Derrota

Qué difícil es vivir una derrota. Desde el equipo deportivo que se prepara tanto para un partido y termina perdiendo, como aquella persona que ha invertido en una relación y termina experimentando la derrota. Este sentimiento repercute en todo nuestro ser. Una persona derrotada es una persona agobiada, abatida y hasta camina con la frente abajo.

¿Cuántos no pasamos por derrotas diarias? Sin embargo, la derrota también tiene un antídoto que funciona como una antesala hacia la victoria. Después de cada derrota se avecina una gran victoria. Entonces, ¿qué debemos hacer con las derrotas? Creo que debemos encarar la derrota cuando ésta se presente, aprender las lecciones que ella nos enseñe y prepararnos para la victoria.

No dejes que las derrotas del pasado o del hoy dicten o definan tu futuro. Las derrotas son parte esencial de la universidad de la vida. ¿Cómo podrías celebrar sino has sido derrotado? Usa las derrotas como preparación y no como pérdidas. Te darás cuenta que no solo cambiarás tu perspectiva sino que experimentarás más victorias. La Biblia dice, “Claro que no, a pesar de todas estas cosas, nuestra victoria es absoluta por medio de Cristo, quien nos amó”, (Romanos 8:37, NTV).

¡Qué ridículo!

¿Has hecho el ridículo alguna vez en tu vida? Creo que todos en algún momento hemos hecho o pasado por un ridículo. Hacer el ridículo es pasar por una situación humillante que provoca la risa y la burla de los demás. También puede ser provocada por las acciones incoherentes, indiscretas e inapropiadas de una persona causando reacción en otras. En cualquiera de las dos circunstancias, se relaciona con llamar la atención de los demás usualmente siendo expuesto a la burla o el menosprecio. Y, ¿quién desea ser expuesto o menospreciado? No muchos. Es más, eso es algo que el ser humano detesta, el ser menospreciado.

Sin embargo, la realidad es que muchas de nuestras palabras, acciones y decisiones nos llevan a cometer el ridículo que no esperábamos. Pero, ¿qué hacer para evitar el ridículo? 1. Ser prudentes con nuestras palabras y acciones. 2. Ser congruentes con nuestras palabras y actitudes. 3. Pensar y planear antes de actuar. 4. Aprender de los ridículos del pasado. 5. Pedir sabiduría a Dios. 6. Evaluar el contexto, momento y personas antes de hacer o decir algo que pueda llamar la atención.

De modo que, evita el ridículo y cuando pases por él, aprende, recapacita, levántate y sigue hacia delante. Muchas veces es necesario hacer el ridículo para no pasar de nuevo por él. La Biblia dice en Proverbios 3:34, “El Señor se burla de los burlones, pero muestra su bondad a los humildes”, (NTV).

Terminando El Curso

Eric Liddell fue un atleta destacado quien nació de padres misioneros en la China en 1902. Sus habilidades eran tan extraordinarias que fue reclutado en el año 1924 por el equipo olímpico de Escocia, la nación natal de sus padres, donde compitió y ganó muchos certámenes. Al darse cuenta de que las carreras preliminares fueron programadas en un domingo, sus planes cambiaron. Esto no cambió el parecer de muchos corredores cristianos, pero sí el de Eric. Mientras otros competían en una carrera por la que él había entrenado durante toda su vida, él predicaba en una iglesia en Paris.

Tiempo después pudo competir en otros eventos, ganando la medalla de bronce en la carrera de 200 metros y la de oro en la carrera de 400 metros. Sin embargo, su testimonio sigue siendo recordado. En 1924 Eric Liddell regresó a China donde dedicó su vida al trabajo misionero. Él fue comprometido y tenía las prioridades correctas. Hoy piensa en tus prioridades. ¿Cuál es tu enfoque en la vida? ¿Es temporal o es eterno? No hagas concesiones. ¡Haz un compromiso total con Dios! Haz que tu vida cuente por la eternidad. La Biblia dice en 2 de Timoteo 4:7, “7 He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel, (NTV).

Crianza

Los padres son los canales por los cuales las enseñanzas de la vida se transfieren de una generación a otra. También es la plataforma en la que se supone que los niños y jóvenes deben aprender acerca de Dios. La Biblia se refiere a Dios como nuestro padre celestial, como un Padre espiritual.

La mejor manera en que los niños pueden aprender acerca de Dios es a través de sus padres. Especialmente cuando actúan como Él y cuando aplican el perdón. Esa suele ser una tarea difícil. Los niños van a fallar, y el trabajo de los padres es perdonar y enseñarles a que perdonen.

Entre más los niños experimenten el perdón y la gracia de sus padres, más buscarán el perdón de Dios, tanto en sus días de la niñez como a medida que crezcan. Experimenta la compasión y la misericordia de Dios. No solamente déjalo ahí contigo sino que pásalo y compártelo con otros. Te aseguro y será de bendición a tu vida. La Biblia dice, “El Señor es como un padre con sus hijos, tierno y compasivo con los que le temen”. (Salmo 103:13, NTV).

