“Ya No Me Digas Nada”

“Ya no me digas nada”. Son las palabras que comúnmente usamos cuando estamos en un momento de frustración. El no querer escuchar es un comportamiento defensivo y muchas veces hasta ofensivo. Pero ¿qué nos impide escuchar? Se resume usualmente en una sola palabra: “ego”. Nos duele, nos hiere, nos mina y nos daña escuchar lo que no queremos escuchar y decimos: “Ya no me digas nada”.

¿Te imaginas que Dios nos tratara de la misma manera y nos dijera: “Ya no me digas nada”? Afortunadamente, Dios nos trata de una manera diferente. Él está atento al clamor de Sus Hijos y nos anima a venir a Él en todo momento, en cada situación y para cualquier decisión. Los más impresionante de todo es que aunque nosotros le hayamos ofendido, Él aún nos escucha a través de Su Hijo Cristo Jesús. Él no se cansa de nosotros y de escuchar nuestro clamor. Al contrario, en vez de decirnos: “No me digas nada”, Dios nos dice: “Dímelo todo” ¿no te impresiona lo grande y maravilloso que es nuestro Dios?

Él quiere saber el todo de ti. ¿Le contarás todo lo que hay en tu corazón? De modo que si sientes que ya no quieres escuchar a nadie, ni quieres decir nada, recuerda que Dios siempre querrá escucharte. La Biblia dice en el Salmo 34:6, “En mi desesperación oré, y el Señor me escuchó; me salvó de todas mis dificultades”, (NTV).

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