De Dios Nadie Se Esconde

Jugar a las escondidas es uno de los juegos multiculturales que se practica casi en todos los continentes. He observado niños en cinco continentes que disfrutan jugar este juego con sus compañeros y más aun con sus padres y familiares. Pero, ¿por qué el jugar a las escondidas es tan común? Porque muy en lo profundo de nuestro corazón deseamos ser encontrados por otro ser humano. Es decir, tenemos la necesidad de conexión y de vivir en comunidad.

Podemos buscar los mejores escondites para escondernos de los demás, pero quien es bueno en el juego, nos busca hasta poder encontrarnos físicamente. Pero, ¿qué decir de que verdaderamente nos logren encontrar como somos? En otras palabras, el ser encontrados con nuestras habilidades, errores, destrezas y debilidades. Usualmente queremos que la gente nos encuentre en los momentos más hermosos donde no deseamos escondernos sino más bien ser vistos. Sin embargo, no queremos que nadie nos vea en los momentos más desafiantes, de más dolor y de confusión. Es allí en esos momentos donde realmente salen nuestros verdaderos colores y quienes somos se convierte en nuestra carta de presentación.

Así que cuidemos lo que hablamos, cuidemos lo que hacemos, recordemos que aunque pensemos que nadie nos ve, de Dios nadie se puede esconder. No podemos jugar a las escondidas con Dios. Él siempre sabrá dónde encontrarnos y conoce realmente lo que somos. La Biblia dice en Jeremías 16:17, “Ciertamente mis ojos ven todas tus acciones; ninguna de ellas me es oculta. Su iniquidad no puede esconderse de mi vista”, (NIV).

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