Sin Ganas

Hay muchas cosas que se hacen sin ganas. Hay gente que se levanta sin ganas, que va a su trabajo sin ganas, que estudia sin ganas, que juega sin ganas, que fomenta relaciones interpersonales sin ganas, que vive una vida espiritual sin ganas, en fin, viven una vida “sin ganas”. Usualmente estas personas viven sin propósito y carecen de pasión en lo que hacen. Son personas que han perdido su enfoque y se desubican fácilmente con las múltiples distracciones que se presentan en la vida.

La naturaleza pecaminosa que poseemos los seres humanos contribuye a que no tengamos ganas para hacer lo bueno, ni para poner nuestro mejor esfuerzo en las tareas cotidianas. Parece ser que nuestra misma carne se confabula para que no hagamos el bien que queremos hacer. El apóstol Pablo experimentó esto y nosotros también lo experimentamos día tras día. Entonces, ¿qué podemos hacer? Bueno, con ganas o sin ganas, recuerda que Dios premia la obediencia, exalta la fidelidad y rechaza los sacrificios en vano. Así que como dicen mis hermanos mexicanos: “Echémosle muchas ganas”. La Biblia dice en Romanos 8:1, “Ahora, pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, (RV1960).

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