No Estoy Conforme

¿Cuántas veces no estamos conformes con lo que somos ni con lo que tenemos? La inconformidad es un sentimiento y una práctica constante en el ser humano. Parece que el sentido de insatisfacción se incrementa al crecer. Muchas personas dicen “No estoy conforme”. No estoy conforme ni con mi matrimonio, familia, trabajo, profesión, amistades, en fin, no estoy conforme con mi vida. En cierta instancia, está bien “no conformarnos” con lo mínimo para poder esforzarnos y progresar. Sin embargo, me refiero al sentimiento de inconformidad constante, quejumbroso y frustrante. Me refiero a ese sentimiento que no deja disfrutar el presente y que roba el gozo, quita la paz e incita a la intranquilidad. 

La Palabra de Dios nos insta a “no conformarnos” al molde de pensamiento de este mundo, ni a nuestros pecados. Nos invita a no seguir las corrientes y filosofías que afectan nuestra vida de manera errónea. En cambio, nos invita a vivir una vida conforme a la voluntad de Dios, a depender de Dios, de Su Palabra y del poder que Él nos puede dar. Nos invita a ejercer el “contentamiento” y el “agradecimiento”. Nos insta a esperar en Dios y a disfrutar de cada una de Sus bendiciones. 

Entonces, no te conformes a las cosas que no son trascendentes. Confórmate con seguir la voluntad de Dios. Este es el mejor tipo de conformidad que podremos experimentar. La Biblia dice en Romanos 12:2, “2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (RV1960).

Árbol

Me encantó la siguiente frase que leí acerca de los árboles que dice: “Haz como los árboles: cambian sus hojas y conservan sus raíces. Así que, cambia tus ideas pero conserva tus principios”. ¿Cuáles son tus raíces? ¿Qué es lo que te distingue e identifica? ¿Cuáles son las hojas que deben cambiar en ti sin que cambien tus raíces? La naturaleza, en este caso los árboles, nos enseñan una hermosa lección acerca de los cambios necesarios sin que cambien nuestros principios. 

En nuestros días, hay personas que piensan que no pueden cambiar sin cambiar sus raíces. Sin embargo, la misma naturaleza nos muestra que algunos cambios son necesarios y saludables. Por ejemplo, las hojas de los árboles se caen en el otoño, pero vuelven a surgir en la primavera. ¿Por qué? Porque la raíz, el tronco y algunas de sus ramas aún permanecen. Como dice un proverbio chino: “Los árboles meditan en invierno, gracias a ellos florecen en la primavera, dan sombra y frutos en el verano y se despojan de lo superfluo en el otoño”. ¿Cómo estás pasando cada una de las estaciones de tu vida?

Quizá sea tiempo de meditar, de dar sombra, de producir mucho fruto o de despojarte de lo que realmente es innecesario y tóxico para tu vida. Recuerda que aunque cambien algunas o todas tus hojas, siempre podrás conservar tus raíces. La Biblia dice en el Salmo 1:3,“ Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará” (RV1960).

Misericordia

Muchas ciudades tienen al menos un hospital conocido como el hospital de la misericordia, donde nadie es rechazado. La atención médica se brinda independientemente de la capacidad de pago. Esos hospitales tienen piedad, por así decirlo, de todos los que entran por sus puertas.

El cristianismo es como un hospital de misericordia. Venimos a Dios con las manos vacías, incapaces de pagar el costo de perdonar nuestros pecados. Le pedimos a Dios que tenga misericordia de nosotros, y lo hace. Él puede mostrar misericordia porque Su propio Hijo intervino y pagó la cuenta por nosotros.

¡Qué maravilloso es no ser rechazado! La misericordia de Dios cubre todos nuestros pecados, todas nuestras necesidades. Lo mejor es que es abundante y sin costo alguno. Su misericordia se renueva cada mañana. La Biblia dice, “Así que el Señor esperará a que ustedes acudan a él para mostrarles su amor y su compasión. Pues el Señor es un Dios fiel. Benditos son los que esperan su ayuda”, (Isaías 30: 18, NTV)

Pilotos En Tormentas

Los mejores pilotos se dan a conocer en medio de las tormentas más grandes de la vida. Un veterano piloto y amigo mío me dijo: “Al comenzar mi carrera de piloto entendí que cuando no había tormentas, todos deseábamos pilotear, pero cuando estábamos en medio de tormentas, todos pensamos en cuánto tiempo más duraría la tormenta. Con el tiempo y miles de horas en el aire, las tormentas son parte de nuestra vida como pilotos que ahora yo prefiero pilotear cuando hay tormentas. Me gusta porque es más desafiante y gratificante”. 

