Un Abrazo

Algunos investigadores afirman que el abrazar sinceramente tiene beneficios muy buenos. Un abrazo ayuda con la presión arterial, alivia el temor, cuida el corazón y mejora la salud mental. ¿Sabías esto? El abrazar en su sentido más puro es una muestra de cariño donde se realiza una leve presión sobre la persona a la que es ofrecido dicho gesto al ceñirlo con los brazos. Es más, la terapeuta Lía Barbery, autora del libro, “El lenguaje de los abrazos” afirma que al abrazar no solo segregamos oxitoxina (que es la hormona del apego) sino también se libera serotonina y dopamina, generando una agradable sensación de bienestar, armonía y plenitud. 

Así que, ¿cómo estás tu en aquello de recibir y ofrecer abrazos bien intencionados? Si no lo haces constantemente, estas son unas de las muchas razones por las cuales deberías hacerlo. La Palabra de Dios nos muestra muchos casos donde hubo abrazos muy emotivos. Es más, Jesús en una ocasión tomó en sus brazos a los niños para mostrar su gesto de cariño y amor a los que estaban alrededor. De modo que, “abraza un poco más”, es bueno para la salud. La Biblia lo explica muy bien cuando dice que hay, “Un tiempo para abrazarse y un tiempo para apartarse” (Eclesiastés 3:5, NTV).

Mi Fuerza

¡Ya no tengo fuerzas, ya no puedo seguir adelante, ni quiero vivir! Esta fue la expresión de una señora quien frustrada y agobiada vino al frente después de una predicación durante el tiempo del llamado ¿Qué hacemos cuando ya no tenemos fuerzas? ¿Qué hacer cuando pensamos que ya no hay nada más que hacer? Es allí precisamente donde Dios desea obrar.

Cuando no tenemos fuerzas reconocemos que no podemos solos y que necesitamos ayuda. Cuando se nos acaban las fuerzas reconocemos que somos débiles y que necesitamos renovar nuestras fuerzas poco a poco. Cuando se acaban las fuerzas es una oportunidad para depender de “Aquel” cuyas fuerzas nunca se agotan. Freud, padre de la psicología, dijo que “El secreto de la fuerza está en la fuerza de los deseos”. Aunque no estoy de acuerdo con toda esta declaración, sí lo estoy en parte. Si deseamos solo las fuerzas humanas y nos basamos en nuestros deseos, saldremos cortos de fuerzas. Sin embargo, si nos basamos en las fuerzas divinas, nuestros recursos nunca se acabarán ni desvanecerán.

Entonces, ¿en quién depositas tus fuerzas? La Biblia dice en el Salmo 28:7, “El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias” (NTV).

Marineros Espirituales

Leyendo un artículo en un magazine, tomé nota de la siguiente frase: “Cualquiera navega en aguas tranquilas, pero los mejores marineros aprendieron en medio de las tormentas más difíciles”. Edward Gibbon, experto en marineros, dijo: “Los vientos y las olas siempre están al lado de los navegantes más expertos”. En otras palabras, las tormentas más fuertes son el aula de clases de los marineros más prominentes.

Nosotros somos los marineros en el océano llamado vida. Las tormentas torrenciales con sus fuertes vientos y sus violentas aguas son inevitables. En vez de esperar una vida sin dichas tormentas, debemos hacer de las tormentas una sala de enseñanzas para aprender a cómo navegar y sobrepasar cada una de ellas. Las grandes olas, no podrán hacernos bajar ni hundir en la barca de nuestra vida. De modo que cuando vengan los vientos y las olas más fuertes, debemos aprender que lo único que podemos hacer cuando llueve, es dejar que pase, protegernos y esperar que todo se calme. Todas las tormentas tienen una característica fundamental: “Todas, sin excepción, terminarán”. No hay tormentas eternas, pero sí se pueden aprender lecciones de tenacidad, perseverancia, dependencia y diligencia en cada una de ellas.

Dios es tu refugio en medio de la tormenta, ¿deseas refugiarte como un buen marinero en Él? La Biblia dice en Isaías 32:2,“Cada uno será como un refugio contra el viento, como un resguardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto” (NVI).

Dolorosamente Doloroso

“Es dolorosamente doloroso”, fue la expresión que escuché de un doctor al salir de la sala de emergencias y comunicarle a una familia que su padre había fallecido. Al hablar de “dolorosamente doloroso” nos referimos a esos momentos de supremo sufrimiento, frustración y desánimo. El dolor se puede presentar a nivel físico, emocional o hasta espiritual. Físicamente, al estar hospitalizados después de una operación, los doctores o enfermeros preguntan: “De uno a diez, ¿cómo está su dolor?”. Por lo menos los profesionales de la salud tratan de implementar un sistema métrico para medir el nivel de dolor. Pero, ¿cómo se puede medir un dolor emocional o espiritual?

