De Qué Alimentas Tu Mente

Todos sabemos la importancia de la nutrición. La buena comida y las buenas calorías te hacen más fuerte y saludable, además, te dan más energía. Las malas calorías y la comida chatarra perjudican tu cuerpo. Lo mismo es verdad en tu salud mental. Debes alimentar tu mente sin basura ni veneno sino con la verdad. Si quieres una mente sana, debes alimentar tu mente con verdades. El filósofo Aristóteles solía decir: “La energía de la mente es la esencia de la vida”. En otras palabras, lo que la mente dicta maneja mucho de nuestro proceder. Una mente sana nos suele conducir a una vida sana.

Necesitas la mejor información para vivir la mejor vida que Dios quiere que vivas. ¿Cuál es la fuente de tu información? Porque lo que te informa te transforma, para bien o para mal. La mejor información se encuentra en la Palabra de Dios. Él quiere que tomes las mejores decisiones y recibas lo mejor para tu vida sin muchas equivocaciones. La única manera de hacerlo sin equivocarte es alimentándote de la Palabra de Dios a lo largo de tu día y todos los días. Debe ser una nutrición constante y muy balanceada. Te ayudará a tener energía, a evitar fatigas y hasta rejuvenecerá tu vida.

Entonces, ¿cómo puedes alimentarte hoy de la Palabra de Dios? La Biblia dice en Mateo 4:4, “La gente no vive solo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios” (NTV).

Dependencia Divina

Una día me levanté con esta frase en mente y la escribí en pedazo de papel antes de olvidarla, “La perfección más grande a la que un alma aspira la alcanza cuando más depende de la gracia divina”. Nuestra alma es donde albergamos nuestros sentimientos, emociones y voluntad. Dios mismo nos ha hecho sensibles para poder sentir Su amparo y fortaleza en los momentos de desesperación. Nos ha dotado de emociones para animar, ayudar y ser de bendición a otros. Nos ha dado una voluntad para discernir Su voz y seguirle.

Cuando hablo de perfección, al igual que en las epístolas del apóstol Pablo, me refiero a la madurez. Entonces, creo que la madurez en su máxima expresión la experimentamos al depender completamente de la gracia de Dios. Pero, ¿cómo podemos hacerlo? En primer lugar, reconociendo que no podemos depender de nuestra propia opinión ni de nuestra propia prudencia. De ser así, cometeríamos muchos errores. En segundo lugar, no podemos depender totalmente de otros porque usualmente llegarán a decepcionarnos. Tampoco podemos depender de los recursos porque estos pueden llegar a agotarse. En tercer lugar, debemos reconocer que somos seres finitos y no tenemos control de muchas cosas aunque quisiéramos tenerlo.

Finalmente, debemos depender de la gracia divina, del favor inmerecido y de la provisión diaria de parte de Dios. Solo así seremos plenos, seguros y por su puesto alcanzaremos la “madurez” espiritual. La Biblia dice en el Salmo 54:4, “Pero Dios es mi socorro; el Señor es quien me sostiene”, (NVI).

Prueba

“Una vida que no es probada es una vida que no puede ser confiada”. Las pruebas existen para probar quienes somos realmente. Las pruebas nos frustran, nos cansan y nos hacen dudar. Sin embargo, al salir de las pruebas experimentamos gozo, descanso, fortaleza y confianza para seguir adelante. Las pruebas son indispensables y necesarias para el ser humano. Las pruebas son salones de enseñanzas que nunca se olvidan y se convierten en el fundamento donde se puede construir más ricamente.

Así como el oro es pasado por el fuego para ser probado sin perder su valor, nosotros también pasamos por las pruebas para demostrar de qué realmente estamos hechos. Las pruebas purifican, depuran y hacen de cada persona alguien mejor. Al igual que un billete puede ser pisoteado, mojado, arrugado y maltratado sin perder su valor, los seres humanos, aunque seamos probados, no perdemos nuestro valor.

Así que las pruebas son parte del plan de Dios para hacernos más como Él quiere y servirle mejor en el lugar que Él quiere. De modo que, abraza tus pruebas, ellas suelen ser parte del diseño de Dios para ti. La Biblia dice en Santiago 1:2-3, “Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse” (NTV).

