Paisajes

Es simplemente extraordinario el poder disfrutar el paisaje desde la cima de una montaña. El observar el firmamento que parece entrelazarse con la fauna y flora, además de los hermosos causales de ríos que se desprenden como una expresión artística demostrando definitivamente el diseño de Dios, es algo muy especial.

Esta fue la experiencia que tuve recientemente al visitar mi país natal Colombia. Sus paisajes son excepcionales pero lo más precioso es poder apreciarlos. ¿Te has tomado el tiempo para apreciar un poco el paisaje que está alrededor tuyo? Algunos se levantan al frente de una hermosa montaña a la cual ignoran con el tiempo. Otros, vivimos en un valle y añoramos las montañas alrededor nuestro. Pero, ¿por qué no disfrutar de la creación de Dios que está alrededor nuestro? Pueden ser palmeras, árboles frondosos o ríos casi en sequedad, pero todo esto sin lugar a duda habla de un Creador. No hay manera que las causalidades, explosiones o el tiempo haya gestionado por si mismo los paisajes tan hermosos que vemos alrededor del mundo.

Toma un tiempo para contemplar la creación y de la misma manera a Su Creador. Es una experiencia enriquecedora que te dará la perspectiva de lo grande que es nuestro Creador. La Biblia dice, “los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos”, (Salmo 19:1, NTV).

Palabras

“Las palabras se las lleva el viento” dice un dicho. Pero la verdad es que hay palabras que siempre quedan grabadas en lo más profundo del corazón. Hay palabras que son como miel y endulzan nuestra vida, y hay otras que son tan amargas que nos hacen sentir, recordar y vivir atados sin poder ser libres.

Las palabras son ideas mentales expresadas y compartidas con los demás. Ellas expresan nuestra filosofía de vida y enuncian lo que verdaderamente está dentro de nuestros corazones. No se habla solo porque sí. Se habla porque hay algo que nos hace pronunciar dichas palabras. De hecho, la Palabra de Dios dice que, “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34b).

Entonces, ¿cómo hablas? ¿qué compartes con otros? ¿cómo te defines y defines a los demás con tus palabras? Es más, ¿son tus palabras edificantes o cortantes? Nuestras palabras atan y desatan, bendicen o maldicen, animan o deprimen, libertan o esclavizan y edifican o destruyen. Entonces, ¿cómo puedes hablar mejor para vivir mejor? Te aseguro que cuando comiences a hablar de manera diferente, vivirás mucho mejor. La Biblia dice, “No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan”, (Efesios 4:29, NTV).

Muestras de Afecto

Una palabra, un gesto, un abrazo, una caricia y una expresión de cariño son necesarias para cada ser humano. Universidades prestigiosas a nivel mundial han conducido estudios sobre la importancia de “las muestra de afecto” para todos los seres humanos. Se ha concluido que las personas que comparten y reciben muestras de cariño gozan de una mejor salud integral.

Así que las muestras de afecto son necesarias para todo ser humano. Desde aquel que dice ser reservado y no querer muestras de cariño, hasta el que constantemente las muestra, todos, sin excepción alguna necesitamos de “muestras de afecto”. Entonces, ¿cómo muestras tu afecto? ¿Cómo puedes cultivar más las expresiones de cariño? Jesús fue un hombre emotivo. Él se rió, lloró, gozó y compartió con aquellos a los cuales amaba. Él también abrazó a los niños, tocó a los leprosos, sanó a los enfermos y dio vista a los ciegos. Estas eran expresiones de cariño aún más allá de lo que la cultura apreciaba. Y tú, ¿cómo muestras tu afecto? Nunca es tarde para comenzar. La Biblia dice, “Jesús extendió la mano y lo tocó. Sí quiero, dijo :¡Queda sano! Al instante, la lepra desapareció”, (Mateo 8:3, NTV).

Paso a Paso

¡Paso a paso! es una expresión muy común entre los latinos que significa, “poco a poco”. La cultura del “paso a paso” puede ser muy positiva cuando se trabaja con objetivos claros, paulatinos y obtenibles. Sin embargo, “el paso a paso” puede convertirse en una excusa para no alcanzar los objetivos, retrasar los procesos y no ser productivos.

Lo que si es seguro entre nosotros es que Dios trabaja poco a poco en nuestra vida. Somos “PP”: producto en proceso. Él orquesta eventos, relaciones y situaciones para trabajar en nuestra vida “poco a poco”. Las piezas maestras no salen de la noche a la mañana. Son más esbeltas cuando se trabajan “paso a paso”.

