Las Cosas Pequeñas

El gran artista Miguel Ángel tardó mucho tiempo en dar los últimos toques a una de sus obras más famosas. Cierto amigo que lo visitaba casi todos los días le preguntaba siempre: ¿Qué has hecho hoy?

A lo cual el maestro contestaba: Hoy he perfeccionado ese detalle en la mano, he mejorado la sombra en aquella arruga, he arreglado la luz en aquella parte del vestido, en fin, he avanzado un poco. Pero esas son pequeñeces, dijo el visitante. Ciertamente, contestó Miguel Ángel; pero la perfección se hace de pequeñeces; y la perfección no es una pequeñez.

La vida del cristiano está hecha de pequeños detalles, de las pequeñas cosas del día a día. No hay cosa tan pequeña que no merezca nuestra atención. Puede parecer una pequeñez, pero no olvidemos que de esas pequeñeces está hecha la vida. Es decir, “las cosas pequeñas marcan la diferencia”. Dios le presta atención a los detalles más mínimos de nuestra vida y convierte nuestras pequeñeces en grandezas de acuerdo a Su voluntad. 

La Biblia dice, “Es la más pequeña de todas las semillas, pero se convierte en la planta más grande del huerto; crece hasta llegar a ser un árbol y vienen los pájaros y hacen nidos en las ramas”, (Mateo 13:32, NTV).

Dr. Rolando D. Aguirre

Ser Como Jesús

Un joven estudiante de seminario estaba sirviendo como capellán en la sala de emergencias de un gran hospital de caridad cuando trajeron a una mujer que había intentado quitarse la vida. El joven hizo lo que pudo para consolarla y después de unos minutos, en su estado de agitación, la mujer levantó la vista y preguntó: “¿eres Jesús?” Sin pensarlo, ese joven estudiante había cumplido el propósito de su vida, “revelarle al mundo la compasión de Jesucristo”. 

La Biblia dice que el mundo conocerá a los cristianos por la forma en que aman a los demás si su amor es como el amor de Jesús. No necesitas ser alguien sobresaliente, muy estudiado o que gozas de bienes y posiciones de autoridad para que la gente te admire. Solo necesitas demostrar la esencia de lo cual estas hecho, “el amor de Dios”. 

Actúa con amor desinteresado y “sé Jesús” para alguien el día de hoy. La Biblia dice, “Queridos hijos, que nuestro amor no quede solo en palabras; mostremos la verdad por medio de nuestras acciones”, (1 Juan 3:18, NTV).

¿Cómo Caminas?

Ese hombre ha estado en el ejército o en un colegio militar, me dijo en cierta ocasión un familiar. Si, pero, ¿cómo lo sabes? Por su manera de caminar, me comentó. “Yo también estuve en el ejército y me enseñaron a caminar con la misma postura. Es fácil de reconocerlo una vez y se ha caminado así por años”.

Me puse a pensar de que así debe ser con los seguidores de Cristo. Podemos saber si verdaderamente han andado con Cristo por su manera de andar, por su proceder. Aún cuando Pedro quiso esconderse y negar a Jesús, la manera como hablaba lo delató ya que hablaba como Jesús. Qué impresionante, ¿verdad? Es decir, que la manera como hablamos y actuamos nos delate al relacionarnos como seguidores de Cristo. 

La pregunta es, ¿cómo esta nuestro andar? ¿estamos caminando con Jesús o apartados de Él? Él desea que andemos junto a Él. El caminar en Su voluntad es lo mejor. Y tú, ¿cómo caminas? La Biblia dice, “Qué alegría para los que no siguen el consejo de malos, ni andan con pecadores, ni se juntan con burlones; 2 sino que se deleitan en la ley del Señor meditando en ella día y noche”, (Salmo 1:1, NTV).

¿Qué Clase De Semilla Siembras?

Por algún tiempo mi familia y yo guardamos algunas semillas que habíamos comprado para sembrarlas cuando se presentara la oportunidad. Un día, me dio por comprar la matera donde sembrarlas y llegué emocionado a emprender la siembra con mis hijos. Así que abrimos las bolsas de tierra, las depositamos en la matera y esparcimos las semillas sembrándolas rápidamente.

Después de regar las semillas diariamente por unas semanas, mi esposa nos preguntó qué habíamos sembrado. De todas las semillas que teníamos, no pudimos recordar con precisión las que habíamos sembrado. Así que poco a poco nos estamos dando cuenta qué fue lo que realmente sembramos. 

