Serenidad

La famosa oración de la serenidad dice lo siguiente: “Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia”. Esta simple pero a su vez profunda oración comprende mucho de lo que debe ser nuestra petición diaria hacia Dios. Según el diccionario, una persona serena es “apacible, sosegada, sin perturbación física o moral” (Dic. RAE). Pero, ¿cómo poder llegar a ser personas apacibles y sin perturbación física o moral en un mundo que se encarga de hacer totalmente lo contrario?

Los dilemas constantes que nos presenta el mundo se encargan de robarnos la serenidad. Debemos entender que hay cosas, personas y situaciones que no podremos cambiar. Los cambios no siempre dependen de nosotros y esto tiende a frustrarnos constantemente. Sin embargo, hay cosas que sí podemos cambiar y como la oración lo implora, debemos pedirle valor y tenacidad a Dios para poder hacerlo. Él desea que pongamos de nuestra parte todo lo que podamos para cambiar nuestra manera de pensar, nuestra manera de sentir y nuestra manera de actuar.

Por último, debemos pedir discernimiento y sabiduría. La sabiduría es el conocimiento aplicado de la manera correcta, en el momento indicado y en las condiciones oportunas. El aprender a discernir bien, nos ayudará a escoger bien evitando lo malo y recibiendo las bendiciones de parte de Dios. La Biblia dice en el Salmo 86:11, “Enséñame, Señor, tu camino, para que camine yo en tu verdad. Dale firmeza a mi corazón, para que siempre tema tu nombre”, (RVC).

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