Apégate A Dios

Piensa en tres cosas que sean siempre dependientes y que nunca cambien. Puede que tu lista incluya cosas como el amanecer y el atardecer, la ley de la gravedad, el universo o los puntos cardinales. Probablemente tu lista sea totalmente diferente. Sin embargo, al transcurrir nuestra vida entendemos que necesitamos algo sólido que nos sostenga, un compás que guíe nuestro camino y que nos mantenga en la brecha. El problema es que la mayor parte de las cosas que escogemos no nos pueden proveer la guía o la estabilidad que necesitamos o anhelamos. Déjame hacerte una pregunta, ¿tu lista incluye a Dios?

Moisés le declaró al pueblo de Israel la necesidad de apegarse a Dios, el único que nunca cambia. Después de la muerte de Moisés, Dios le prometió a Josué que siempre estaría con él, que no lo dejaría ni lo desampararía. Jesús compartió el mismo mensaje con Sus discípulos cuando les dijo: “No los abandonaré como a huérfanos; vendré a ustedes” (Juan 14:18–NTV).

Dios nunca te dejará. Nada te podrá separar del amor de Cristo. Estas dos verdades incambiables y veraces te ayudarán a mantenerte firme y en la brecha de tu vida. Así que, apégate a Dios, Él siempre se apega a ti. La Biblia dice en Deuteronomio 13:4, “Sirve únicamente al Señor tu Dios y teme solamente a él. Obedece sus mandatos, escucha su voz y aférrate a él” (NTV).

Cuando Te Cansas

Tengo momentos en que me canso de hacer lo que estoy haciendo. Todos tenemos esos momentos. No importa cuál sea tu posición en la vida, habrán días en los que el cansancio te agobiará. Incluso, puedes pasar por una temporada más larga en la que sientes apatía y desinterés. Pueden haber muchas razones por las que tendríamos que buscar diligentemente en oración. Pero a menudo solo necesitamos animarnos y volver a empezar.

Tenemos que hacerlo a propósito en lugar de esperar a que aparezca un sentimiento que nos mueva de nuevo hacia la acción. La gratitud me ayuda a empezar de nuevo en esos días. Cuando cuento todas mis bendiciones, me sorprende ver la bondad de Dios hacia mí. Me hace ser agradecido conmoviéndome y haciendo que mi vida se cobre más fuerza y esperanza. Tener grandes expectativas también me energiza y me motiva. Eso se llama “fe”. No tenemos que esperar para ver, sino creer para ver.

La tercera cosa que hago cuando me canso, es quitar de mí ese pensamiento de cansancio y servirle a alguien más. Cuando lo hago, funciona todo el tiempo. En poco tiempo, me siento entusiasmado con la vida y emocionado de reanudar mi servicio al Señor. La Biblia dice en el Salmo 27:13, “Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes” (NTV).

Acepta La Gracia De Dios

La vida es agitada y si intentas hacerlo todo por ti mismo quedarás exhausto. Apresurarse y luchar para mantener el ritmo es desgastante física, mental, emocional y espiritualmente. Pero puedes hacer algunos cambios que te ayudarán a vivir mejor.

Primero, examina todas tus actividades y permite que Dios te muestre las cosas que drenan tu energía y no producen frutos que valgan la pena. Después de esto, está dispuesto a renunciar a ellas sin mucha objeción. Puede que incluso tengas que elegir entre lo bueno y lo mejor, porque no siempre todo lo bueno es lo mejor.

En segundo lugar, aprende a recibir más de la gracia de Dios. La gracia es poder cuando se acepta como la dádiva de Dios para vivir bien y mejor. En otras palabras, es dejar que Dios se involucre y haga a través de ti lo que nunca podrías hacer por tu cuenta. Su poder puede ayudarte a lograr más de lo que puedes imaginar. De modo que, acepta Su ayuda y continúa disfrutando tu vida.

Por último, aprende que no tienes el control de todo, no puedes lograr o alcanzar todo y no eres el culpable de todo. Simplemente, acepta “la gracia de Dios”. La Biblia dice en Efesios 3:20, “Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros” (NTV).

Por Amor A Nosotros

¿Cuántas cosas no se hacen por amor? Desde los sacrificios que muestran los padres y madres por sus hijos como los que hace una esposa por su esposo y viceversa. Las muestras profundas de amor en momentos de necesidad, en momentos donde se da el todo de sí sin esperar nada a cambio. El amor cubre multitud de faltas, anima al desanimado, esfuerza al que no tiene fuerzas, quebranta hasta el corazón más duro y conmueve a los que parecen inconmovibles.

