El Ayudador

Mi hijo constantemente me dice: “Papá, yo soy tu ayudador”. Desde pequeño me ha dicho que él es un “gran ayudador”. La verdad es que todos necesitamos de un poco de ayuda. De una u otra manera hemos podido experimentar la ayuda de otra persona bien sea en situaciones muy simples o en otras ocasiones en circunstancias muy complejas. Como dijo Henry Ford: “Unirse es el comienzo; estar juntos es el progreso; trabajar juntos es el éxito”. Nos necesitamos unos a otros para alcanzar cosas que nunca pensamos alcanzar.

La Biblia muestra a Dios consistentemente como “nuestro ayudador”. En muchas ocasiones se menciona que “Él es nuestro ayudador”. Dios mismo, el creador de todo lo que existe es nuestro ayudador. Él es nuestro esfuerzo, aliento y fundamento. Él levanta nuestra cabeza cuando estamos cabizbajos. Él nos rescata de los peligros más inminentes y nos protege en todo momento. Él nos capacita, nos fortalece y nos establece. Él nos sana, nos da perspectiva y nos renueva las fuerzas cada mañana.

Nuestro Padre celestial es nuestra ayuda. La pregunta es ¿clamas a Él por ayuda? ¿confías en Él como tu ayudador? ¿esperas Su ayuda en los momentos más felices y Su intervención en los momentos más críticos de tu vida? Recuerda siempre que “Él es tu ayudador”. La Biblia dice en Hebreos 13:6 , “de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (RV1960).

Amar Y Escuchar

Hay una gran diferencia entre “oír y escuchar”. Puedes oír algo y no estar realmente escuchando. No puedo decirte cuántas discusiones he tenido o presenciado donde se estaban oyendo las palabras en lugar de las emociones y acciones. A veces las palabras ni siquiera importan. Alguien puede decirte: “Estoy bien”, pero la forma en que lo hace, te dice que no está bien. Escuchar significa que también oyes lo que la otra persona no está diciendo.

Eso se llama empatía. Empatía significa ponerse en el lugar de la otra persona y conocer su punto de vista. Te preguntas: “¿Cómo me sentiría si estuviera en esa situación?” Escuchar con empatía significa que escuchas sin interrupción y oyes los temores y sentimientos. Oyes lo que no están diciendo. No estás tratando de arreglar la situación. ¡A veces la sanidad viene solo por escuchar!

Entonces, el escuchar es probablemente la habilidad más importante para construir amistades y relaciones, porque no puedes amar a las personas sin escucharlas. ¿Estas escuchando o solo estas oyendo a las personas que dices amar? Recuerda que “no se puede amar sin escuchar”. La Biblia dice en Romanos 15:2, “Deberíamos ayudar a otros a hacer lo que es correcto y edificarlos en el Señor”, (NTV)

Tú Y Yo

“Menos de mí y más de ti”. Este debe ser el emblema de todas nuestras relaciones, empezando por nuestra relación con Dios. Sin embargo, hacemos todo lo contrario. Con nuestras acciones decimos: “Más de mi y menos de ti”. El egoísmo destruye las relaciones. Es la causa número uno de conflictos, discusiones, divorcios e incluso de las guerras. Es muy fácil que el egoísmo se deslice dentro de nuestras relaciones. Por ejemplo, cuando comienzas una relación, trabajas muy duro para no ser egoísta. Pero a medida que pasa el tiempo, el egoísmo comienza a aparecer. Tendemos a poner más empeño en iniciar y construir relaciones que en mantenerlas.

Si el egoísmo destruye las relaciones, entonces la falta de egoísmo, o un sano desinterés, es lo que las hace crecer. ¿Qué significa ese tipo de desinterés? Significa menos de “mi” y más de “la otra persona”. Ese desinterés saca lo mejor de los demás. Construye confianza en las relaciones. De hecho, si comienzas a actuar desinteresadamente en una relación, esto obliga a la otra persona a cambiar, porque tú ya no eres el mismo. Se relacionarán contigo de manera diferente.

En realidad lo he visto muchas veces: “Algunas de las personas más desagradables de las que nadie quiere estar cerca, se transforman cuando alguien es amable y desinteresado hacia ellas, cuando reciben lo que necesitan y no lo que merecen”. La Biblia dice en Filipenses 2:4, “No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás” (NTV).

La Humildad Y Las Relaciones

“El orgullo destruye las relaciones, pero la humildad es el antídoto del orgullo”. La humildad construye relaciones. El problema con el orgullo es que te engaña. Todos los demás pueden verlo en nosotros, menos nosotros mismos. El orgullo se manifiesta en maneras diferentes como por medio de la crítica, la competencia, la obstinación y la superficialidad. Sin embargo ¿cómo vamos a crecer tú y yo en humildad? Esto solo sucede al permitir que Jesucristo comience a controlar nuestros pensamientos, corazones, actitudes y reacciones. Él tiene que ser parte de este proceso.

