Lo que el alma necesita en silencio

Hay algo que el alma necesita y que no proviene de ninguna conversación, de ningún logro, ni de ninguna distracción; es el silencio habitado por la presencia de Dios. No el silencio vacío o incómodo, sino el que está lleno de Él. En ese silencio, el corazón recobra la perspectiva que el ruido cotidiano le fue quitando sin que lo notara.

El explorador Ernest Shackleton llevó a su expedición al Antártico en 1914 con instrumentos de precisión para medir el frío, el viento y la dirección. Pero durante los meses de invierno polar, cuando el sol desaparecía completamente por semanas, lo que sus hombres más necesitaban no eran datos. Ellos necesitaban sentido. El silencio prolongado en la oscuridad revelaba lo que cada uno llevaba por dentro, para bien y para mal. No había escapatoria de uno mismo.

Es así como el silencio ante Dios no es vacío; es un diagnóstico honesto y una restauración profunda al mismo tiempo. Lo que encuentras en él puede incomodar al principio, pero sana con el tiempo. De modo que, no huyas del silencio. Búscalo con intención. Dios te espera allí.

La Biblia dice en Salmos 62:5: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza”. (RV1960).

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