La verdad es que el dolor nos afecta de diferentes maneras y en diferentes circunstancias. Alguien dijo que “La única manera de hacer desaparecer el dolor es mediante la muerte”. En otras palabras, en esta vida, siempre experimentaremos el dolor. Sin embargo, Dios nos enseña mucho en los momentos que estamos experimentando dolor. ¿Cuál es tu dolor? ¿Qué te está enseñando ese dolor? ¿Cómo puedes sobrepasar el dolor que tienes? ¿Puedes clamar a Dios en medio de tu dolor? 

Dios conoce nuestro dolor y está atento para ministrarnos y darnos paz en el corazón. Puedes estar seguro(a) que Él conoce tu aflicción, ha llevado todo tu dolor y puede aminorar cualquier carga que tengas. La Biblia dice en Eclesiastés 1:18, “Cuanta más sabiduría tengo, mayor es mi desconsuelo; aumentar el conocimiento solo trae más dolor” (NTV).

Por Sus Frutos

¿Has escuchado la frase: “Por sus frutos los conoceréis”? Creo que sí. Algunos piensan que fue dicha por un filósofo, otros piensan que es un dicho común y otros apenas la acaban de escuchar. Sin embargo, muchos ignoran que esta frase fue compartida por Jesús. Lo que quiere comunicar es que las acciones mostrarán la verdad acerca de cada persona. 

Muchas veces nos hemos preguntado lo siguiente: ¿Será que esta persona sí es como se ve? ¿Será que lo que se ve es lo que realmente es? Creo que todos nos hemos hecho esa pregunta o no la han hecho a nosotros. La autenticidad y genuinidad es algo que este mundo necesita ver cada vez más. La gente anhela ver nuestras grandes destrezas y fortalezas, pero también nuestra vulnerabilidad. El mundo necesita ver que somos honestos con nuestro hablar y con nuestro proceder. El mundo necesita ver que las palabras concuerden con los hechos los cuales corroboren nuestras creencias. 

Hay cuatro tipos de personas: Los que tienen las creencias correctas, pero las acciones incorrectas. Los que tienen las creencias incorrectas, pero tratan de proceder correctamente, los que tienen las creencias y las acciones incorrectas y los que luchan y trabajan por tener las creencias y las acciones correctas. Así que, deja que Dios obre en ti y aunque falles en repetidas ocasiones, Él te podrá restaurar.   La Biblia dice en Mateo 7:20: “Así que, por sus frutos los conoceréis” (RV1960)  

Angustia Descontrolada

El sentimiento de angustia es algo que surge en todo ser humano. Estadísticamente se afirma que cada uno de nosotros se angustia más de dos veces en el día por algo que se tenga que hacer, algo que no se haya hecho o algo que se esté haciendo al momento. En otras palabras, la angustia es parte natural de la vida. Vivimos bajo un grado de angustia inevitable y en la zozobra de un futuro incierto que nos suele cargar fácilmente. 
Pero ¿qué decir de la angustia descontrolada? ¿Qué decir del sentimiento de angustia prolongado y constante que es causante de ansiedades, fobias y múltiples psicopatologías? Los estudiosos afirman que los sentimientos de angustia se pueden controlar como cualquier otra emoción en su etapa inicial. Sin embargo, también se pueden almacenar, desarrollar y multiplicar fuera de proporción de una manera acelerada. He aquí algunos consejos para aminorar la angustia: “sé realista y no exageres, no te apresures a sacar conclusiones rápidas, no tomes decisiones a la ligera, es mejor esperar y pensar antes de actuar que el actuar y después lamentarse; toma un tiempo para respirar, analizar y evaluar la situación; recuerda que nadie puede controlarlo todo, pero sí puede tomar el control de sí. Pide consejo cuando sea necesario, rodéate de personas tranquilas, no ansiosas y que te proporcionen la calma. Enfrenta cada uno de tus problemas un paso a la vez y sobre todo mantén una postura de fe ante cualquier circunstancia. En todos estos pasos, toma en cuenta a Dios, Él te ayudará a aminorar cada una de tus angustias. La Biblia dice en el Salmo 50:15, “E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás”. (RV1960)

Esperar Para Comenzar

Un día leí la siguiente frase y la anoté: “No esperes que las condiciones sean perfectas para comenzar. Comenzar hace que las condiciones sean perfectas”. Me gustó esta frase porque muchas veces esperamos a que todo este en su lugar para emprender algo, pero la Biblia no lo enseña así. El libro de Génesis nos relata que Dios creó todo del desorden. Él creó todo de lo que solía ser desordenado y vacío. Fue así como formó todo lo que existe en esta bella creación.

De modo que hay que comenzar y trazarse algunas metas, porque una meta sin un plan es un simple deseo. Debemos concentrar nuestro esfuerzo no en la lucha en contra de lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo. Dios nos recuerda que hay algo hermoso en la oportunidad de reescribir nuestro futuro. Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra se abre, pero a menudo solo miramos la puerta que se cerró y no vemos la que se ha abierto para nosotros. Así que no esperes tanto para comenzar en lo que has soñado, pensado y anhelado.