Estoy contento de saber que Dios aún no ha acabado conmigo. Él es paciente y sigue trabajando Su obra en mí. De la misma manera lo hace contigo. No te frustres si lo está haciendo “paso a paso”, de lo contrario no sería una obra maestra. Piensa en las cosas que estás haciendo poco a poco. Sé diligente y déjale lo demás a Dios. En cuanto a tu vida, no hay otra opción. El paso a paso y el producto en proceso son las maneras más efectivas de Dios al trabajar en nosotros. La Biblia dice, “y estoy persuadido de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva”, (Filipenses 1:6, NTV).

No es una carrera, es una jornada

En el verano del 2002, tuve la oportunidad de asistir a la famosa carrera de las 500 millas de Indianapolis. Como Colombiano, sentí el orgullo de ver mi bandera entre sus ganadores con la foto de Juan Pablo Montoya quien había ganado la carrera recientemente.

Al observar el arranque de los carros de carreras, sus sonidos impetuosos y sus grandes hazañas para adelantarse uno al otro, me di cuenta de un principio fundamental, “Más que una carrera este evento era una jornada”. No se trataba solo de arrancar con las velocidades más altas y al frente de todos, se trataba de permanecer en la carrera. De todos los autos que iniciaron en la carrera, alrededor de un cuarto de ellos, no pudo culminar. Algunos se estrellaron, otros tuvieron fallas mecánicas, unos recibieron golpes inesperados sin poder llegar a la meta.

De la misma manera lo es en nuestra vida. No se trata de una carrera de velocidad sino de permanencia. Se debe aprender y disfrutar de la jornada antes para llegar a la meta. Las vueltas pueden ser muchas, los obstáculos pueden ser innumerables y las fallas incontables. Pero, lo importante es llegar a la meta. La pregunta es, ¿cómo estás corriendo la carrera de tu vida? La Biblia dice, “hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14, RV1960)

Nota Disonante

Recuerdo que cuando estaba pequeño, mis padres me llevaron al conservatorio para aprender a leer música y tocar algunos instrumentos. A través de los años, me enamoré con algunas piezas musicales, en especial, con aquellas que estaban llenas de notas disonantes. En términos musicales, los sostenidos y los bemoles, son notas que al parecer suenan un poco disonantes pero embellecen las piezas musicales más hermosas.

Así es nuestra vida. Esta llena de “notas disonantes” que si se tocan por sí mismas, no tendrán mucho sentido. Sin embargo, cuando son puestas en la pieza maestra del tiempo, le dan sentido a nuestra melodía, es decir, a nuestra historia. Los sostenidos y bemoles pueden ser la pérdida de un ser querido, una relación desafiante, una enfermedad terminal, un negocio que nunca se dio o un trabajo que no llegó. Pero, esas mismas notas disonantes son las que embellecen la melodía al ser tocada por los instrumentos indicados y en el tiempo oportuno. El escritor y director de nuestra vida sabe dónde se deben tocar y de qué manera se van a escuchar. Las notas disonantes por si mismas no hacen sentido, pero a través del tiempo y hacia el final de la pieza musical todo sonará perfectamente. La Biblia dice, “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos, y mis caminos están muy encima de lo que puedan imaginarse” (Isaías 55:8a, NTV)

Admiración

¿Cuáles son las cualidades que admiras más de una persona? Es decir, lo intangible, lo que no se puede medir fácilmente. Por ejemplo, la sencillez, el respeto, el cariño, la valentía, la honradez, la sinceridad, la lealtad, etc. Sin embargo, hay algunas personas que admiran otras cosas, como la mentira, la insensatez, la traición, la malicia, entre muchas cosas más. La admiración en su sentido más puro se relaciona con “la valoración muy positiva de una persona o cosa por sus extraordinarias cualidades”.

Si es así, entonces debemos pensar, ¿qué es lo que admiran otros de nosotros? ¿cuáles son las cualidades que te hacen una persona única? Si no puedes pensar en algunas, comienza a trabajar en ellas. Un paso simple y práctico es imitar las cualidades de nuestro Señor Jesús. Él fue, ha sido y será el ser que más se ha admirado por generaciones y en diferentes culturas alrededor del mundo.

