Sonreír

“Reír para vivir más y vivir mejor”, esa es la conclusión a la que han llegado los psicólogos y doctores. Se ha comprobado que las personas que se ríen más, tienden a soltar más toxinas que afectan su cuerpo y suelen vivir mejor. Es más, hay algo conocido como la “risoterapia”.
Es una técnica psicoterapéutica tendente a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. No se puede decir que es una terapia adoptada en sí porque no cura por sí misma las enfermedades pero en muchos casos logra sinergias positivas que ayudan a curar al paciente. En otras palabras, debemos reírnos más. Hay personas que no se ríen y hay otras que al parecer se ríen de más ya que toman todo como una broma. Los dos extremos son malos. La risa debe ir conectada con nuestras emociones y en muchos casos lo que necesitamos es una buena dosis de “risa”. En la Biblia encontramos muchos casos de risa. Uno de los más interesantes es cuando Dios le dice a Abraham y su esposa Sara que iban a tener el hijo de la promesa en su vejez. Sara se rió y cuando nació su hijo le pusieron por nombre, Isaac, hijo de la “risa”.

A veces nos reímos de lo que Dios pueda llegar a hacer con nosotros pero la verdad es que Sus designios nos pueden dejar sorprendidos por Su buen sentido del humor. Dios desea que seamos felices, que mostremos nuestras emociones de manera sana y que sepamos reírnos. Te aseguro que muchas veces la risa te ayudará a enfrentar lo más difícil en tu vida. La Biblia dice, “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado consume las fuerzas”, (Proverbios 17:22, NTV).

Soñar

Todos hemos tenido sueños. Algunos sueñan constantemente y se levantan asustados del sueño. Otros sueñan y no desean despertarse de sus sueños porque sus sueños son mucho mejores que su propia realidad. Para algunos los sueños son un concepto muy lejano porque no les hacen sentido y muchas veces se convierten en grandes pesadillas.

El sueño en su misma definición es “la actividad mental caracterizada por una imaginación sensomotora vivida que se experimenta como si fuera la realidad despierta, a pesar de las características cognitivas como la imposibilidad del tiempo, lugar, personas, acciones y emociones” (Hobson 2000). Sin embargo, todo acaba al despertar. Algunos desean volverse a dormir para terminar el sueño, pero al final de todo es un juego mental de la imaginación. La verdad es despertarse a la realidad aunque ésta no sea la que se quiere.

Así que si sueñas, no hay problema, pero no te aferres a tus sueños ya que solo son un producto de tu imaginación. Sueña con objetivos puros y espera lo que Dios puede hacer con tus sueños. Como dicen, “soñar no cuesta nada”, sin embargo, si te quedas soñando te costará hacerle frente diligente a tu realidad. Sueña en grande bajo los propósitos de Dios. Acuérdate lo que Él dice, “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos- dice el Señor- Y mis caminos están por muy encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos”, (Isaías 55:8-9, NTV).

Fiestas

¿A quién no le gustan las fiestas? Desde temprana edad se celebran las fiestas de cumple años, aniversarios, graduaciones, y celebraciones patrióticas o regionales. Cada cultura aún dentro de un mismo país adopta celebraciones que conmemoran un triunfo, una memoria o la libertad del dominio de sus conquistadores.
Todos de una u otra manera hemos participado de fiestas. Algunos tienen la fama de ser tan fiesteros que toman cualquier excusa para armar una fiesta, otros no les gustan mucho las fiestas pero no quiere decir que no las disfruten. En cierta instancia Dios nos ha diseñado dentro de un ámbito de celebración. De hecho, el paraíso donde Dios puso al primer hombre y mujer fue una expresión de celebración de Su misma creación. Pero, ¿qué es lo que opaca las fiestas? Todo se resume en una palabra: pecado. Es decir, errarle al blanco. Tratamos y tratamos y muchas veces fallamos.

La Biblia habla de una gran fiesta en el cielo preparada para todos aquellos que creen en Jesús. Habrá una gran celebración por la eternidad con aquellos que han decidido acceder a dicha fiesta. Todos están cordialmente invitados pero solo entrarán aquellos que aceptan la invitación de Jesús. ¿Estás preparado(a) para ir? Si no, cree en Jesús y serás parte de esta celebración.
La Biblia dice, “De la misma manera, ¡hay más alegría en el cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!”, (Lucas 15:7, NTV).

