Querer darse por vencido

La característica más común que he observado en la gente exitosa es la siguiente: Ellos han conquistado la tentación de darse por vencidos. El sentimiento o ganas de darnos por vencidos nos suele agobiar a todos en alguna instancia de nuestra vida. Usualmente llega cuando las cosas no se dan como las habíamos planeado, cuando las fuerzas o recursos se nos han agotado, cuando tenemos una crisis emocional o existencial, cuando estamos enfermos y nuestra condición empeora o cuando nuestra vida espiritual está siendo puesta a prueba.

El querer darse por vencido se presenta sorpresivamente. Una mala decisión o relación también pueden ser los causantes de este sentimiento. Pero, ¿qué podemos hacer para desistir de dicho sentimiento? En primer lugar, admitir que el querer darse por vencido es inherente al ser humano. No ha habido ni habrá alguien, con excepción de Jesús, que no haya querido darse por vencido. En segundo término, entender que este sentimiento puede ser bueno, ya que nos puede llevar a la reflexión, evaluación y valoración de los esfuerzos que estemos realizando. Por último, al conquistar este sentimiento, usualmente salimos más fortalecidos, llenos de ricas lecciones y expectantes del futuro que enfrentaremos. De modo que, ¡No te des por vencido!

La Biblia dice en 1 Juan 5:4, “Pues todo hijo de Dios vence a este mundo de maldad, y logramos esa victoria por medio de nuestra fe” (NTV).

Relación Versus Situación

“Nunca dejes que la situación signifique más que la relación”. Este es un principio fundamental para la vida que violamos inconscientemente. Desafortunadamente nos dejamos llevar por situaciones y emociones afectando nuestras relaciones más cercanas. Por ejemplo, nos dejamos llevar por un momento de ira donde decimos cosas que no deberíamos y actuamos sin pensar. Nos dejamos llevar por arrebatos, ejemplificando lo que realmente no somos y provocando memorias difíciles de borrar en otras personas. Nos dejamos llevar por comentarios que no son importantes y obviamos los comentarios de aquellos más cercanos a nosotros. Sacrificamos nuestras relaciones más cercanas, como la familia y amigos, por situaciones u oportunidades pasajeras que al final de cuentas llegan a ser fútiles e inciertas.

¿Por qué tenemos dicha tendencia? Simplemente porque nos enfocamos en la situación. Olvidamos ver cómo nuestras palabras o acciones afectarán la relación. De modo que, debemos cambiar el enfoque. Comencemos por pensar en cómo nuestras palabras o acciones afectarán nuestras relaciones y no solo en cómo podremos enfrentar mejor cada situación. Recordemos que detrás de cada “situación” hay una “relación” qué cuidar, alimentar y valorar. Al final de cuentas, no recordaremos las situaciones sino las relaciones que le dan sentido a nuestra vida.

La Biblia dice en Mateo 7:12a, “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes…” (NVI).

Acepta La Gracia De Dios

La vida es agitada y si intentas hacerlo todo por ti mismo quedarás exhausto. Apresurarse y luchar para mantener el ritmo es desgastante física, mental, emocional y espiritualmente. Pero puedes hacer algunos cambios que te ayudarán a vivir mejor.

Primero, examina todas tus actividades y permite que Dios te muestre las cosas que drenan tu energía y no producen frutos que valgan la pena. Después de esto, está dispuesto a renunciar a ellas sin mucha objeción. Puede que incluso tengas que elegir entre lo bueno y lo mejor, porque no siempre todo lo bueno es lo mejor.

En segundo lugar, aprende a recibir más de la gracia de Dios. La gracia es poder cuando se acepta como la dádiva de Dios para vivir bien y mejor. En otras palabras, es dejar que Dios se involucre y haga a través de ti lo que nunca podrías hacer por tu cuenta. Su poder puede ayudarte a lograr más de lo que puedes imaginar. De modo que, acepta Su ayuda y continúa disfrutando tu vida.

Por último, aprende que no tienes el control de todo, no puedes lograr o alcanzar todo y no eres el culpable de todo. Simplemente, acepta “la gracia de Dios”.

La Biblia dice en Efesios 3:20, “Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros” (NTV).

Prueba

“Una vida que no es probada es una vida que no puede ser confiada”. Las pruebas existen para probar quienes somos realmente. Las pruebas nos frustran, nos cansan y nos hacen dudar. Sin embargo, al salir de las pruebas experimentamos gozo, descanso, fortaleza y confianza para seguir adelante. Las pruebas son indispensables y necesarias para el ser humano. Las pruebas son salones de enseñanzas que nunca se olvidan y se convierten en el fundamento donde se puede construir más ricamente.

