El guía, no el mapa

En 1519, Fernando de Magallanes partió de Sevilla con cinco barcos y doscientos setenta hombres hacia lo completamente desconocido. No existía un mapa completo del mundo. Lo que llevaba era una convicción sobre la dirección correcta y la resolución de no retroceder. Tres años después, uno de sus barcos completó la primera circunnavegación de la tierra.

De la misma manera, Dios rara vez entrega un mapa completo. Lo que entrega es presencia y dirección suficiente para el siguiente tramo. Por ejemplo, Abraham no recibió coordenadas; recibió una promesa y una instrucción de salir. La fe no exige visibilidad total; exige confianza en el guía. El que conoce el destino no necesita revelar cada detalle del trayecto para merecer confianza.Por lo tanto, confía más en quien te guía que en la claridad del camino. La Biblia dice en Proverbios 16:9: “El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos”. (RV1960).

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