Por favor pasa de la ilusión a la acción. Recuerda que de la mano de Dios, lo mejor está por venir. La Biblia dice en el Salmo 40:3, “Me dio un canto nuevo para entonar, un himno de alabanza a nuestro Dios. Muchos verán lo que él hizo y quedarán asombrados; pondrán su confianza en el Señor” (NTV).

Detrás Mío

Un joven pasó de largo por la puerta al entrar a una tienda llevando en su mano la pelota de softball que había comprado mientras sus amigos le esperaban en el parque para su juego. Estaba tan de prisa que no se dio cuenta de la señora que venía detrás de él. Ella traía a un bebé en una mano y muchas bolsas en la otra. El joven no detuvo la puerta al salir y le pegó directamente a la mujer haciéndole caer todas las bolsas que cargaba. Cosas como los biberones del bebé, diminutos juegos, pañales y diferentes artículos salieron volando hasta la calle. El bebé comenzó a llorar asustado y el joven volteó rápidamente diciéndole a la mujer: “perdón, no sabía que venía detrás mío. La señora le dijo: está bien, algunas veces yo tampoco presto atención”.

El joven ayudó a la mujer a recoger todas sus cosas. Al recogerlas, el joven pensó en la frase, “algunas veces yo tampoco presto atención”. Él se puso a pensar en las innumerables ocasiones que no prestaba atención en su vida diaria. Pensó en que pudiera haber dejado que la mujer pasara y nada de esto hubiese pasado. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida cotidiana? ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida espiritual al no prestar atención a Dios?

Debemos prestar más atención a nuestros alrededores para ayudar a otros. Pero también debemos estar alerta a la voz de Dios. Probablemente Él nos abre la puerta muchas veces y nosotros no queremos entrar. La Biblia dice en 1 de Tesalonicenses 5:6, “Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos”, (NTV).

Dios No Se Desespera

Un día recibí temprano en la mañana la siguiente frase de la cual tomé nota: “Dios no se desespera, Él hace las cosas con calma. El necio se desespera, el sabio mantiene la calma”. Me quedé pensando en cuántas veces actuamos como necios al desesperarnos y no hacer las cosas con calma. Debemos recordar como dice otra frase: “Un hombre en calma es como un árbol que da sombra. Las personas que necesitan refugio se acercan a él”.

Nada sacamos con desesperarnos. Bueno, sí hay algo que suele suceder y es que nos enfermaremos fácilmente. La desesperación es todo lo opuesto a esperar. En su forma más simple, la desesperación es una muestra de que tenemos problemas con saber esperar. ¿Se te dificulta esperar? Creo que en la sociedad en la que vivimos a muchos de nosotros nos cuesta esperar. No queremos esperar en la fila del banco, de un puente, en una oficina del doctor y en muchas situaciones de la vida diaria. Sin embargo, el sabe esperar es de suma importancia.

Como dicen por ahí, en la espera tenemos tres opciones: “Dejar que nos marque, dejar que nos destruya o dejar que nos fortalezca”. Y tú ¿actúas como sabio o como necio en tu espera? La Biblia dice en Isaías 30:18, “Así que el Señor esperará a que ustedes acudan a él para mostrarles su amor y su compasión. Pues el Señor es un Dios fiel. Benditos son los que esperan su ayuda” (NTV).

El Secreto De Cerrar La Puerta

¿Cuántas veces has literalmente cerrado alguna puerta? Desde el joven que cierra con enojo su cuarto para excluirse en su mundo y en su propia realidad, como aquellos que cierran la puerta para una reunión importante y poder concentrarse en los temas que se han de tratar. Algunas veces hemos cerrado la puerta consciente o inconscientemente. Otras veces a propósito para que no nos vean o para excluir a alguien que no queremos y entre particularmente en donde estamos. Pero, ¿qué decir de las puertas que nos cierran a nosotros? Aquellas que queremos abrir y nadie suele abrirlas. Es decir, las oportunidades por las cuales “tocamos a la puerta” pero parece que nadie sale a abrirla. 

A lo largo de la vida aprendemos que hay puertas que se abren sin siquiera intentarlas abrir. En cambio hay otras que aunque se traten de abrir, nunca se abren. Hay puertas que abrimos deliberadamente y hay otras que cerramos porque si no lo hacemos, lo que entra puede hacernos mucho daño. En cierta manera, la vida es un abrir y cerrar de puertas. 

Sin embargo, hay una puerta que es necesario cerrarla para crecer espiritualmente. Esa es la puerta que deja afuera las distracciones mientras oras a Dios. Cuando cierras la puerta de tu habitación para entrar con Dios en oración, Él abre las ventanas de los cielos y los portones de bendición. La Biblia dice en Mateo 6:6, “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará en público”, (NVI).