El Orgullo

¿Has conocido a alguien supremamente orgulloso(a)? ¿Has visto a alguien petulante, arrogante y presuntuoso? Todas estas son actitudes que dependen de la altivez la cual es la antesala del orgullo. El orgullo es el pecado original que tiende a destruir todo en nuestra vida. Sin embargo, uno de los beneficios de la adversidad es que desafía nuestro orgullo. Cuando el este echa raíz en nuestra vida, afecta la manera en que Dios interactúa con nosotros, porque Él rechaza toda actitud de orgullo. El orgullo impide que alcancemos lo que el Padre celestial quiere hacer en y por medio de nosotros. Incluso si el mundo lo ve como exitoso, una vida movida por nuestro mero esfuerzo carece de valor ante los ojos del Señor.

El apóstol Pablo, al igual que nosotros, batalló con su orgullo, pero lo reconoció. El Señor lo usó para establecer iglesias y escribir epístolas que se convertirían en una parte importante del Nuevo Testamento. Cuando entendió la razón de su “aguijón”, el apóstol Pablo respondió con confianza y gratitud reconociendo la sabia y amorosa protección del Señor.
Tal vez puedas darte cuenta que aún en medio de la adversidad Dios nos puede usar. Él nos ha dado a cada uno áreas de influencia donde nos quiere usar si evitamos la altivez y el orgullo. Debemos humillarnos hoy para que Dios nos pueda usar. La Biblia dice en Santiago 4:6b, “Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes” (NTV). 

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