Mi amigo también añadió: “He entendido que no hay tormenta eterna y que la probabilidad de que yo muera piloteando en la tormenta es la misma que tengo cuando estoy manejando en una tormenta en tierra. De modo que, paso por las tormentas como algo usual en la vida”. En cierta instancia, todos somos pilotos en tormentas. La vida tiene múltiples tormentas y entre más aprendamos a vivir y pilotear en medio de cada una de ellas, mucho mejor será. 
Recordemos que no hay tormentas eternas y que como dice el dicho popular: Después de cada tormenta, llega la calma. Pidámosle dirección, protección y sabiduría a Dios para atravesar cada una de nuestras tormentas. La Biblia dice en Mateo 5:45b, “Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual” (NTV)   

Abrirse Con Los Demás

Parece que vivimos en un mundo muy abierto donde la gente tiene acceso a nuestra identidad fácilmente. La popularidad de las redes sociales revela nuestro deseo de conectarnos con otros, sin embargo, muchas personas siguen sintiéndose solas. De hecho, incluso en el hogar, el trabajo o en la iglesia, las personas a veces se sienten rodeadas por extraños. El dejar que realmente nos conozcan, en parte, es nuestra responsabilidad. En vez de construir un muro de protección, debemos tratar de abrirnos y dejar que otros entren a nuestra vida.

La caída de Adán y Eva suele traer a la mente la desconexión que creó el pecado entre Dios y la humanidad, pero esto también afectó todas las relaciones humanas desde entonces. Como resultado, el temor y el orgullo amenazan con esclavizarnos debido al aislamiento y a la autoprotección.Los muros en una relación pueden ser difíciles de reconocer, pero a veces, el tratar de protegernos se demuestra con resentimiento, desconfianza y murmuraciones. Pídele a Dios que te muestre las maneras en las que puedes estar dejando fuera a alguien. Él te ayudará a derribar los obstáculos en tu relación con Él y con los demás. La Biblia dice en Proverbios 18:24, “ Hay quienes parecen amigos, pero se destruyen unos a otros; el amigo verdadero se mantiene más leal que un hermano” (NTV)  

Paradoja

Vivimos en un mundo paradójico. La gente vive en casas móviles que no se mueven. Algunos usan ropa deportiva para trabajar. También usamos sudaderas para relajarnos. El corazón tiene razones que la razón no entiende. La mejor improvisación es la adecuadamente preparada. Cuanto más damos, más recibimos. No llega antes el que va más rápido sino el que sabe para dónde va. En fin, estas paradojas son humorísticas y en cierto punto divertidas. Pero algunas paradojas pueden ser difíciles para entenderlas y acostúmbranos a ellas.

El reino de Dios también está lleno de paradojas. Nosotros damos para recibir; vivimos muriendo; nos volvemos grandiosos siendo un siervos; y somos encontrados al perdernos totalmente en las manos de Cristo. Mientras más meditamos sobre estas verdades bíblicas, más nos acercaremos al reino de los cielos.

Dedica tiempo para meditar en las verdades bíblicas y pídele ayuda a Dios para entender Sus caminos aunque a veces parecen ser paradójicos. Él estará muy feliz de responder a tu oración por sabiduría. La Biblia dice, “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos- dice el Señor. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse” (Isaías 55:8, NTV).

Suciedad

¿Alguna vez te has sentido sucio? ¿Has querido bañarte, pero te ha tocado esperar para hacerlo? ¿Cómo te has sentido una vez y te has podido quitar la suciedad? Bien ¿verdad? Pero ¿qué de aquellos que son sucios en otras áreas y en otras maneras? Por ejemplo, el dicho que dice: “No me hables bonito si me vas a jugar sucio”. Es decir, la suciedad externa se puede ver, pero la interna solo puede ser vista por Dios. Como dicen por ahí: “Las apariencias engañan”. 

La suciedad más grande de la que padece el ser humano se llama, “pecado”. El pecado nos ha ensuciado nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. Sin embargo, hay una solución para la suciedad del ser humano. Se llama la sangre de Cristo Jesús. Así como nos podemos quitar la suciedad externa por más pegada que este a nuestro cuerpo, también podemos limpiar lo sucio que hay en nuestros pensamientos y en nuestros corazones con la sangre de Cristo. 