Trabajo

Algunos dicen: “trabajo, trabajo, y más trabajo”. Esa es la vida de muchos. Pero, ¿es el trabajo un castigo de Dios como algunos creen o es parte de Su plan? Bueno, desde el inicio Dios le dio un mandato al hombre de “gobernar la tierra”, es decir, de administrarla. El trabajo no es una maldición sino una bendición otorgada por Dios porque Dios es excelente trabajador.

Se les preguntó a 1,000 personas si estaban satisfechas y felices con sus trabajos. 902 personas dijeron no estarlo. 49 afirmaron que dependía del día. 30 dijeron que estaban satisfechas pero no felices, y solo 19 afirmaron que sí lo eran. Los que respondieron positivamente dijeron que “les pagaban por hacer lo que les gustaba”. En otras palabras, la satisfacción del trabajo esta relacionada con la proporción en la cuál usemos nuestros talentos para trabajar. Entre más usemos nuestros talentos para el trabajo, nos daremos cuenta que se nos pagará por algo que disfrutamos plenamente hacer.

De modo que si no estas contento(a) con tu trabajo, evalúa el uso de tus talentos, pídele a Dios que te abra otra puerta, se fiel en donde estás y Él te bendecirá. Dios honra a los diligentes y no a los perezosos. La Biblia dice, “…Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”, (2 Tesalonicenses 3:10b, NTV).

Dosis Familiar

“Todos necesitamos una buena dosis familiar”. Los estudios han arrojado que las personas que crecen en un buen ambiente familiar poseen fundamentos sólidos que los capacitan para tener más éxito en la vida. Algunos son bendecidos con lindas familias. Otros, son carentes de una familia biológica pero si tienen un círculo familiar donde son recibidos, aceptados y animados.

Se dice que cada familia tiene un intelectual, un alborotador, un organizador, un tío rico, una oveja negra, un pacificador y uno que otro loco. Y tú, ¿cuál de esos eres? Independientemente si gozas de familia consanguínea o no, nos es necesario vivir bajo un ambiente familiar. Algo que me parece impresionante es que la Biblia habla de una gran familia la cual es el gran sueño de Dios. Nos habla de una familia compuesta por toda raza, tribu, lengua y nación. Lo único que debemos hacer es “creer” en Jesús.

Así que, te guste o no tu familia biológica, también puedes tener una familia espiritual en todos los lugares del mundo. ¿No te parece impresionante tener hermanos y hermanas en todo el mundo? Entonces, siéntete privilegiado de ser parte de esta familia y si no lo eres, ¿qué esperas? Sólo debes creer en Jesús. La Biblia dice, “Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo”, (Efesios 1:5, NTV).

Tráfico

“Qué tráfico tan pesado, frustrante y desafiante” fueron las palabras que recurrentemente escuché durante un reciente viaje misionero a un continente lejano. La verdad es que las distancias eran cortas pero el tráfico consistía de camiones, carros, motos, personas, animales y todo lo que se podía atravesar haciendo de un trayecto corto, un trayecto demasiado largo y cansado. Lo mismo pasa cuando hay una gran conglomeración de vehículos y personas en las ciudades más grandes del mundo. El transportarse de un lugar a otro se torna en una experiencia inolvidable.

Esto me puso a pensar en el “ tráfico” que tenemos en nuestra vida. Muchas veces tenemos claro para dónde vamos, por dónde nos iremos y cómo llegaremos a las metas y propósitos que nos hemos propuesto. Sin embargo, “el tráfico” que experimentamos es mucho y parece que nos cuesta llegar. Tenemos innumerables problemas que producen tráfico en nuestra vida física, emocional y espiritual. Piensa en qué es lo que te está causando desviarte del propósito de Dios para ti y has lo siguiente: corta el tramo, evade los obstáculos y no desistas antes de llegar. Dios está contigo. La Biblia dice, “Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán”, (Isaías 43:2, NTV).

Raíces

Se dice que “ la belleza de una flor depende de sus raíces”. Yo diría que “la belleza del ser humano depende de sus raíces”. No hay árboles sin raíces y no hay fruto bueno si no hay raíces buenas. Así que las raíces son muy importantes.

El olvidarnos de nuestras raíces sería pretender dar y ser algo que no somos. Así que, valora tus raíces. No hay una coincidencia que hayas nacido donde naciste y que hayas crecido donde creciste y con quienes viviste. Todo esto es parte de lo que eres hoy. Aunque quieras negarlo u olvidarlo, es parte de ti y siempre irá contigo donde quiera que vayas.

