Herbert Von Karajan dirigió la Filarmónica de Berlín durante treinta y cuatro años. Los músicos que tocaron bajo su batuta describían una experiencia inconfundible: sin palabras, solo con la postura y el gesto, él comunicaba exactamente lo que necesitaban.
La familiaridad construida en años de trabajo conjunto y produjo una sensibilidad que ningún ensayo breve podría haber generado.
El Señor Jesús describió esta misma dinámica con sus seguidores al decir: mis ovejas oyen mi voz, la conocen y me siguen. Por eso, el reconocimiento de la voz de Dios no es automático; se desarrolla en la cercanía sostenida. Quien pasa tiempo en la Palabra y en la oración aprende a distinguir la voz del Señor de las demás voces que compiten por la atención.Por eso, cuanto más tiempo pases cerca de Él, más clara será Su voz cuando más la necesites. La Biblia dice en Juan 10:27: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. (RV1960).