Así como el oro es pasado por el fuego para ser probado sin perder su valor, nosotros también pasamos por las pruebas para demostrar de qué realmente estamos hechos. Las pruebas purifican, depuran y hacen de cada persona alguien mejor. Al igual que un billete puede ser pisoteado, mojado, arrugado y maltratado sin perder su valor, los seres humanos, aunque seamos probados, no perdemos nuestro valor.

Así que las pruebas son parte del plan de Dios para hacernos más como Él quiere y servirle mejor en el lugar que Él quiere. De modo que, abraza tus pruebas, ellas suelen ser parte del diseño de Dios para ti.

La Biblia dice en Santiago 1:2-3, “Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse” (NTV).

Visión Pacífica

Mahatma Gandhi organizó un movimiento de revolución pacífica en la India. Gandhi creyó en una nación libre guiada por una visión clara hacia un mejor futuro. Hay cinco frases que se le atribuyen de las cuales podemos aprender. Él dijo: “El futuro depende de lo que hagas hoy; creer en algo y no vivirlo es deshonesto; sé el cambio que quieres ver en el mundo; sin acción no vas a ir a ningún lado; cambia porque tú tienes el control”.

Aunque no soy seguidor de todos los escritos de Gandhi, sí puedo aprender mucho de él como un líder visionario y extremadamente comprometido con su causa. Aquellos hombres y mujeres que no ven las situaciones como están actualmente sino como pueden llegar a estar, son personas de visión. Esto requiere de fe. La esperanza que nos levanta día a día para luchar por un hoy incierto y por un mañana que no es nuestro. Sin embargo, la visión produce pasión y dirección para seguir hacia adelante.

¿Tienes visión? ¿Sabes para dónde vas? Si no tienes una visión clara, pídesela a Dios. Él es experto en traer claridad de pensamiento, alumbrar en la oscuridad y abrir un camino donde no lo hay.

La Biblia dice en Proverbios 29:18, “Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena, pero bienaventurado es el que guarda la ley” (LBLA).

Querer Algo

“Cuando quieres algo que no has tenido, debes hacer algo que nunca has hecho”. Esta simple pero a su vez profunda frase encapsula una gran verdad. Hay personas que siempre añoran tener una relación, una carrera, alguna posición, pero siguen en la misma situación. ¿Por qué? Simplemente porque no hacen nada al respecto. Como dicen por ahí: “Esperan resultados diferentes haciendo siempre lo mismo”. Esto es ilógico e inconcebible.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Como la frase bien lo dice: “Hacer algo que nunca has hecho”. Es decir, debes evaluar tu situación actual, tomar riesgos, planear, documentarte, estudiar, buscar consejo, ver lo que la Palabra de Dios dice al respecto, observar la trayectoria de otras personas que han pasado por lo mismo, aprender de tus errores del pasado, escribir en orden tus pensamientos, reflexionar, invitar a otros en el proceso cuando sea necesario, orar y sobre todo “actuar”.

Acuérdate que hay una gran diferencia entre el querer y el hacer. Dios quiere que hagas todo de acuerdo a Su voluntad y a Sus planes para tu vida.

La Biblia dice en Filipenses 2:13, “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (RVR1960).

Oportunidades

Muchas veces hemos escuchado el dicho: “Las oportunidades se pierden”. Yo suelo decir: “Las oportunidades no se pierden, simplemente se le pasan a otra persona”. En repetidas ocasiones pensamos que ya no volveremos a tener oportunidades porque estas han pasado con el tiempo, con las personas o con las circunstancias. Sin embargo, la Palabra de Dios está llena de promesas en cuando a las oportunidades. Es más, Dios se dio a sí mismo la oportunidad de crear al ser humano aun sabiendo que podía desviarse de Sus caminos. No obstante, creó al hombre a Su imagen y conforme a Su semejanza.

Su creación máxima pecó. Le erró al blanco una y otra vez. Trató de hacer el bien en repetidas ocasiones y no pudo. Pero Dios, quien es grande en misericordia, ya tenía un plan y una promesa para otorgar una oportunidad inmerecida a la perdición del hombre. Él envió señales de respaldo a Su pueblo escogido. Les sustentó en el cautiverio y en medio del desierto. Les envió comida, sustento, sombra, luz y les profería una Palabra de oportunidad a través de sus profetas una y otra vez. La historia bíblica está llena de oportunidades que pasaron de una persona a otra. Dios nunca se dio por vencido con un pueblo obstinado, terco y pecador.

La oportunidad más grande fue palpable al enviar a Su mismo Hijo para salvar a la humanidad. Jesús, es la “oportunidad” que le da sentido a las demás oportunidades. Entonces, ¿deseas la oportunidad verdadera a través de Jesús?

La Biblia dice en Lamentaciones 3:22-23, “¡El fiel amor del Señor nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana” (NTV).