Admiración

¿Cuáles son las cualidades que admiras más de una persona? Es decir, lo intangible, lo que no se puede medir fácilmente. Por ejemplo, la sencillez, el respeto, el cariño, la valentía, la honradez, la sinceridad, la lealtad, etc. Sin embargo, hay algunas personas que admiran otras cosas, como la mentira, la insensatez, la traición, la malicia, entre muchas cosas más. La admiración en su sentido más puro se relaciona con “la valoración muy positiva de una persona o cosa por sus extraordinarias cualidades”. 

Si es así, entonces debemos pensar, ¿qué es lo que admiran otros de nosotros? ¿cuáles son las cualidades que te hacen una persona única? Si no puedes pensar en algunas, comienza a trabajar en ellas. Un paso simple y práctico es imitar las cualidades de nuestro Señor Jesús. Él fue, ha sido y será el ser que más se ha admirado por generaciones y en diferentes culturas alrededor del mundo. 

Su amor, compasión, fortaleza, firmeza, y poder son solo algunas de las cosas por las cuales sigue siendo admirado. Sus enseñanzas y ejemplo aún siguen cambiando vidas e inspirando a muchos. Así que, admiremos cada vez más a Jesús para poder decir lo que dijo el apóstol Pablo, “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”, (1 Corintios 11:1, NTV).

Paradojas

Vivimos en un mundo paradójico. La gente vive en casas móviles que no se mueven. Algunos usan ropa deportiva para trabajar. También usamos sudaderas para relajarnos. El corazón tiene razones que la razón no entiende. La mejor improvisación es la adecuadamente preparada. Cuanto más damos, más recibimos. No llega antes el que va más rápido sino el que sabe para dónde va. En fin, estas paradojas son humorísticas y en cierto punto divertidas. Pero algunas paradojas pueden ser difíciles para entenderlas y acostúmbranos a ellas.

El reino de Dios también está lleno de paradojas. Nosotros damos para recibir; vivimos muriendo; nos volvemos grandiosos siendo un siervos; y somos encontrados al perdernos totalmente en las manos de Cristo. Mientras más meditamos sobre estas verdades bíblicas, más nos acercaremos al reino de los cielos.

Dedica tiempo para meditar en las verdades bíblicas y pídele ayuda a Dios para entender Sus caminos aunque a veces parecen ser paradójicos. Él estará muy feliz de responder a tu oración por sabiduría. La Biblia dice, “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos- dice el Señor. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse” (Isaías 55:8, NTV).

Bajo Construcción

¿Has visto los anuncios que dicen: “bajo construcción”? Son los anuncios que comúnmente se encuentran en los lugares donde se está llevando a cabo una obra que aún no ha sido completada. Muchas veces, debajo de ese anuncio se encuentra una foto de lo que será la obra cuando sea completada. Al mirar lo que está a la vista, parece ser todo menos la foto del anuncio, sin embargo, después de un periodo de construcción y limpieza, el objetivo es que se vea de dicha manera.

Esto me puso a pensar en la vida de todos los seguidores de Cristo. Dios no nos ve como estamos ahora, sino como podremos estar luego. Él no ve lo que actualmente somos, sino todo lo que llegaremos a ser. Él ve el producto terminado, porque conoce nuestro futuro. Él ve como todas las cosas que ahora no hacen sentido, lo harán. Él ve como todos los eventos que parecen ser desafiantes son parte de la preparación de lo que está siendo construido en nosotros.

Recuerda que todos tenemos ese letrero que dice: “Bajo construcción”. Lo más hermoso de todo es saber que Dios sigue obrando en nosotros y que no ha acabado Su obra en nuestras vidas hasta que nos llame a Su presencia. La Biblia dice en Filipenses 1:6 , “estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (LBLA).

No Estoy Conforme

¿Cuántas veces no estamos conformes con lo que somos ni con lo que tenemos? La inconformidad es un sentimiento y una práctica constante en el ser humano. Parece que el sentido de insatisfacción se incrementa al crecer. Muchas personas dicen “No estoy conforme”. No estoy conforme ni con mi matrimonio, familia, trabajo, profesión, amistades, en fin, no estoy conforme con mi vida. En cierta instancia, está bien “no conformarnos” con lo mínimo para poder esforzarnos y progresar. Sin embargo, me refiero al sentimiento de inconformidad constante, quejumbroso y frustrante. Me refiero a ese sentimiento que no deja disfrutar el presente y que roba el gozo, quita la paz e incita a la intranquilidad. 

La Palabra de Dios nos insta a “no conformarnos” al molde de pensamiento de este mundo, ni a nuestros pecados. Nos invita a no seguir las corrientes y filosofías que afectan nuestra vida de manera errónea. En cambio, nos invita a vivir una vida conforme a la voluntad de Dios, a depender de Dios, de Su Palabra y del poder que Él nos puede dar. Nos invita a ejercer el “contentamiento” y el “agradecimiento”. Nos insta a esperar en Dios y a disfrutar de cada una de Sus bendiciones. 

Entonces, no te conformes a las cosas que no son trascendentes. Confórmate con seguir la voluntad de Dios. Este es el mejor tipo de conformidad que podremos experimentar. La Biblia dice en Romanos 12:2, “2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (RV1960).