Cuando Pasa La Bendición

La bendición se asemeja a un tren que pasa cada día, pero si no decides subirte, alguien más lo hará en tu lugar. Como dice el proverbio: “La bendición del Señor trae riquezas, y la preocupación no añade nada” (Proverbios 10:22, NTV). La bendición de Dios se vive en el transitar de la fe.

La vida, por su parte, es un viaje en tren. Algunos empiezan contigo, otros se unen a mitad del camino, muchos se bajan antes de llegar, pero pocos permanecen hasta el final. Solo estos últimos experimentan plenamente la voluntad de Dios y Sus bendiciones.

El viaje de la vida tiene una única parada, pero antes de alcanzarla, asegúrate de disfrutar del trayecto: mantente firme en los rieles, observa los hermosos paisajes y atraviesa los momentos oscuros. Recuerda que tras la oscuridad siempre llega la luz. En este viaje, el verdadero descubrimiento no está en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos. 
La bendición no siempre se encuentra en el tren en el que viajas, sino en las estaciones en las que te bajas. Disfruta del recorrido y mantén la dirección correcta, confiando en Dios en cada estación que atravieses. La Biblia dice en Salmo 115: 14-15, “Que el Señor multiplique la descendencia de ustedes y de sus hijos. Que reciban bendiciones del Señor, creador del cielo y de la tierra”, (NTV).

En el tiempo de Dios

“Por más rápido que corras, no podrás alcanzar lo que deseas si no es el tiempo de Dios para recibirlo”. Por otro lado, podrás tapar las manecillas del reloj con tu mano, pero nunca podrás tapar el tiempo perdido. Debemos comprender que uno de los recursos más valiosos que todos poseemos en la vida es el tiempo. No podemos ahorrar tiempo para utilizarlo en otro momento. Como bien lo expresa el dicho: “El tiempo perdido nunca se recupera”. Entonces, si el tiempo no vuelve, ¿cómo podemos usarlo de manera que podamos hacer en él lo que Dios quiere que hagamos?

Todo esto se relaciona con una palabra clave para la vida de cada uno de nosotros: “mayordomía”. A veces nos esforzamos al máximo y no obtenemos resultados. En otras ocasiones, apenas nos esforzamos y conseguimos grandes logros. ¿Por qué? Simplemente porque nuestro tiempo finito debe estar siempre conectado con el tiempo infinito de Dios. Miguel de Cervantes Saavedra afirmó: “Confía en el tiempo, suele encontrar dulces soluciones a muchas amargas dificultades”.
El tiempo nos otorga perspectiva, sana nuestras heridas, nos capacita, nos instruye, nos fortalece, nos alienta, nos edifica y nos revitaliza. Sin embargo, por más que administremos sabiamente nuestro tiempo, si Dios no está presente, lo desperdiciaremos irremediablemente. La Biblia dice en 2 de Corintios 1:20, Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios”, (NTV).

El crecimiento es inevitable

Una vez, mientras leía un libro, plasmé en mi diario estas palabras: “Aunque comiences siendo pequeño, si caminas agarrado de la mano de Dios, terminarás siendo grande”. Esta imagen nos evoca a un pequeño niño aprendiendo a dar sus primeros pasos, confiando en la firme sujeción de su padre o madre para evitar caer.

En el caminar de la fe, todos los grandes héroes de la fe en Dios han sido personas que realizaron hazañas extraordinarias porque reconocieron la compañía de Dios a su lado. Por lo tanto, la grandeza en el camino de la fe se basa en la dependencia de Dios y esta dependencia no es una debilidad, sino una fortaleza. En este camino, las cosas no siempre suceden como esperamos, pero sí como Dios quiere. No se trata de lo que tú puedas lograr, sino de lo que Dios puede hacer a través de ti si te entregas en Sus manos. Por eso, no depositamos nuestra confianza en el hombre, sino en Aquel que todo lo puede y quien nunca falla: ¡nuestro Padre Celestial!
Por último recuerda que en ocasiones puedes sentir que no estás avanzando, que tu vida empeora y que tu crecimiento se estanca. En esos momentos, aférrate a la mano de Dios. Te aseguro que al caminar junto a Él, crecerás en todas las áreas de tu vida. La Biblia dice en Isaías 58:11, “El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan”, (NTV).

El Alcance de la Oración

Cuando me encontré con la siguiente frase, me cautivó: “Nada está fuera del alcance de la oración, excepto lo que está fuera de la voluntad de Dios”. A menudo, creemos que la oración tiene sus limitaciones. En cierto sentido sí las tiene sólo cuando lo que pedimos no está alineado con los designios divinos, es decir, con la voluntad de Dios. La misma Palabra de Dios nos advierte: “Piden, y no reciben, porque piden mal, para gastarlo en sus placeres” (Santiago 4:3, NVI).

