Entre 1942 y 1943, Irena Sendler, trabajadora social polaca, sacó a dos mil quinientos niños judíos del Gueto de Varsovia ocultándolos en ambulancias, cajas de herramientas y ataúdes. Fue arrestada, torturada y condenada a muerte por la Gestapo. Ella no delató a nadie. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, respondió que no veía otra opción. No buscó ser heroína. Vio una necesidad y respondió.
Isaías describe uno de los momentos más íntimos de la relación entre Dios y un hombre. Después de la visión del trono, después de la purificación, vino la pregunta del Señor: ¿a quién enviaré? El profeta Isaías no evaluó sus calificaciones ni calculó el costo. Respondió: “heme aquí, envíame”. La disponibilidad fue antes de conocer los detalles de la misión. Dios no busca necesariamente al más capacitado; busca al disponible.
La pregunta sigue abierta hoy: ¿quién irá? La respuesta más poderosa que puedes dar es: “heme aquí”.
La Biblia dice en Isaías 6:8: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”. (RV1960).