El amor rompe barreras, salta obstáculos, perdona lo imperdonable, brinda nuevas oportunidades, restaura lo que parece irreparable y mueve a la acción hasta el más estático que pueda parecer inmóvil. El amor hacia nosotros de parte de Dios es la expresión más pura y real que pueda existir. Él entregó el todo de sí sin razón y lógica alguna. Solo lo hizo por amor. De la misma manera, Él nos corrige, nos dirige y nos acompaña desde el inicio hasta el final de nuestra carrera llamada vida.

He aquí un principio que no debemos ni podemos olvidar, “Tal vez no entendemos todo lo que Dios hace en nuestras vidas pero sí podemos entender que todo lo que Él hace es por amor a nosotros”. Todo por amor a ti y a mí. La Biblia dice en Romanos 8:28, “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (NTV).

De Dios Nadie Se Esconde

Jugar a las escondidas es uno de los juegos multiculturales que se practica casi en todos los continentes. He observado niños en cinco continentes que disfrutan jugar este juego con sus compañeros y más aun con sus padres y familiares. Pero, ¿por qué el jugar a las escondidas es tan común? Porque muy en lo profundo de nuestro corazón deseamos ser encontrados por otro ser humano. Es decir, tenemos la necesidad de conexión y de vivir en comunidad.

Podemos buscar los mejores escondites para escondernos de los demás, pero quien es bueno en el juego, nos busca hasta poder encontrarnos físicamente. Pero, ¿qué decir de que verdaderamente nos logren encontrar como somos? En otras palabras, el ser encontrados con nuestras habilidades, errores, destrezas y debilidades. Usualmente queremos que la gente nos encuentre en los momentos más hermosos donde no deseamos escondernos sino más bien ser vistos. Sin embargo, no queremos que nadie nos vea en los momentos más desafiantes, de más dolor y de confusión. Es allí en esos momentos donde realmente salen nuestros verdaderos colores y quienes somos se convierte en nuestra carta de presentación.

Así que cuidemos lo que hablamos, cuidemos lo que hacemos, recordemos que aunque pensemos que nadie nos ve, de Dios nadie se puede esconder. No podemos jugar a las escondidas con Dios. Él siempre sabrá dónde encontrarnos y conoce realmente lo que somos. La Biblia dice en Jeremías 16:17, “Ciertamente mis ojos ven todas tus acciones; ninguna de ellas me es oculta. Su iniquidad no puede esconderse de mi vista”, (NIV).

Lo Que Te Falta

Una vez leí la siguiente frase, “si te falta dinero, no te preocupes. Si te falta la casa o vestimenta, no te afanes. Si te falta fe, no te desesperes. Pero si te falta Dios, te falta todo”. Esta frase tiene mucha verdad. Nos preocupamos tanto cuando nos falta el dinero. Trabajamos y trabajamos hasta poder tenerlo. Sin embargo, no lo es todo. Nos enfocamos en lo material porque es lo tangible y lo que nuestros ojos pueden ver. Nos damos cuenta que el ojo nunca se sacia.

Nos esforzamos por creer más y esperar más. Pero nos damos cuenta que somos débiles y que nuestra fe y esperanza suele menguar cuando más la necesitamos. Nos afanamos por lo que dejamos de hacer en el ayer y por lo que haremos en el mañana. Nos preocupamos desmedidamente por las cosas pasajeras como si fueran eternas, y nos desesperamos porque no alcanzamos todo lo que quisiéramos lograr al final de cada día.

Entonces, ¿qué es lo que nos falta? Como bien lo expresa esta frase, nos falta Dios. Queremos ser dioses pequeños llenos de esfuerzo humano y sin cabida a lo espiritual. Queremos hacer de lo pasajero algo trascendente y de lo eterno algo temporal. Deseamos vivir en el mañana sin valorar el hoy y nos frustramos por no saberlo todo cuando en verdad, no tenemos por qué saberlo. Nos falta entender que somos seres finitos y diseño de Dios. Sólo Él nos puede llenar. Así que, “sólo nos falta Dios”. ¿Lo tienes? Porque si no, no tienes nada. La Biblia dice en Mateo 6:33, “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas, (NIV).