En diciembre de 1891, el instructor de educación física James Naismith necesitaba una actividad interior para sus alumnos durante el invierno en Springfield, Massachusetts. Clavó dos cestas de melocotones en el balcón del gimnasio a diez pies del suelo y escribió trece reglas en una hoja. Ese día nació el baloncesto. No buscó revolucionar el deporte global; resolvió un problema inmediato con lo que tenía a la mano.
El apóstol Pablo escribió que los creyentes son hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras que fueron preparadas de antemano. Eso significa que el propósito no se improvisa; fue diseñado antes. La pregunta no es si tienes un propósito; es si estás siendo fiel al que ya fue puesto delante de ti.
Con frecuencia, el propósito no llega en revelación dramática; llega en la necesidad inmediata que Dios pone en tu camino. Lo que tienes en las manos hoy puede ser exactamente el punto de partida del propósito que Dios diseñó para ti.La Biblia dice en Efesios 2:10: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. (RV1960).