Delegar

Parte de vivir en comunidad y trabajar en equipo es saber delegar lo cual parece ser algunas veces desafiante y hasta difícil. Por ahí escuché una frase que dice: “Delega, porque sino acabarás haciéndolo todo tú y desperdiciando las capacidades de otros”. Este es un gran principio. Otra frase similar dice lo siguiente: “Puedes lograr lo que quieras cuando dejes de intentar hacerlo todo”. Entonces el delegar es esencial para aprender en el caminar de nuestra vida.

De la misma manera, se me viene a mente el dicho que en repetidas ocasiones he recordado: “Si deseas llegar cerca, ve rápido y solo, si deseas llegar lejos, ve lento, pero con otros a tu lado”. A nivel personal, el delegar no ha sido una tarea fácil, pero cuando se hace de la manera correcta, se puede experimentar el gozo de trabajar juntos hacia una meta especial. Pero ¿qué es lo que nos impide delegar? Lo primero es dejar el control de dicha labor a otra persona. Lo segundo es pensar que él o ella no lo haría tan bien como nosotros. Lo tercero es el temor a los resultados no esperados. Lo último, es la percepción que tenemos que otros puedan pensar que nosotros ya no lo queremos hacer. Sin embargo, la Palabra de Dios nos muestra una y otra vez este principio de la delegación.

El suegro le compartió este consejo a Moisés quien ya estaba por colapsar en su labor. Y tú ¿qué tienes que delegar? ¿A quién tienes que delegarle algo? La Biblia dice en Gálatas 6:2, “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, así cumplirán la ley de Cristo” (NIV).

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