Así nos pasa muchas veces en la vida. Quizá no recordemos con precisión todo lo que hemos sembrado, pero si nos daremos cuenta con el tiempo cuál será el fruto de nuestra siembra. No hay manera que sembremos una semilla y se produzca un fruto diferente. Esto iría en contra de las leyes de la naturaleza humana y también aplica en las leyes espirituales. La pregunta que surge es, ¿qué estamos sembrando hoy para recoger mañana? . En otras palabras, “recogemos lo que sembramos”. La Biblia dice, “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra”, (Gálatas 6:7, NTV).

Disfrutando

Disfrutar algo a veces se convierte en un desafío para algunas personas. Algunos no disfrutan el hoy porque quieren vivir en el ayer. Otros optan por no disfrutar el presente por vivir en un futuro incierto. Algunos expertos explican que la gente no disfruta el presente por las siguientes razones: falta de contentamiento con lo que actualmente tienen, carencias de provisión financiera, falta de apoyo emocional y psicológico, problemas familiares, rupturas laborales, la soledad, la depresión, el estrés y la ansiedad. Aunque la lista es mucho más larga, estas son las razones más prominentes que le roban al ser humano de poder disfrutar su realidad.

¿Disfrutas tu realidad? Evalúa si alguna de estas razones te esta robando el gozo de disfrutar lo que Dios te ha dado. Quizá no disfrutas lo que tienes por querer lo que no tienes. Aprende a desarrollar un espíritu de contentamiento y agradecimiento. Esta demostrado que los que practican la gratitud y el contentamiento están mucho más cerca de experimentar la plenitud en sus vidas.

Entonces, disfruta de las bendiciones que Dios te ha dado y recibe con gozo aquellas que aún han de venir.
La Biblia dice en Romanos 12:12, “Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración” (NVI).

Apégate A Dios

Piensa en tres cosas que sean siempre dependientes y que nunca cambien. Puede que tu lista incluya cosas como el amanecer y el atardecer, la ley de la gravedad, el universo o los puntos cardinales. Probablemente tu lista sea totalmente diferente. Sin embargo, al transcurrir nuestra vida entendemos que necesitamos algo sólido que nos sostenga, un compás que guíe nuestro camino y que nos mantenga en la brecha. El problema es que la mayor parte de las cosas que escogemos no nos pueden proveer la guía o la estabilidad que necesitamos o anhelamos. Déjame hacerte una pregunta, ¿tu lista incluye a Dios?

Moisés le declaró al pueblo de Israel la necesidad de apegarse a Dios, el único que nunca cambia. Después de la muerte de Moisés, Dios le prometió a Josué que siempre estaría con él, que no lo dejaría ni lo desampararía. Jesús compartió el mismo mensaje con Sus discípulos cuando les dijo: “No los abandonaré como a huérfanos; vendré a ustedes” (Juan 14:18–NTV).

Dios nunca te dejará. Nada te podrá separar del amor de Cristo. Estas dos verdades incambiables y veraces te ayudarán a mantenerte firme y en la brecha de tu vida. Así que, apégate a Dios, Él siempre se apega a ti. La Biblia dice en Deuteronomio 13:4, “Sirve únicamente al Señor tu Dios y teme solamente a él. Obedece sus mandatos, escucha su voz y aférrate a él” (NTV).

Reclamos

Los reclamos son comunes en nuestra vida. Reclamamos lo que es justo y hasta lo injusto. Reclamamos con razón o sin razón. Proferimos reclamos como también recibimos reclamamos de otros. En cuanto a eso, recuerdo haber leído una frase que dice: “Dios me creó. Así que cualquier queja o reclamo hablen con él”. Me hizo reír, pero no está del todo descabellada dicha expresión. Dios nos ha creado. Él nos ha hecho así como somos y no hay nada malo con eso. Al contrario, nos ha hecho únicos e irrepetibles.

Muchas veces le reclamamos a Él por habernos hecho como nos hizo. Los bajos de estatura desean ser altos, algunos que son altos, a veces desean tener una estatura promedio. Unos batallan con el color de su piel, otros con los rasgos peculiares de sus rostros. Algunos no les gustan sus ojos, nariz, sonrisa, etc. Otros, tienen problemas con aceptar su personalidad. En fin, le reclamamos a Dios cosas que no tienen mucho sentido. 

