernimiento saben cuánta diferencia puede mediar entre dos palabras parecidas, según los lugares y las circunstancias que las acompañen. De modo que, todos necesitamos discernimiento, por lo tanto, debemos pedírselo a Dios. La Biblia dice en Salmo 119:66, Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en tus mandamientos” (BLA).

Sanando

“Sanar”. Este verbo es crucial, anhelado y trabajado en nuestras vidas. ¿Cuántas enfermedades raras se han descubierto recientemente? ¿Cuántas enfermedades terminales afligen a tantas personas, llevándolas hacia la muerte? ¿Y cuántas enfermedades mentales aún permanecen sin descubrir completamente? Muchos darían cualquier cosa por ser sanados de su aflicción y dolor. Cuántos pagarían lo que fuera por vivir un poco más cuando están enfrentando la muerte.

Pero ¿qué hay de aquellos que están enfermos y no lo saben? ¿Y de aquellos que afirman estar sanos, pero cuyas acciones revelan lo contrario? Estos casos son numerosos. Puedes estar enfermo físicamente y aún no tener conocimiento de ello. ¿Cómo puedes descubrirlo? Físicamente, podrías someterte a exámenes de rutina para evaluar tu estado de salud. Quizás descubras que no estás tan bien como pensabas. Emocionalmente, es crucial examinar tu corazón y ver si albergas amargura, dolor, resentimiento u odio. Espiritualmente, debes pedir a Dios que sane tus heridas y te brinde una nueva perspectiva.Entonces, ¿deseas ser sanado(a)? Dios desea sanar tu condición espiritual y emocional. A menudo, cuando es Su voluntad, también restaura la salud física. Puedes acercarte a Él y decir: “Señor, si así lo deseas, sáname.” La Biblia dice en Mateo 8:2-3, “De repente, un leproso se le acercó y se arrodilló delante de él. Señor —dijo el hombre—, si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio. Jesús extendió la mano y lo tocó. Sí quiero—dijo—.¡Queda sano! Al instante, la lepra desapareció” (NIV).    

Destruyendo Abruptamente

Mi hijo adoraba construir figuras con sus LEGOS. Cuando era más pequeño, solía frustrarse si no lograba armarlas a la primera. Su respuesta era a menudo destruir lo que había hecho por la frustración. Después de cada rabieta, le explicaba que destruirlo no era la solución. Le animaba a tomar pausas, retomar la tarea otro día o persistir hasta completar la figura.

Esto me hizo reflexionar sobre cuántas veces nosotros también reaccionamos de manera similar. Nos frustramos y a veces abandonamos nuestras metas impulsivamente. No hacemos berrinches como un niño pequeño, pero nuestra actitud puede ser la misma. Es importante recordar que la Palabra de Dios nos advierte sobre un adversario que busca matar, robar y destruir. Actuar impulsivamente solo refleja un comportamiento destructivo que no nos ayuda a crecer espiritualmente.Reflexionemos sobre nuestro corazón. ¿Tenemos la tendencia a construir o a destruir? ¿Somos persistentes o nos rendimos fácilmente? Optemos siempre por construir, sin importar los desafíos que enfrentemos. La Biblia dice en Deuteronomio 31:8, “No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará” (NTV).

Explorando

¿Has participado alguna vez en algún tipo de exploración? Se le llama “sentido de exploración” a aquel impulso que lleva a las personas a involucrarse en diversas formas de exploración. Algunos se dedican a la arqueología, otros exploran aspectos culturales y muchos también participan en misiones. Los exploradores comparten ciertas características distintivas: son arriesgados, inquisitivos, observadores, aventureros, analíticos y, a menudo, extremadamente valientes.

En la Biblia encontramos relatos de personas que actuaron como exploradores. Una historia notable narra cómo Moisés envió a doce exploradores para que informaran sobre la tierra prometida que el pueblo de Israel debía conquistar. Diez de ellos regresaron con un informe completamente negativo, centrado en los desafíos formidables que enfrentarían: pueblos fuertes, gigantes y obstáculos aparentemente insuperables. Solo dos, Josué y Caleb, ofrecieron un informe diferente: uno lleno de fe, posibilidad y confianza en la victoria.Cuando te enfrentas a la exploración de algo nuevo, ¿qué tipo de informe tiendes a presentar? ¿Es positivo y lleno de fe, o negativo y desesperanzador? Dios desea que confiemos en Él en todo momento y que nuestras exploraciones reflejen esa confianza y esperanza en Su guía y poder. La Biblia dice en Números 13:30-31, 30 Pero Caleb trató de calmar al pueblo que se encontraba ante Moisés. ¡Vamos enseguida a tomar la tierra! —dijo—. ¡De seguro podemos conquistarla! 31 Pero los demás hombres que exploraron la tierra con él, no estuvieron de acuerdo: ¡No podemos ir contra ellos! ¡Son más fuertes que nosotros!”, (NTV).

