Lecciones de los cangrejos

Recuerdo una lección que aprendí de un amigo pescador. Cuando llegué a su casa había acabado de pescar. Dentro de lo que había pescado, tenía unos cangrejos que los había puesto en una caja la cual dejó abierta. Le pregunté, ¿no se te escapan al dejarla abierta? No, me respondió. Al mirarlos, miré cómo se esforzaban por ser libres. Pero mi amigo sacudió su cabeza y sonrió diciendo: hace mucho tiempo me di cuenta que cuando dejo en una caja al menos dos cangrejos, mientras uno intenta trepar hacia arriba, el otro lo estira desde abajo.

Hay muchas personas que tienden a ver las cosas muy parecidas a los cangrejos. Cuando saben que alguien está subiendo y triunfando, hacen todo lo posible para desacreditarlo o estirarlo para que caiga y no escale más. Es más, unos dicen, si yo no subo, no subirá nadie más. Otros son tan críticos que cuando alguien logra algo dicen: yo podía haberlo hecho mejor. Cuando uno saca buenas notas en la clase, los cangrejos secretamente esperan que falle esa persona en el siguiente examen. Cuando escuchan un comentario bueno de otros automáticamente buscan algún reproche.

Los cangrejos siempre se están comparando con los demás. La única esperanza para los que son como los cangrejos es que se olviden se sí mismos y busquen la posibilidad de dar a los demás un poco de ánimo. Cuando esto sucede, se liberarán y serán de bendición a otros. La Biblia dice en 1 Tesalonicenses 5:11, “Así que aliéntense y edifíquense unos a otros, tal como ya lo hacen”, (NTV).

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