Lo que florece para otros

El árbol no come su propio fruto. Lo produce para quienes vienen después. El cedro que da sombra no descansa bajo ella; la ofrece a otros.

De la misma manera, la vida espiritual madura produce fruto que beneficia a quienes están alrededor. El carácter formado en el proceso silencioso no es solo para el beneficio propio; es para la edificación de quienes Dios ha puesto cerca. Por eso, la paciencia que desarrollaste en la espera, la paz que cultivaste en la prueba y la fe que afirmaste en la oscuridad; todo eso tiene un destino que va más allá de ti mismo. De modo que, lo que Dios forma en ti, lo destina también para otros. Por eso, vive con esa conciencia. La Biblia dice en Gálatas 5:22-23: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. (RV1960).

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