Fe que mueve lo imposible

El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero fijó sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Era un monje teólogo en una ciudad universitaria menor, sin acceso a medios de comunicación masivos. En semanas, las tesis circulaban por toda Europa gracias a la imprenta de Gutenberg. Un acto de obediencia en lo ordinario detonó la Reforma Protestante y transformó la historia del cristianismo occidental.

El Señor Jesús describió la fe como una semilla de mostaza capaz de mover montañas. No por la magnitud de quien cree, sino por el tamaño del Dios en quien se deposita esa fe. Así que, la fe genuina no calcula si el resultado es alcanzable antes de actuar; actúa sobre la Palabra y deja el resultado en manos de Dios. Lo imposible para el hombre sigue siendo posible para Él.

No necesitas más fe; necesitas aplicar la que tienes al Dios que no tiene límites.

La Biblia dice en Mateo 17:20: “Porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”. (RV1960).

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