Dar sin perder

El árbol que produce fruto no se vacía al darlo. La manzana cae, la semilla se esparce y el árbol sigue. Lo que se da con raíz viva no agota la fuente; la expresa.

La generosidad espiritual funciona así. Cuando nace de una conexión real con Dios, el dar no produce escasez, sino multiplicación. En la alimentación de los cinco mil, el Señor Jesús tomó lo poco, lo bendijo y lo distribuyó. Sobró más de lo que había al principio. Aquí vemos que el miedo a la escasez suele bloquear la generosidad. No obstante, quien vive conectado a la fuente de toda provisión no da desde el temor, sino desde la confianza de que Dios sostiene lo que parece insuficiente. Así que, da con confianza.

La Biblia dice en 2 Corintios 9:8: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. (RV1960).

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