¿Qué tal si le reclamamos Sus promesas? ¿Qué tal si nos apropiamos de Sus promesas y vivimos en fe bajo ellas? Esta clase de reclamo será mucho más productivo para nuestra vida.   La Biblia dice en Hebreos 10:23, 23 Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa” (NTV).

La Paciencia

“La paciencia no es algo fácil de lograr, sino algo que sólo se logra al saber esperar”. La paciencia no es esperar pasivamente para que todo se termine. No es sobrevivir semana tras semana, mes tras mes y año tras año. No es esperar que una persona se vaya, que una oportunidad se presente, que nos cambiemos de lugar, de una posición o de una situación. La paciencia no es un objetivo al cual tenemos que llegar, ni una meta que debemos conquistar. Es todo lo contrario. La paciencia es una esperanza activa, proactiva y muchas veces dolorosa, dependiente y expectante. En otras palabras, el esperar produce paciencia. 

Yo defino la paciencia de una manera simple. “La paciencia es la ciencia de tener paz”. Es saber concebir, mantener y compartir la paz personal en cada circunstancia de nuestra vida. La paciencia va conectada con la espera. No se lleva a cabo de la noche a la mañana como pasa con los agricultores. Ellos esperan con paciencia las lluvias tempranas y tardías. Ellos esperan con ansias a que maduren los preciosos cultivos.
En el caminar de la fe, la paciencia es esperar para que Dios produzca el fruto reconociendo que hay algo más grande que está por venir. No es una marca de tiempo, ni es una carrera de velocidad, sino una carrera de resistencia. Es una maratónica de vida. El Señor es nuestra ayuda y nos hace pacientes. La Biblia dice en Proverbios 14:29, El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez” (NIV).

Sí Se Puede

“Sí se puede, sí se puede, sí se puede. Son las porras que escuchamos en los estadios, en las peleas, en las competencias, en muchos certámenes y demás”. La expresión “sí se puede” es una expresión de ánimo en medio de cualquier lucha. “Sí se puede” encapsula el apoyo, las ganas, el emprendimiento, la confianza, el desafío y el aliento. 

Sabías que Dios es el primero que dijo: “Sí se puede”. Desde el día de la creación de la humanidad, Dios expresó Su sentir de sí poder hacerlo todo. Aún cuando la humanidad se apartó de Él, Su ánimo, apoyo y respaldo nunca se apartó de Su amada creación. Es más, aunque por muchas generaciones trataron una y otra vez el seguirle, Él busco la manera de poder restablecer lo que se había roto y perdido. 
Él dijo: “Sí se puede” y envió a Su Hijo a morir por cada uno de nosotros, ¿crees no poder o continuar hacia adelante? ¿Crees no poder con algún problema, enfermedad, relación o con tu vida misma? En Cristo, “sí se puede”. Él puede hacer lo que nosotros no podemos hacer.  La Biblia dice en Juan 1:3, Dios creó todas las cosas por medio de él, y nada fue creado sin él” (NTV).

Nuevos Desafíos

Usualmente no crecemos cuando las cosas se vuelven fáciles, crecemos cuando enfrentamos desafíos. Yo creo que una vida sin desafíos no sería vida, porque la vida está llena de múltiples desafíos que nos frustran, nos prueban, pero a su vez, nos hacen crecer. A veces el desafiarnos a nosotros mismos es la mejor manera para conducirnos a un crecimiento personal, emocional y espiritual.

La verdad de todo es que nos enfrentaremos a múltiples desafíos en la vida, pero dichos desafíos, suelen prepararnos para un futuro extraordinario. Así que no debemos desistir, sino permanecer, ya que la permanencia marcará la diferencia. ¿Qué debemos hacer? Saber que los desafíos vendrán. Enfrentar cada uno de ellos con una postura de fe. Pedir sabiduría al sobrellevar cada uno de ellos. Buscar la dirección de Dios, recibir ayuda cuando sea necesario y proseguir hacia la meta que Dios nos ha puesto por delante. Además, debemos recordar que cuando Dios nos llame a una tarea más allá de nuestras capacidades, debemos confiar en lo que sabemos de Él y de Sus promesas. Él nos ayudará a enfrentar, sobrepasar y aprender de cada desafío.

La Biblia dice en Santiago 1:12, “12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (RV1960)