Yo digo que “el olvidarnos de nuestras raíces, es olvidarnos de quienes realmente somos” y “el que no sabe de dónde viene, no sabe para dónde va”. Así que valora tus raíces, aprende de otros y enriquecerás tu vida. Llegarás a lugares que nunca has planeado estar y conquistarás cosas que nunca has pensado conquistar. Pero, siempre recuerda de dónde vienes. El día que se te olvide, perderás la dirección y no darás buen fruto.
La Biblia dice, “Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza.8 Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto” (Jeremías 17:7-8, NTV).

Soportar

Hace poco salió en las noticias un bebé abandonado que soportó más de un mes sin comer ni beber nada de acuerdo a los médicos. Le llamaron un “bebé milagro”. Lo interesante es que el bebé no sufrió los daños nefastos que debía haber sufrido de acuerdo a la ciencia médica. Aunque es una historia muy triste, los doctores dedujeron que este niño tiene un nivel excepcional para “soportar” sin comer ni tomar nada a comparación con otros niños de su edad.

Probablemente no estés soportando hambre pero si estás soportando algo en tu vida. Hay pruebas y dificultades que diariamente tenemos que soportar. Hay relaciones, trabajos, tratos, enfermedades, alianzas, acuerdos y demás que tienen que ser soportados. Hay cosas como abusos, torturas y maltratos que son soportados en contra de la voluntad de muchos.

Pero, ¿qué nos enseña esto? 1. Dios nos ha hecho con la capacidad de soportar. 2. El soportar nos hace más fuertes. 3. El soportar nos enseña a depender en Dios. 4. El soportar no será eterno. No sé qué estás soportando en estos momentos pero Dios si lo sabe. Mi oración es que Él te fortalezca y te de la victoria en todo. La Biblia dice, “Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman” (Santiago 1:12, NTV).

Actitud

“Es un problema de actitud”. Esta es una frase que debemos usar recurrentemente porque muchas de las situaciones en la vida dependen de la actitud con la cual las enfrentemos. La actitud tiene que ver con el comportamiento que empleamos para hacer las cosas. Tiene que ver con la forma de actuar diariamente lo cuál va conectado con nuestro carácter.

Hay personas que conocen mucho, suelen ser expertos y muy preparados pero su actitud no les ayuda para nada. Por otro lado, hay algunos que no saben mucho pero tienen una muy buena actitud. Se dice que el desarrollar una buena actitud habilita al ser humano a sobrepasar los obstáculos más difíciles en la vida. Si tu actitud es pesimista, quejumbrosa, perezosa y criticona, no llegarás lejos en la vida. Pero si tu actitud es optimista, diligente, emprendedora y segura, conquistarás cosas que ni tu mismo has pensado conquistar. La Palabra de Dios nos insta a desarrollar una actitud de fe. Es más, dice que “sin fe es imposible agradar a Dios”. Entonces, ¿cómo es tu actitud y cómo puedes mejorarla?
La Biblia dice, “Líbrese de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros ” (Efesios 4:31-32a, NTV).

Victoria

Fue en los minutos de reposición del partido de Colombia- Inglaterra donde el jugador Mina regresó con un gol de cabeza ese sentimiento de victoria a toda la fanaticada colombiana. Sin embargo, ese sentimiento de victoria que se veía venir fue apocado cuando dos jugadores de la selección Colombia fallaron en los tiros penales. ¡Qué decepción! Después de haber celebrado la victoria de un gol al lado de desconocidos en un aeropuerto, ahora nos agobiaba un sentimiento de derrota.

Parece ser que eso no solamente pasa en los mundiales ni tan poco se reduce a una sola selección de fútbol. Esto nos pasa a todos en “el mundial de la vida” donde nos la jugamos seriamente todos los días. De repente celebramos victorias que nos llenan de felicidad, pero todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Cuando esto pasa, ¿qué debemos hacer? Esto me recuerda a una de las formulas compartidas por nuestro Señor Jesús para vivir una vida en victoria aún cuando la derrota es súbita. Él nos dijo que aquí en el mundo tendríamos muchas pruebas y tristezas, pero que debíamos confiar porque Él había vencido al mundo (Juan 16:33). Entonces, la respuesta se encapsula en una palabra, “Confiar”. Confiar en Jesús. La Biblia dice, “entrega al Señor todo lo que haces; confía en Él, y Él te ayudará”, (Salmo 37:5, NTV).