A Toda Velocidad

Las pistas de Autobahn en Alemania son famosas y reconocidas por no tener ningún límite de velocidad. También en el norte de Australia no hay límite de velocidad. En el hemisferio occidental, Texas tiene carreteras con un límite de 140 kilómetros por hora, mientras algunas provincias de Canadá tienen un límite de 70 kilómetros por hora. A mi personalmente me gustaría no tener ningún límite de velocidad, es decir, me encantaría correr a toda velocidad cuantas veces me fuese posible. Sin embargo, es algo utópico para el lugar donde vivo. Pero cuando tengo oportunidad, el acelerador es mi mejor amigo.

Aunque la vida no se puede vivir bajo la premisa “ a toda velocidad”, si se pasa a toda velocidad. El tiempo no se puede regresar ni comprar. Las horas, días, meses y años parecen que pasan a toda velocidad. La pregunta que surge es, ¿cómo hacer que la premura de la vida no apague su sentido y propósito? En otras palabras, a pesar del vaivén, del estire y el afloje, del esfuerzo y del mucho trabajo; el poder disfrutar y valorar cada kilómetro de la carretera por la cual estemos transitando debe ser nuestra premisa para vivir en plenitud.

Pese a que muchos vamos a “toda velocidad”, Dios desea que seamos precavidos, que prestemos atención y que busquemos Su protección y seguridad. Él pone los límites en nuestra vida cuando estamos en Sus manos.
La Biblia dice en el Salmo 32:7, “Pues tú eres mi escondite; me proteges de las dificultades y me rodeas con canciones de victoria”, (NTV).

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