No Discutas Más

“Ya no discutas más.” Estas son palabras que he escuchado a lo largo de mi vida en momentos de altercados y diferencias que suelen ser algo desagradables. Las discusiones tienen el poder de desafiar nuestra naturaleza, tanto de manera positiva como negativa. Por lo general, son una prueba de nuestro carácter. La clave está en la paciencia que ejercemos al enfrentarlas. Herbert Spencer nos recordó: “Conserva la calma en las discusiones, porque el apasionamiento puede convertir el error en falta y la verdad en descortesía.”

Las discusiones nos ponen a prueba en el control de nuestras emociones. Habitualmente, surgen por la falta de dominio emocional. Entonces, ¿cómo deberíamos actuar durante una discusión? Debemos pensar antes de actuar. No debemos reaccionar con ira ni actuar por impulso. Es crucial no dar rienda suelta a nuestras emociones ni a nuestras palabras. A veces, el silencio es la mejor respuesta. Debemos calmarnos antes de tomar cualquier acción y orar a Dios para encontrar la mejor forma de responder. Si la situación amenaza con salirse de control, es prudente alejarnos de la persona o del lugar.En conclusión: “No demos rienda suelta ni a nuestras emociones ni a nuestras palabras.” Así, evitaremos muchas de las discusiones que enfrentamos en la vida. La Biblia dice en Proverbios 15:1, La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego” (NVI)

No Quiero Batallar

“Ya no quiero Batallar”. Esta es una frase común que expresa el deseo de evitar lidiar con ciertos desafíos o personas. Para muchos, el “no batallar” sería el ideal. No obstante, las batallas son una parte esencial y natural de la vida. Vivir sin enfrentarse a pruebas y batallas sería una vida incompleta, al menos en nuestra esfera humana y finita. Entonces, ¿qué actitud debemos tomar ante las batallas?

Primero, no debemos esquivar ni evitar las batallas. Estas experiencias nos enseñan, nos fortalecen y nos permiten experimentar la verdadera sensación de victoria, algo que solo se logra al enfrentarlas. Segundo, debemos prepararnos con antelación en la medida de lo posible, antes de que estas lleguen. Tercero, es fundamental enfrentarlas con una actitud de fe y como miembros de una comunidad espiritual. Las batallas no se deben enfrentar en soledad. Cuarto, debemos buscar consejo y dirección tanto de Dios como de aquellos que han pasado por situaciones similares y han salido victoriosos.Finalmente, debemos confiar en la poderosa intervención de Dios. Él es quien nos da fortaleza, nos guía, pelea nuestras batallas y nos concede la victoria cuando es Su voluntad. Así que, permite que Él sea quien pelee tus batallas. La Biblia dice en Deuteronomio 3:22, “No les tengas miedo, que el Señor tu Dios pelea por ti” (NVI).

Un Examen

La vida está llena de exámenes: algunos académicos, otros relacionales y físicos que nos desafían y nos hacen crecer. Sin embargo, uno de los más importantes y a menudo descuidados es el examen espiritual. ¿Cuándo fue la última vez que reflexionaste sobre tu vida espiritual?La Biblia nos muestra ejemplos de personas que ignoraron este examen espiritual y sufrieron las consecuencias de alejarse de Dios. No debemos esperar hasta enfrentar esas consecuencias para evaluar nuestra relación con Él. He aquí algunas preguntas para reflexionar: ¿Cómo está tu vida espiritual? Es crucial evaluar regularmente nuestra conexión con Dios. ¿Estás cultivando una relación íntima con Él a través de la oración y el estudio de Su Palabra? ¿Estás pasando tiempo en comunión con Dios? La comunión diaria con Dios es vital para nuestro crecimiento espiritual. Además ¿Estás dedicando tiempo a escuchar Su voz y a obedecer Su dirección? Por otro lado, ¿Estás creciendo en tu fe? Recuerda que la fe se fortalece cuando enfrentamos desafíos y confiamos en Dios. ¿Estás permitiendo que Él te lleve a nuevas alturas espirituales? Y, por último, ¿Hay áreas de tu vida que necesitan ser ajustadas? La auto reflexión honesta revelará áreas donde necesitamos arrepentirnos y cambiar. ¿Estás dispuesto a permitir que Dios transforme esas áreas? La Biblia dice en el Salmo 139:23, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos ” (RV1960).

