Raíces que se aferran

Tras el huracán María en el año 2017, extensos manglares de Puerto Rico murieron por el exceso de sal y el daño estructural, especialmente en Vieques y la costa noroeste. La recuperación no llegó sola. Biólogos y comunidades locales crearon viveros de mangle rojo, replantando con paciencia lo que la tormenta había arrasado, conscientes de que ese trabajo protegería a sus vecinos ante futuros huracanes.

Una fe firme no siempre sobrevive intacta a la tormenta; a veces necesita ser replantada con esfuerzo deliberado. El Señor Jesús comparó la vida espiritual con una vid que el Padre poda y cuida activamente, no con una planta que crece sola. Restaurar lo que la tempestad quitó suele requerir manos dispuestas y tiempo, no solo esperanza pasiva.

Quizá una tormenta reciente dejó tu vida visiblemente golpeada, sin señales de recuperación inmediata. Restaurar lo perdido puede exigir trabajo constante, no solo esperar a que el tiempo sane por sí solo. Dios honra el esfuerzo paciente de replantar.

Lo que la tormenta arrasó puede volver a florecer, con trabajo y paciencia.

La Biblia dice en Job 14:7: “Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán”. (RV1960).

Leave a comment