Detrás Mío

Un joven pasó de largo por la puerta al entrar a una tienda llevando en su mano la pelota de softball que había comprado mientras sus amigos le esperaban en el parque para su juego. Estaba tan de prisa que no se dio cuenta de la señora que venía detrás de él. Ella traía a un bebé en una mano y muchas bolsas en la otra. El joven no detuvo la puerta al salir y le pegó directamente a la mujer haciéndole caer todas las bolsas que cargaba. Cosas como los biberones del bebé, diminutos juegos, pañales y diferentes artículos salieron volando hasta la calle. El bebé comenzó a llorar asustado y el joven volteó rápidamente diciéndole a la mujer: “perdón, no sabía que venía detrás mío. La señora le dijo: está bien, algunas veces yo tampoco presto atención”.

El joven ayudó a la mujer a recoger todas sus cosas. Al recogerlas, el joven pensó en la frase, “algunas veces yo tampoco presto atención”. Él se puso a pensar en las innumerables ocasiones que no prestaba atención en su vida diaria. Pensó en que pudiera haber dejado que la mujer pasara y nada de esto hubiese pasado. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida cotidiana? ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida espiritual al no prestar atención a Dios?

Debemos prestar más atención a nuestros alrededores para ayudar a otros. Pero también debemos estar alerta a la voz de Dios. Probablemente Él nos abre la puerta muchas veces y nosotros no queremos entrar. La Biblia dice en 1 de Tesalonicenses 5:6, “Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos”, (NTV).

La Gente

La gente suele añadirnos gozo o robarnos el que solemos tener. La gente es rápida para juzgar a los demás, pero muy lenta corrigiendo sus propios errores. Como seres relacionales estamos interconectados con los demás. Cada persona nos añade valor o tiende a agotárnoslo. La gente puede reír, pero al mismo tiempo puede estar llorando emocionalmente. La gente puede dar una cara, pero en realidad puede actuar de otra manera. La gente puede decir algo y ser un cúmulo de muchas mentiras. La gente puede enseñar lo más bueno y esconder lo más oscuro de cada uno. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? Recordar que todos somos creación de Dios, pero que somos seres pecaminosos llenos de complejidades y pecados. También, debemos poner lo mejor de nosotros para tratar bien a los demás trabajando en nuestra integridad. Debemos recordar que no tenemos control de la gente, sino que debemos ejercer el control de nuestro propio ser. Además, trabajemos cada vez más para ser de bendición y apoyo a los demás y no pensar en primera instancia en nosotros mismos. 
Finalmente, pidámosle dirección a Dios para que cada día la gente no nos robe el gozo, sino que nosotros les podamos añadir de nuestra paz. La Biblia dice en Mateo 7:12, “12 »Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas” (NTV) 

Las Reglas del Juego

En cada deporte hay reglas de juego. No se puede jugar exitosamente sin saber las reglas del juego. En la vida hay ciertas reglas que aplicamos diariamente. Por ejemplo, leí una frase titulada siete reglas básicas de vida que dicen: “Haz las pases con tu pasado, lo que otros piensen de ti, no es de tu importancia, el tiempo casi lo cura todo así que dale tiempo, nadie es responsable de tu felicidad-sólo tú, no te compares con los demás y dejar de juzgar, deja de pensar tanto y sonríe más”.

Aunque me gustan estas reglas para la vida y deseo también practicarlas, ¿qué tal unas reglas para vivir mejor espiritualmente? Por ejemplo, buscar cada día más de Dios, escuchar Su dirección, seguir Su Palabra, cuidar de nuestras relaciones, recursos y de nuestro tiempo. Qué tal si permanecemos en la brecha de lo que nos hemos propuesto, si somos fieles a las tareas asignadas, flexibles cuando sea necesario e innovadores cuando se presente la oportunidad.

Pidámosle a Dios que nos ayude a guardar las reglas del juego, pero sobre todo a permanecer en ellas. Él nos ayudará. La Biblia dice en 2 Tesalonicenses 3:5, “5 Que el Señor les guíe el corazón a un entendimiento total y a una expresión plena del amor de Dios, y a la perseverancia con paciencia que proviene de Cristo” (NTV)

Compromisos

Compromisos, compromisos y más compromisos. Parece ser que nuestras agendas están cada vez más llenas y nuestras vidas más ajetreadas corriendo de aquí para allá, de un lado hacia el otro. Por más de que tratemos de cumplir con todos los compromisos, sentimos que no podemos cumplir con todo. Pero, ¿a qué se debe este sentimiento?