Jesús promete limpiar todos nuestros pecados, transformar nuestras vidas, lavarnos con Su sangre preciosa y mantenernos cerca de Él. Solo nos pide que le demos nuestro corazón. Él desea limpiar lo que parece tan sucio y que no tiene solución. La Biblia dice en Isaías 1:18, “»Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto —dice el Señor—. Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, yo los haré tan blancos como la lana” (NTV).

Mar Adentro

“Hay lecciones que Jesús no enseña en la orilla de la tranquilidad, sino en las tormentas mar adentro”. Bien dice el dicho: “Después de la tormenta llega la calma”. Las tormentas suelen ser estruendosas, escrupulosas y escandalosas. En sí, una tormenta es un fenómeno caracterizado por la coexistencia de dos o más masas de aire de diferentes temperaturas. Dicho contraste desemboca una inestabilidad caracterizada por lluvias, vientos, relámpagos, rayos y otros fenómenos meteorológicos. 

Las tormentas en el mar parecen acentuarse aún más. Las grandes olas impetuosas parecen desestabilizar las embarcaciones, pero los marineros saben como soportar las olas y mantener la embarcación a salvo. De la misma manera ocurre en nuestra vida. Las tormentas pueden ser enfermedades, problemas relacionales o financieros, noticias inesperadas, en fin, un cúmulo de más de dos factores que acrecientan los niveles de estrés en nuestras vidas. 

Sin embargo, al pasar por estas tormentas debemos recordar unas cosas muy importantes: todas las tormentas son temporales, los grandes vientos no tienen porqué derrumbarnos en las tormentas, siempre habrá algo que aprender en cada tormenta y el capitán de nuestra embarcación, Jesús, nos puede mantener a salvo. La Biblia dice en Job 11:17-18, “Tu vida será más radiante que el sol de mediodía, y la oscuridad será como el amanecer.18 Vivirás tranquilo, porque hay esperanza; estarás protegido y dormirás confiado” (NTV).

Sin Aliento

¿Te has quedado sin aliento o sin respiración? Muchos nos hemos quedado sin aliento después de haber corrido rápidamente o de haber escalado por algunos momentos. Algunos quedan sin aliento al solo dar unos pocos pasos ya que su condición física es muy decadente. El quedar sin aliento físicamente por esfuerzos muy mínimos es muestra de una salud integral pobre y que va desmejorando. En algunas ocasiones, es un indicativo de problemas de índole cardiaco y de sobrepeso.

Si nos quedamos sin aliento físicamente, lo más seguro es que también nos pase espiritualmente. Muchas veces la falta de aliento espiritual proviene de una salud espiritual muy podre. En algunos casos, nuestra falta de condición espiritual se debe al no practicar las disciplinas espirituales de la oración, la lectura de la Palabra de Dios, la meditación, el ayuno, la reflexión, la solitud, entre otros.

Aunque a diario vivamos en un mundo que nos tiende a quitar el aliento, debemos mejorar nuestra condición espiritual. Te invito a que entres al gimnasio espiritual. Desarrolla algunas disciplinas diarias, progresivas y constantes. Te aseguro que estarás más fuerte y preparado para no perder tu aliento en las circunstancias de la vida. La Biblia dice en Job 33:4, “El Espíritu de Dios me ha creado, y el aliento del Todopoderoso me da vida” (NTV).

Una Buena Sacudida

¿Has experimentado una sacudida? Bien sea en un barco, un terremoto, un accidente automovilístico, etc. En fin, son esos momentos que no esperas, pero la sacudida llega inesperadamente y sorpresivamente. Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. Si queremos que todo siga como está, sería necesario el cambio, porque aunque pensemos que no hay cambios, todo en este mundo es cambiante. 

¿Qué decir de los momentos donde tenemos una sacudida física o emocional? Es decir, una enfermedad inesperada o una situación emocional no deseada. Son esos momentos donde parece que todo se encuentra estable y de repente se sacude todo de una manera impresionante. Muchas veces esas sacudidas producen grietas, escombros y parece que todo se ha derribado o terminado. Sin embargo, no es el fin del mundo, puede ser el comienzo de uno nuevo. 

Muchas veces una buena sacudida es necesaria para recordarnos que estamos vivos, que no tenemos control de todo y que de vez en cuando una estremecida es necesaria para despertarnos, animarnos y desafiarnos. Como dijo Steve Jobs: “Cada día me miro en el espejo y me pregunto: Si fue hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta es no, sé que necesito cambiar algo”. La Biblia dice en Ezequiel 36:26, “26 Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo” (NTV).