Conchas En El Mar

La naturaleza nos enseña grandes lecciones acerca de la vida. Una simple caminata por la playa nos muestra la grandeza del imponente océano creado por Dios. Las grandes olas y los vientos impetuosos crean un ruido espectacular que con solo cerrar los ojos producen un sentimiento de tranquilidad indescriptible. Una de las cosas increíbles que se puede observar al caminar sobre la arena son los residuos e innumerables conchas y caracoles marinos que son expulsados hacia la arena. Algunos de estos caracoles tienen hermosos diseños llenos de diferentes colores y formas.

Lo interesante es que muchas de las conchas no tienen ese color adentro del agua ni se miran de la misma manera. Cuando el organismo interior muere, las olas del mar suelen expulsarlas en ciertas temporadas del año. Todas estas moléculas internas van creciendo y creando la belleza exterior de las conchas que vemos en la arena. Algunas de ellas lucen mucho más hermosas a la luz del sol y estando muertas, ¿por qué? Porque hay belleza aún en la muerte de estos seres vivientes.

Un simple ejemplo de la naturaleza nos puede enseñar que “a veces es bueno morir para mostrar lo mejor de nosotros”. ¿A qué debemos morir aunque estemos vivos? Qué tal si morimos a nuestro egoísmo. Al igual que las conchas, luciríamos relucientes aun en medio de la arena de la vida.

La Biblia dice en 2 de Corintios 4:11, “Es cierto, vivimos en constante peligro de muerte porque servimos a Jesús, para que la vida de Jesús sea evidente en nuestro cuerpo que muere” (NTV).

Valora Lo Que Tienes

Un día leí una historia de un hombre quien vendió su granja para poder invertir sus días en la búsqueda de diamantes. Estaba empecinado en convertirse en un hombre rico. Cuando por fin su salud y recursos se agotaron, no se dio cuenta de que era rico antes de vender su granja. Debido a la decepción, se tiró a un río y murió ahogado.

Un día, el hombre que había comprado su granja divisó una piedra de aspecto poco usual a orillas de la quebrada. La puso en el manto de la chimenea como tema de conversación para sus visitantes. Un amigo notó la piedra y la examinó con detenimiento. Luego expresó en voz alta sus sospechas de que la piedra era en realidad un diamante. El granjero discretamente, hizo que se analizara la piedra y se confirmó que era uno de los diamantes más grandes y finos que se hubiesen encontrado jamás.

Aún operando en forma confidencial, el granjero buscó en su quebrada y recolectó piedras similares. Todas eran diamantes. ¡De hecho, su granja estaba cubierta con diamantes que esperaban ser recogidos! La granja que el buscador de gemas había vendido terminó siendo uno de los depósitos de diamantes más ricos del mundo.

La lección es que muchas veces tenemos riquezas en nuestras manos pero no las valoramos e ignoramos por querer más. Pídele a Dios que te revele lo que necesitas saber para poder vivir la vida que Él desea. Es posible que los recursos que necesites estén delante de ti. Recuerda que las tendencias van y vienen pero la sabiduría y el carácter son para siempre.

La Biblia lo dice en Proverbios 23:19, “Hijo mío, presta atención y sé sabio: mantén tu corazón en el camino recto” (NTV).

No Te Afanes

Muchas cosas nos salen mal por estar siempre afanados. Por ejemplo, en nuestro afán por arreglar las cosas, corremos el riesgo de hacer mucho daño. Muchas veces respondemos de manera retórica porque detrás de todo se esconde un desmedido afán por lograr beneficios. Algunas personas en su afán ciego de mantenerse en el poder, sacrifican, literal y metafóricamente, muchísimas vidas humanas. Por otro lado, la concurrencia del afán de lucro desprecia a las personas muchas veces.

Hay pruebas de que se hace todo menos protegernos o proteger a otros cuando se da rienda suelta al “afán de posesión de las personas”. El afán por la eficacia es especialmente decisivo dependiendo de su contexto. En muchos países se pierde el concepto de servicio público por el afán de obtener mayores beneficios económicos. El afán mal enfocado puede destruir la salud física, minar la salud emocional, afectar la salud mental e ignorar la necesidad de una vida espiritual.

De la misma manera, el afán desenfrenado produce ansiedad y trastornos físicos o emocionales. Lastimosamente vivimos en un mundo de afanados y ansiosos. Entonces, ¿qué debemos hacer? Primero, no estar tan afanados. Reconocer que los tiempos son orquestados por Dios y que algunas cosas por más que corramos no saldrán en nuestro tiempo. Por último, “no afanarnos, esperar y confiar en Dios”.

La Biblia dice en Filipenses 4:6-7, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (RV1960).