Su amor, compasión, fortaleza, firmeza, y poder son solo algunas de las cosas por las cuales sigue siendo admirado. Sus enseñanzas y ejemplo aún siguen cambiando vidas e inspirando a muchos. Así que, admiremos cada vez más a Jesús para poder decir lo que dijo el apóstol Pablo, “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”, (1 Corintios 11:1, NTV).

Belleza

“90, 60, 90” eran las medidas que yo escuchaba de pequeño y debían tener las reinas para ganar sus certámenes de belleza. Algunas niñas desde muy pequeñas se proponen ser reinas. Para esto, participan en pasarelas desde muy temprana edad, se someten a dietas rigurosas, se aplican a fuertes disciplinas de ejercicios diariamente, y otras se dan una que otra ayudadita con las cirugías estéticas. Es tanta la obsesión con la belleza, que muchas de ellas desarrollan problemas de anorexia para estar tan delgadas ya que la sociedad eleva a las delgadas como una expresión de belleza.

Pero, ¿qué es lo bello para Dios? ¿Cuál es la verdadera belleza que aprecia Dios? Te aseguro que Él no mira cuerpos esbeltos, ni caras angelicales. Él mira el corazón. Un día, un profeta fue a escoger un rey entre muchos hermanos. Primero, le mostraron los más apuestos, corpulentos y carismáticos. Sin embargo, Dios le dijo a Samuel que “Él no miraba lo que miraba el hombre, sino que miraba el corazón”. Así fue escogido el rey David, un humilde pastor de ovejas.

¡Qué palabras tan alentadoras es saber que la belleza exterior del ser humano no impresiona a Dios sino lo que está adentro del corazón¡ Así que, ¿cómo estás cuidando tu belleza interior? La Biblia dice, “El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón”, (1 Samuel 16:7b, NTV)

Ilusión

Vivimos en un mundo lleno de personas que albergan “ilusiones”, es decir, ideas que el celebro interpreta erróneamente a lo que realmente ven los ojos. De la ilusión parte lo que se le llama “un mundo ideal”. Desde la niña que mira la película de princesas y crece buscando a su príncipe azul, como el niño que alberga la ilusión de tener un padre porque ha sido carente del mismo.

En su sentido más puro las ilusiones no son complemente malas ya que pueden servir como propulsoras convirtiéndose en metas y objetivos. Sin embargo, lastimosamente, la ilusión se puede convertir en nuestra peor enemiga cuando decidimos vivir en un mundo ideal sin enfrentar la realidad. Dios nos permite tener ilusiones que nos muevan hacia la acción. Porque, “fe sin acción es pura ilusión”.

Es decir, si lo esperamos ilusoriamente sin prepararnos, trabajar, y hacer algo al respecto, solo seguirá siendo una ilusión, parte del mundo ideal. Así que convierte tus ilusiones en acciones por medio de la fe. La Biblia lo explica muy bien cuando dice, 20 “¡Qué tontería! ¿Acaso no te das cuenta de que la fe sin buenas acciones es inútil? (Santiago 2:20, NTV).

Pérdidas

“Lo he perdido todo” es una frase que se escucha constantemente por diferentes personas y en diferentes ocasiones. Hay pérdidas familiares, relacionales, financieras, físicas, etc. Hay otros que pierden el tiempo o sus mismas vidas en algún vicio del cuál no pueden salir fácilmente. Lo que si es inevitable es que en este mundo tenemos pérdidas. Entonces, si tenemos pérdidas, ¿cómo podemos enfrentarlas?
Primero, acepta el tipo de pérdida. Con eso digo que no se puede seguir añorando lo que ya se ha perdido. Los lamentos, quejas y lloros no sirven para nada.
Segundo, aprende de las pérdidas. Si hay algo que pudieras haber hecho para evitarlo, escríbelo y podrás estar preparado para no perder de nuevo. Si fue algo inevitable, aprende de las relaciones, situaciones, y sorpresas que trae la vida.
En último lugar, suma tus perdidas como ganancia. Es decir, entrégale tus pérdidas a Dios. Él es experto en sanar nuestras vidas, suplir nuestras necesidades, y transformar las pérdidas en baluartes firmes de fe. Así que si tienes muchas pérdidas, entrégaselas a Dios hoy mismo. Él sabe qué hacer con ellas. La Biblia dice, “ ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero te pierdes o destruyes a ti mismo? (Lucas 9:25, NTV).