Pero ¿cómo te conviertes en una nueva persona? ¿cómo empiezas a pensar de una manera diferente? La ley básica de las relaciones es esta: “Tú tiendes a ser como las personas con las que estás pasando tiempo”. Si pasas tiempo con gente gruñona, te vuelves más gruñón. Si pasas tiempo con gente feliz, te vuelves más feliz. Si quieres tener más humildad, pasa tiempo con Jesucristo. Él es humilde y Él quiere una relación contigo. Él quiere que pases tiempo con Él en oración, leyendo Su Palabra y hablándole. Él es humilde y a medida que lo conozcas, te volverás más como Él.

Cuando pasas tiempo con Jesús, te vuelves más humilde y eso construirá aún más todas tus relaciones. Piensa en qué necesitas cambiar en la forma que piensas de otras personas para que coincida con lo que piensa Jesús. La Biblia dice en 1 Pedro 3:8, “Por último, todos deben ser de un mismo parecer. Tengan compasión unos de otros. Ámense como hermanos y hermanas. Sean de buen corazón y mantengan una actitud humilde” (NTV)

Sin Control

Bertrand Russell dijo: “Una vida sin riesgo es una vida gris, pero una vida sin control probablemente será una vida corta”. Esta es una gran verdad. Hay personas que viven una vida descontrolada. Se parecen a un carro que pierde los frenos en una montaña empinada, descontrolando su rumbo en el descenso y cayendo en un pozo desembocando en un despeñadero. La vida sin límites va en descenso y rumbo a una caída inevitable.

Dios estableció los límites desde Su creación. Él estableció un orden sobre todas las cosas. El descontrol de todo vino al desobedecer a Dios. Una vida sin propósito y sin dirección, es una vida que no se somete al control de Dios. Esto se llama vivir bajo la soberanía de Dios, es decir, bajo el control de Dios sobre todas las áreas de nuestra vida. Para esto, nos tenemos que someter y dejar dirigir.

Sin embargo, nuestro “ego” no se quiere someter a Dios y a todos Sus planes para nosotros. Queremos vivir bajo nuestros propios límites, lo cual es perecedero. Así que ¿deseas vivir una larga vida y en plenitud? ¿deseas cumplir el propósito de Dios para tu vida en esta generación? Entonces, vive bajo el señorío de Cristo. Te aseguro que te irá mucho mejor. La Biblia dice en Proverbios 16:32, “Mejor es ser paciente que poderoso; más vale tener control propio que conquistar una ciudad” (NTV).

Suciedad

¿Alguna vez te has sentido sucio? ¿Has querido bañarte, pero te ha tocado esperar para hacerlo? ¿Cómo te has sentido una vez y te has podido quitar la suciedad? Bien ¿verdad? Pero ¿qué de aquellos que son sucios en otras áreas y en otras maneras? Por ejemplo, el dicho que dice: “No me hables bonito si me vas a jugar sucio”. Es decir, la suciedad externa se puede ver, pero la interna solo puede ser vista por Dios. Como dicen por ahí: “Las apariencias engañan”.

La suciedad más grande de la que padece el ser humano se llama, “pecado”. El pecado nos ha ensuciado nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. Sin embargo, hay una solución para la suciedad del ser humano. Se llama la sangre de Cristo Jesús. Así como nos podemos quitar la suciedad externa por más pegada que este a nuestro cuerpo, también podemos limpiar lo sucio que hay en nuestros pensamientos y en nuestros corazones con la sangre de Cristo.

Jesús promete limpiar todos nuestros pecados, transformar nuestras vidas, lavarnos con Su sangre preciosa y mantenernos cerca de Él. Solo nos pide que le demos nuestro corazón. Él desea limpiar lo que parece tan sucio y que no tiene solución. La Biblia dice en Isaías 1:18, “»Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto —dice el Señor—. Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, yo los haré tan blancos como la lana” (NTV).

De Comedor En Comedor

“De comedor en comedor”. Esta frase encapsula en parte la experiencia que recientemente viví al ir en un viaje misionero en la selva del estado de Chiapas en México. Al sentarnos a la mesa compartimos de nuestras vidas, culturas, experiencias, testimonios y también unos platillos muy exquisitos, pero sobre todo de la compañía y del sonido de la naturaleza alrededor de la mesa.

¿Cuántas palabras, expresiones y lecciones compartimos en la mesa durante el transcurso de nuestras vidas? Creo que sin lugar a dudas, la mesa nos une, nos conecta y además, nos alimenta. De la misma manera, ¿qué ponemos en nuestra mesa espiritual? ¿quiénes nos rodean? ¿qué estamos aprendiendo? ¿cuál es nuestra dieta? Es más ¿nos estamos nutriendo?