Enlodado Sin Quererlo

¿Te has enlodado alguna vez? El lodo tiene esa cualidad única de adherirse a nuestra ropa, nuestros vehículos y los lugares donde vivimos sin que nos demos cuenta. De manera similar, hay muchas cosas en la vida que se adhieren a nosotros sin que nos demos cuenta: palabras, costumbres, gestos, rutinas e incluso comportamientos que antes no podríamos haber imaginado adoptar.

¿De qué te has enlodado sin darte cuenta? ¿Cómo podrías limpiarte para evitar ensuciarte más o ensuciar a otros? La respuesta la encontramos en la Palabra de Dios. Ella nos enseña que nuestros pecados pueden dañar nuestras relaciones y afectar nuestro corazón. Sin embargo, no hay pecado que no pueda ser limpiado por la sangre de Cristo Jesús. La Biblia enseña que Dios Padre perdona nuestros pecados, sin importar cuán horribles o sucios sean. Jesús pagó un alto precio para limpiar nuestras mentes y corazones.¿Deseas que Dios limpie tu mente y corazón? ¿Deseas que Él restaure tus relaciones interpersonales y limpie todo en tu vida? Él está dispuesto y listo para hacerlo. La Biblia dice en el Salmo 51:10, “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu” (NTV).

Decídete y Pídelo

“Solo decídete y pídelo”. Esta fue la frase que escuché el otro día de un padre hablándole a su hijo en una tienda, al ver su cara indecisa para pedir un simple dulce. Me hizo reflexionar, porque muchas veces me encuentro en una situación similar. A menudo, estoy corriendo de un lado a otro, ocupado en múltiples tareas, asumiendo que todo va a salir bien. Pero he aprendido que es esencial detenerme y preguntarle a Dios: “¿Cuál es la dirección que debo tomar?”. Frecuentemente, mi oración es: “Señor, muéstrame tu voluntad en esta situación”. Y en otras ocasiones, simplemente le pido a Dios, no como si fuera un comodín benevolente, sino como a mi Padre celestial, quien todo lo puede y sabe qué es lo mejor para mí.

Te preguntarás: ¿Por qué debemos pedir antes de que Él responda? La respuesta es sencilla: nuestra relación con Dios comienza con la fe. Dios no nos forza, ni nos obliga; Él nos invita a tener una relación con Él. En esa relación, podemos conocer Su voluntad y pedir conforme a ella. La primera pregunta que debemos hacerle es: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”. Esta es una pregunta de sumisión. La segunda es: “Señor, ¿cuál es la dirección que deseas que tome?”. Esta es una pregunta para inquirir de Su sabiduría.Entonces, pídele con fe y de acuerdo con Su voluntad. Confía en que Dios escucha y que Sus respuestas siempre son para nuestro bien, incluso cuando no las entendemos del todo. La Biblia dice en Santiago 1:5, “ Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie” (NTV).

La Copa Rebosante

¿Alguna vez has visto una copa rebosante? Son esas copas que están tan llenas que el líquido se desborda por encima de ellas. Esto suele ocurrir con bebidas gaseosas, cuya efervescencia las hace rebosar. Personalmente, me encanta ver vasos rebosantes, llenos hasta el borde y más allá. No me agrada ver vasos o copas a medias; las cosas a medias simplemente no funcionan igual. Dios también quiere que nuestras vidas sean rebosantes. Él no desea llenarnos a medias, sino que quiere llenarnos completamente, para que desbordemos de su presencia y amor.

Cuando hablamos de ser llenos del Espíritu, no nos referimos solo a una llenura como la de un vaso, sino a ser controlados por Dios en nuestra vida diaria. Ser llenos del Espíritu significa que nuestras acciones, pensamientos y decisiones estén guiados por Él en nuestro caminar de fe. Sin embargo, en un sentido más práctico, ¿de qué cosas deseas que Dios llene tu vida? ¿Cuáles son los vacíos que Él puede llenar? ¿En qué áreas necesitas Su provisión y Su presencia?

Dios desea que estemos llenos, completos y felices. Quiere que nuestro corazón esté satisfecho por Él, que nuestras acciones sean guiadas por Su Espíritu, y que confiemos nuestro presente y nuestro futuro en Sus manos. Él quiere que nuestra vida esté desbordante de Su amor, de Su bondad y de todo lo que emana de Su ser.Entonces, la pregunta que debemos hacernos es: ¿estamos dispuestos a dejarnos llenar por Dios? La Biblia dice en el Salmo 23:5, “Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. (NVI).