¿Por qué tú y no yo?

¿Por qué tú y no yo? Esa es la típica pregunta que surge de un corazón envidioso. Bien dice la frase: “No se puede ser envidioso y feliz al mismo tiempo. Elige qué quieres ser”. La verdad es que la envidia se viste de muchos disfraces como: críticas, ofensas, rechazo, difamación, agresión, rivalidad y venganza. Sin embargo, yo creo que la envidia existe en personas que no saben aceptar la felicidad de los demás porque en sí mismos son infelices. El escritor Miguel de Unamuno dijo: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. Estoy completamente de acuerdo con esa frase. La envidia muestra un vacío espiritual.

Usualmente las personas envidiosas no están satisfechas ni con lo que son ni con lo que hacen. Esto simplemente muestra una cosa: “La necesidad de Dios en sus corazones”. Él es el único que puede transformar un corazón envidioso al darle una nueva identidad y un nuevo propósito.

Si algunos te tienen envidia, no les des lugar en tu mente ni en lo más profundo de tu corazón. Esto solo significa que para ellos tu vida es más importante que la suya propia. La Biblia dice en 1 de Pedro 2:1-2, “Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia, 2 deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación” (NTV).

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