El Vidrio Se Rompió

Hace algunos años después de haber terminado mi carrera universitaria tuve el privilegio de ser trabajador social en un hogar de niños. Cada día aprendía una lección de estos pequeños. En una oportunidad, llegó un niño con sus manos llenas de sangre y con un pedazo de vidrio en cada mano. Nos dijo preocupado y en voz audible, “el vidrio se rompió, yo lo recogí, y quiero pegarlo”. En su ingenuidad no le prestó atención de que al recogerlo, se cortó un poquito en cada mano. Su preocupación era pegarlos de nuevo. Corrimos de inmediato a quitarle los vidrios y a limpiarle sus pequeñas cortadas. Sin embargo, el pequeño seguía diciendo, “tenemos que pegarlo, tenemos que pegarlo”.

Así como este pequeño encontramos muchos vidrios rotos o rompemos muchos de ellos en nuestra vida. Estos vidrios pueden ser relaciones, trabajos, oportunidades, objetivos, sueños, etc. Deseamos recoger algunos de ellos aunque estén rotos pero nos causan heridas sin darnos cuenta. Tenemos dos opciones: dejar los vidrios en el suelo o recogerlos y tratar de pegarlos evitando situaciones que nos causen heridas profundas. Entonces, ¿cómo decidir qué se debe o no pegar? Debemos pedir ayuda a Dios. Él nos puede guiar hacia los vidrios que debemos tratar de pegar y a los que debemos dejar en el piso. Solo Él puede restaurar lo que ya está roto sin que nos hiera. La Biblia dice en el Salmo 147:3, “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas”, (NTV).

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