He aquí unos principios. Primero, pon siempre sobre tu mesa la Palabra de Dios. Segundo, rodéate de personas que vengan a comer contigo en el comedor de la fe. Tercero, apártate de las malas dietas que te pueden desnutrir espiritualmente. Estas pueden ser un conjunto de malos conceptos o ideales y las malas compañías. Por último, no dejes de venir a la mesa de tu Padre celestial. Él siempre la prepara para ti. Entonces ¿deseas venir a su mesa?

La Biblia dice en el Salmo 23:5 “Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones” (NTV).

Explícame Tanto Amor

Una de las canciones de Gilberto Daza, cantautor y adorador colombiano, tiene por título, “Explícame tanto amor”. Al meditar en este título y en el contenido de esta hermosa canción, solo puedo pensar en lo precioso, maravilloso y extenso del amor de Dios.

Algunas veces el amor de Dios parece ser inexplicable, pero en su máxima expresión es un amor inagotable, incondicional, inmensurable, inquebrantable y eterno. Por otro lado, podemos explicarlo muy bien porque es un amor constante, confiable, consistente e insistente. ¡Ese es el amor de Dios! Es en esencia inexplicable y a su vez explicable. Este amor toca la esfera humana y finita, pero también transciende a lo eterno y a lo infinito.

La manera más palpable que explica el amor de Dios es vista en Su hijo unigénito quien fue enviado para vivir una vida que nosotros no podríamos vivir y al proveernos una salida a nuestra falta de amor por Él. Jesús decidió amar lo que parecía no poderse amar y perdonar lo imperdonable. De modo que, recibe, abraza y experimenta el amor de Dios. Él quiere que le ames porque Él ha decidido amarte primero.

La Biblia dice en 1 Juan 3:1, “Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él” (NTV)

La traición de una amistad

La traición es una de las experiencias más dolorosas de la vida. Aunque los extraños puedan rechazarnos, burlarse o ridiculizarnos, solo a quienes amamos o en quienes confiamos pueden traicionarnos y eso es lo que hace tan dolorosa la traición. Esto es justo lo que sentía David cuando escribió el Salmo 41. Sus enemigos hablaron falsedad contra él, pero lo que es peor aún, un amigo lo traicionó. Cuando los amigos chismean de nosotros, haciendo insinuaciones de que hemos actuado mal, o diciendo mentiras ¿qué podemos hacer?

Algo que debemos tener en mente es que nuestros amigos, al igual que nosotros, son imperfectos y pecadores, por consiguiente, son propensos a cometer errores, creer en mentiras y lastimarse unos a otros. Entonces, ¿cómo podemos manejar el rechazo y la traición de una manera piadosa? En primer lugar, no debemos negar el dolor, ni dejar que domine y arruine nuestra vida con ansiedad, amargura, ira o deseo de venganza. Segundo, podemos llevar el asunto a Dios y pedirle que nos proteja, nos sostenga y nos sane (Salmo 41:2-4)

Aunque no sepamos porqué permitió el Señor la traición, experimentarla nos enseña a buscar la aprobación de Él en vez de la de los hombres. La Biblia dice en el Salmo 41:9, “Hasta mi mejor amigo, en quien tenía plena confianza, quien compartía mi comida, se ha puesto en mi contra” (NTV).

Manejando tus deudas

Thomas Carlyle dijo: “Solo hay dos medios de pagar las deudas: por el trabajo y por el ahorro”. Dios espera que cualquiera que tome dinero prestado sea respetuoso con su prójimo y le pague con diligencia. Al retener lo que se debe legítimamente, somos culpables de robar al prestamista, lo que puede influir en nuestro testimonio para Cristo. Dado que el incumplimiento de un préstamo es grave y puede arruinar las relaciones, debemos salir de las deudas de manera responsable y no endeudarnos.

Tal vez te encuentres en esta situación. Pero, por desalentadora que parezca la tarea de reducir tus deudas, Dios quiere que seas libre de ellas y te mostrará el camino. Sin embargo, por lo general no es una solución rápida, sino un enfoque lento y constante que te preparará para que evites endeudarte en el futuro. Reconoce que no has sido un buen administrador de tu dinero, comprométete a hacer cambios que signifiquen un sacrificio y trabaja para llegar a tu meta. Pero sobre todo, confía en el Señor, pues Él será fiel.

¿Te parece que tu montaña de deudas es más grande que tu Padre celestial Todopoderoso? Quienes acuden a Dios con arrepentimiento y entrega, les dará los recursos necesarios, así como la perseverancia para pagar lo que adeudan. La Biblia dice en Romanos 13:8, “8 No deban nada a nadie, excepto el deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las exigencias de la ley de Dios” (NTV).