La oración no busca que Dios se ajuste a nuestros deseos o que satisfaga nuestras pasiones egoístas, sino que afirma Su soberanía, Su justicia, Su grandeza y Su gloria. Es el medio por el cual alineamos nuestros propósitos y anhelos con Su voluntad. Como señaló Charles Spurgeon: “Si Dios te amó cuando estabas sumido en la corrupción, ¿no escuchará tus oraciones ahora que te ha hecho heredero del cielo?”
Por otro lado, si solo oramos cuando enfrentamos problemas, entonces ya estamos en aprietos. Ningún asunto es demasiado grande o pequeño para presentarlo a Dios en oración. La oración es la expresión espontánea del corazón que confía en Dios, ya que transforma las circunstancias y nos transforma también a nosotros. La Biblia dice en 1 Juan 5:14, “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a Su voluntad, Él nos oye” (NTV).   

Cerrando los Ciclos

“Lo que dejas sin concluir en tu pasado puede transformarse en la pesadilla de tu presente”. La tendencia humana de no cerrar ciclos es palpable. Nos aferramos al pasado, a las personas, situaciones y emociones que lo hicieron memorable o desafiante. A menudo, nos encontramos inmersos en una visión distorsionada del ayer, lo que impide apreciar plenamente el presente y el potencial del futuro. Es crucial reconocer tanto lo que deseamos como lo que ya no, ya que cerrar ciclos nos permite tomar decisiones alineadas con nuestra situación actual y nuestros objetivos futuros.
Es importante recordar que detrás de cada gran logro yace un camino lleno de arduo trabajo, sacrificio, altibajos, pequeños triunfos y grandes fracasos. Por eso, la constancia, la paciencia y la esperanza son elementos vitales cuando esperamos la cosecha de lo sembrado. Aunque pueda resultar difícil, el tiempo pasa, los capítulos se cierran y la vida sigue su curso. Por lo tanto, es imperativo cerrar ciclos. Además, partir de ciertos lugares es también un acto de autocuidado, alejarse de ciertas personas es una forma de protegerse y cerrar algunas puertas es un acto de amor propio. En última instancia, cerrar cíclos nos permite avanzar y aceptar la ayuda divina en este proceso. La Biblia dice en 2 Corintios 4:17, “Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!” (NTV).

Caminando hacia tus sueños

“No te agobies por la distancia que debes recorrer en la búsqueda de tus sueños, en cambio, enfócate en disfrutar el trayecto y seguir la guía de Dios”. Cada largo camino comienza con un solo paso. La siguiente frase me llamó la atención y dice: “Tus sueños pueden ser quebrantados, pueden hacerte llorar, pero siempre podrás soñar de nuevo”. Los sueños son vitales. Nada se materializa sin haber sido imaginado antes. Así como la vida te concede el don de soñar, también te brinda la oportunidad de hacer realidad esos sueños cuando se alinean con el gran plan de Dios para ti.

Aquellos que desisten de perseguir sus sueños suelen intentar disuadir a otros de alcanzar los suyos. Por eso, ¡no les des crédito! Al principio, los sueños pueden parecer inalcanzables, luego poco probables, y finalmente, inevitables. En palabras de Richard Branson: “Si tus sueños no te causan temor, no son lo suficientemente grandes”. Yo sostengo que el porvenir pertenece a quienes confían en la belleza de sus sueños y trabajan incansablemente para alcanzarlos. Por lo tanto, confía todos tus sueños en las manos de Dios. Él puede orientarte, otorgarte la fuerza para conseguirlos y la sabiduría para ajustarlos según sea necesario.

La Biblia dice en Lamentaciones 3:22-23, “¡El fiel amor del Señor nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana” (NTV).

Despojándonos para poseer 

Existe una sabia reflexión que dice así: “En ocasiones, Dios quita algo que nunca pensaste perder para entregarte algo que nunca pensaste poseer”. He llegado a comprender que en muchas ocasiones Dios nos despoja de lo que poseemos para brindarnos aquello que aún no poseemos. A menudo a lo que nosotros nos aferramos, no se compara con lo que Él tiene planeado para nuestra vida. Los designios de Dios son perfectos y si elimina algo de nuestro camino, es porque está orquestando algo mejor para nosotros.

En otras palabras, aquello que hoy Dios decide apartar de nuestra vida, aunque nos cause dolor, mañana lo agradeceremos. Con el tiempo, entenderemos porqué Él no permitió que ciertas cosas o personas permanecieran a nuestro lado. Si Dios remueve algo o alguien de nuestro entorno, es porque podrían obstaculizar o dañar el gran propósito que Él ha trazado para nosotros. Como suelen decir: “Dios quita, pero cuando devuelve, multiplica”.