Una de las enfermedades psico-emocionales del siglo XXI se le atribuye al estrés y uno de los factores que producen más estrés en el ser humano son la acumulación excesiva de compromisos que producen ansiedad, preocupación, cansancio físico y emocional. Un consejo práctico y simple es examinar nuestros compromisos haciéndonos las siguientes preguntas: ¿Cuáles de estos son vitales y esenciales? ¿Cuáles son urgentes e importantes? ¿Cuáles pueden esperar y de cuáles se puede desistir?

Hay un compromiso que es vital y del cuál nunca debes desistir. Este compromiso es tu relación con Dios. Si tu compromiso con Dios está bien, se notará en los demás compromisos que tienes en tu vida. Pero, si tu compromiso con Dios es débil, entonces, muchos de tus otros compromisos serán afectados. ¿Estás comprometido(a) con Dios? La Biblia dice en Deuteronomio 6:5, “5 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (NTV).

Caminando Solo

Abraham Lincoln dijo, “voy despacio, pero jamás desandando lo andado”. En otras palabras este hombre entendió que a veces se camina solo y lento pero se está avanzando. Muchas veces son pasos paulatinos pero a su vez progresivos. El caminar solo es bueno para la salud física, emocional y espiritual.

Los médicos y profesionales de la salud mental recomiendan el caminar por lo menos cuatro veces por semana por media hora para obtener resultados duraderos. La oxigenación que se produce en el cuerpo y la liberación de toxinas, son solo algunos de los beneficios del caminar constantemente. Cuando caminamos podemos pensar, reflexionar y meditar en lo que Dios ha hecho y puede hacer en nuestras vidas.

Pero, ¿realmente caminas solo? La Palabra de Dios nos afirma una y otra vez que Dios va delante de nosotros y camina con nosotros. Él envía ángeles que nos protegen de mal y de peligro y nos ha provisto de Su Espíritu para que repose en nuestros corazones. Así que si piensas que caminas solo, la verdad no lo estás. La presencia de Dios está alrededor tuyo. Él nunca te dejará ni desamparará. Él guarda cada uno de tus pasos para que no tropieces y si te llegas a caer, Él estará allí para recogerte. Así que nunca caminas realmente solo. Él camina contigo. La Biblia dice en Salmo 121:3, “Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá”, (NTV).

Escondite

¿Cuántas veces te has escondido? ¿Recuerdas el juego del escondite que jugabas cuando eras niño? Usualmente buscábamos un lugar donde poder refugiarnos y escondernos para no ser descubiertos. Entre más creativos fuésemos, podríamos ganar al no ser descubiertos rápidamente. Este es un juego clásico que lo he visto jugar en niños de diferentes continentes alrededor del mundo. La verdad es que es muy divertido.

Sin embargo, esto muestra también una condición de nuestro corazón. Disfrutamos el esconder nuestros sentimientos y nuestras emociones en lo más recóndito de nuestro ser. Escondemos lo que realmente nos afecta y nos molesta. Nos gusta escondernos bajo una sonrisa falsa, bajo una fachada ante los demás, pero nunca nos podremos esconder de Dios. Él conoce el todo de nosotros y nada ni nadie se puede esconder delante de Su presencia.

Medita si lo que escondes es por seguridad, comodidad o por pena. Ven delante de Dios y expone delante de Él todo lo que hay en tu ser. Él desea consolar, animar y bendecir tu vida de una manera impresionante. ¿Dejarás de esconderte de Él? Aunque creas hacerlo, no lo lograrás. La Biblia dice en el Salmo 139:8, “Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú”. (NTV)

Confianza

¿En dónde o en quién depositas tu confianza? ¿La depositas en las personas, en las instituciones, en las creencias o hasta en ti mismo? ¿Depositas tu confianza en las cosas o en las circunstancias? ¿En qué la depositas?

Quizá tú o un ser querido enfrentan momentos difíciles y se encuentran con muchas preguntas que no tienen respuesta. La incertidumbre produce un sentimiento de inseguridad y desconfianza. También produce ansiedad y frustración por la incapacidad de no poder hacer algo. Sin embargo, hoy es el mejor momento para depositar nuestra fe y confianza en Dios y recordar que Su sombra jamás produce temor, sino confianza. 
Es en estos tiempos, cuando el temor masivo está intimidando a la humanidad, que las personas de fe debemos buscar a Dios y acudir a Su Palabra para buscar Su dirección y alimentarnos de Sus promesas. Es bueno permanecer informados, pero no permitamos que las noticias negativas nublen nuestra perspectiva y nos llenen el corazón de temor. La Palabra de Dios es verdadera y poderosa, tiene toda autoridad para empoderarnos ante cualquier peste y cualquier situación. Nos podemos acercar al Dios Todopoderoso quien nos cubrirá con Su sombra. La Biblia dice en el Salmo 27:1, “El Señor es mi luz y mi salvación, entonces ¿por qué habría de temer? El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro, entonces ¿por qué habría de temblar?” (NTV)  

