La paciencia como fruto

La paciencia no es ausencia de sentimiento; es la capacidad de sostener la confianza cuando el sentimiento dice que ya no vale la pena. Es activa, no pasiva. Elige permanecer cuando todo invita a abandonar.

Santiago describió la paciencia como el resultado de una fe probada. Es decir, no es el punto de partida; es lo que se produce en el proceso. Así que, como el metal que se afina en el fuego, la paciencia se forma en el lugar exacto donde menos se quiere estar. El Señor Jesús, en Getsemaní, experimentó la tensión entre lo que sentía y lo que eligió confiar. Él no minimizó el peso; lo llevó al Padre. Esa es la paciencia bíblica. En otras palabras, no negar la realidad del proceso, sino entregarla. Por eso, permite que la prueba complete su obra. La Biblia dice en Habacuc 2:3: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”. (RV1960).

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