Por lo tanto, cuando Dios interviene en nuestro camino o modifica nuestros planes, debemos permitirle obrar, porque Él siempre sabe lo que hace. Su cronograma es perfecto y Su plan es maravilloso. Aceptémoslo con gratitud y regocijémonos en ello. La Biblia dice en Job 11: 16-17, “Olvidarás tu sufrimiento; será como agua que corre. Tu vida será más radiante que el mediodía; y aun la oscuridad brillará como la mañana” (NTV).

Dios sigue escribiendo tu historia

¿Sabías algo? La pluma de Dios aún está trazando tu historia. Por lo tanto, no permitas que la llama de tu fe se apague por lo que aún no has presenciado. Dios es un maestro en tomar fragmentos de lo que está roto y transformarlo en una obra de arte. Aunque duela, no te inquietes, es Dios quien está obrando en tu vida. Somos como barro en las manos del alfarero. Recuerdo una frase que dice: “¿Sientes dolor? No te preocupes, es Dios moldeándote de nuevo”.

Nuestro Señor Jesús frecuentemente toma lo que parecen ser desechos y los convierte en piezas magistrales. Por ejemplo, Él sanó al leproso, marginado por la sociedad. Él perdonó a una mujer adúltera a punto de ser apedreada, diciéndole: “Vete y no peques más”. Él habló con la samaritana, quien se convirtió en una ferviente evangelista. Él levantó al paralítico, dio vista a los ciegos, liberó al endemoniado, resucitó a Lázaro y les brindó una oportunidad a sus discípulos, quienes a los ojos del mundo no parecían ser muy prometedores. Dios es experto en darnos utilidad, en otorgar propósito a nuestras vidas y convertirnos en obras maestras. 
Recordemos que todo lo que poseemos no se compara con lo que Él tiene reservado para nosotros. Una frase dice: “A veces Dios elimina algo que nunca pensaste perder para darte algo que nunca pensaste tener”. Por lo tanto, cuando Dios aparta algo de tu camino o modifica tus planes, déjalo obrar porque Él siempre sabe lo que hace. Su tiempo es perfecto y Su plan es maravilloso. También recuerda que cuando Dios quita algo de tus manos, no te está castigando, simplemente está abriendo tus manos para que recibas algo mejor. Acéptalo con gratitud y sé feliz. La Biblia dice en Isaías 64:8: “Pero ahora, oh Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y tú eres el alfarero. Todos somos formados por tu mano” (NTV).

Sanando a través del tiempo

Coloca a Dios en tu presente para que sane tu pasado y bendiga tu futuro. Aprende a perdonar, pues es imposible avanzar feliz por la vida con tantas heridas abiertas. El perdón es un regalo silencioso que depositas en el umbral de la puerta de aquellos que te han hecho daño. Perdonar implica mirar hacia el futuro sin aferrarse a los recuerdos dolorosos. No se trata de excusar el comportamiento del ofensor, sino de liberarse del resentimiento y reconocer la humanidad del otro a pesar de sus acciones. En resumen, perdonar es poder regresar del pasado sin daño alguno.

Dios utiliza el tiempo para ayudarnos a alcanzar el perdón. En este proceso, el perdón borra lo que el tiempo no pudo, pues aunque el pasado no se puede cambiar, sí podemos aprender de él. El perdón no altera el pasado, pero sí transforma el futuro. Algunos dicen que comprenderlo todo es perdonarlo todo. Asimismo, el primero en pedir perdón muestra valentía, el primero en perdonar demuestra fortaleza, pero el primero en olvidar alcanza la verdadera felicidad. 
Por lo tanto, lo que no sueltas te carga y lo que cargas te pesa y lo que te pesa puede hundirte. Hoy practica el arte de soltar, perdonar y dejar ir. La Biblia dice en Colosenses 3:13, Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros” (NTV).

Persistencia

Persistir cuando sientes que ya no puedes más es lo que te destacará entre los demás. La persistencia es una cualidad de los triunfadores. Hay innumerables ejemplos de personas que siguieron adelante con persistencia y sin desesperarse.

En su primer año, la empresa Coca-Cola solo vendió 400 botellas. El renombrado jugador de baloncesto Michael Jordan fue expulsado de su equipo en la escuela secundaria. La primera editorial rechazó los escritos del Dr. Seuss por considerarlos irrelevantes, infantiles y poco interesantes. Albert Einstein, el científico, no pudo hablar hasta los cuatro años y se creyó que tenía graves problemas de aprendizaje; sin embargo, superó todos los obstáculos para convertirse en uno de los científicos más destacados de la historia. Estos son solo algunos ejemplos, pero hay muchos más.

Joseph Addison afirmó: “Si deseas triunfar en la vida, haz de la perseverancia tu amiga más cercana, de la experiencia tu sabio consejero, de la advertencia tu hermano mayor y de la esperanza tu guía”. La paciencia y la persistencia tienen un efecto mágico que hace que las dificultades se desvanezcan y los obstáculos desaparezcan. No te rindas, porque Dios está contigo.
La Biblia dice en Santiago 1:12, Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman” (LBLA).