Resurrección

¿Resurrección? ¿Volver a la vida? ¿Morir y volver a vivir? ¿Es eso posible? Han habido muchas filosofías, conjeturas y versiones de personas que han muerto y han resucitado en la historia de la humanidad, pero solo una persona ha resucitado y sigue viviendo, esa persona se llama “Jesús”. Evidencias antropológicas, arqueológicas, históricas y espirituales corroboran que Jesús vivió, fue crucificado, pero también resucitó. Pero, ¿para qué resucitó? Él resucitó para darnos vida a cada uno de nosotros. Él resucitó para darnos propósito, plenitud y un destino seguro por la eternidad. 

Jesús resucitó y con Él resucitó la oportunidad de una nueva vida para toda la humanidad. Resucitó el amor incondicional, eterno y real. Resucitó la puerta y el camino hacia el cielo. Resucitó la fuerza para vivir esta vida. Resucitó la esperanza, pero sobre todo, resucitó nuestra relación con Él. 

La resurrección es más que un hecho histórico, es una realidad permanente. Todos los días Sus misericordias son nuevas, Su amor es real y Su gracia es infinita. Todos los días resucitan las oportunidades, resucita el perdón sustentado por el amor. Y para ti, ¿qué significa la resurrección? ¿Ha resucitado Jesús en tu corazón? La Biblia dice en Juan 11:25-26, “ 25 Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. 26 Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá” (NTV).

En Las Manos Del Alfarero

¿Sabías algo? Dios todavía está escribiendo tu historia. No dejes que se apague tu fe por lo que todavía no has visto. Dios es especialista en tomar piezas de algo quebrado y hacer de ello una obra maestra. Aunque te duela, no te preocupes, es Dios trabajando en ti. Somos barro en las manos del alfarero. Una vez escuché otra frase que dice: “¿Te duele? No te preocupes, es Dios haciéndote de nuevo”.

Muchas veces nuestro Señor Jesús recoge lo que parecen ser escombros y los convierte en una pieza maestra. Por ejemplo, Él sanó al leproso que ya había sido excluido de la sociedad. Él perdonó a una adultera a quien estaban a punto de apedrear diciéndole: “Ve y no peques más”. Él habló con la samaritana la cual se convirtió en una evangelista entrañable. Él levantó al paralítico, le dio vista a los ciegos, liberó al endemoniado, resucitó a Lázaro de la tumba y les dio una oportunidad a Sus discípulos, quienes a los ojos del mundo, no parecían ser muy prometedores.

Dios es experto en hacernos útiles, en darle propósito a nuestras vidas y hacer de nosotros toda una pieza maestra. La Biblia dice en Isaías 64:8, “Y a pesar de todo, oh Señor, eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú, el alfarero. Todos somos formados por tu mano” (NTV).

Justificados

¿Cuántas veces tratamos de justificarnos por lo que hemos hecho o dejado de hacer? ¿Cuántas veces tratamos de justificarnos por nuestras acciones o por nuestras palabras? Creo que todos accederíamos a decir que “muchas veces”. Nos justificamos con o sin razón y en repetidas ocasiones sin propósito alguno lo cuál muestra nuestra condición de corazón. Tratamos de excusarnos, de esconder nuestros errores y algunas faltas. ¿Por qué? Simplemente por nuestro diseño pecaminoso. 

Sin embargo, hay una solución. Jesús nos ha justificado. Esta es una palabra teológica que significa un veredicto jurídico. Dios nos declara justos a través del sacrificio de Su hijo Cristo en la cruz del calvario. Una definición práctica de esta palabra es “Justo como si no hubiésemos pecado”, ¿Te imaginas? Dios nos ha dado la oportunidad de tener una relación con Él, nos da un título que no merecíamos y una posición que no podríamos alcanzar sino a través de Jesús. 

¿Has dejado que Jesús te justifique? Si no lo has hecho, deja de justificarte porque nunca lograrás cambiar por ti mismo. Sólo Jesús es quien te puede justificar totalmente.
La Biblia dice en Romanos 5:1 , “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (RV1960).