Reproducción

He meditado recientemente en la siguiente frase: “Enseñamos lo que conocemos pero reproducimos lo que somos”. Este es un principio que define cada relación de pacto que Dios ha hecho con el ser humano ya que Él diseñó la reproducción en todo ser viviente. La reproducción fue la primera bendición y el primer mandato de Dios. Es más, Dios escogió establecer Su reino o autoridad por medio de la reproducción de la semilla divina. En otras palabras, hemos sido diseñados para reproducirnos.

Pero, ¿qué reproducimos? No solamente nos reproducimos biológicamente. Somos seres reproductivos y creativos. Reproducimos ideas, procesos, paradigmas, costumbres, filosofías, tradiciones, percepciones, conceptos, modelos, preceptos, ideales, valores, principios y mucho más. Sin embargo, esta ley de la reproducción tiene un limitante. Reproducimos lo que somos y no lo que queremos ser. En otras palabras, el ser precede el hacer. No podemos dar lo que no tenemos y llevar a otros donde nosotros aún no hemos llegado. Así funciona esta ley.

De modo que, ¿cómo te estás reproduciendo? ¿qué estás reproduciendo y en quién te estás reproduciendo? Los sepas o no, ya lo estás haciendo. Es una ley natural. La Biblia dice en Génesis 1:27-28, “Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. 28 Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo»” (NTV).

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