Apégate A Dios

Piensa en tres cosas que sean siempre dependientes y que nunca cambien. Puede que tu lista incluya cosas como el amanecer y el atardecer, la ley de la gravedad, el universo o los puntos cardinales. Probablemente tu lista sea totalmente diferente. Sin embargo, al transcurrir nuestra vida entendemos que necesitamos algo sólido que nos sostenga, un compás que guíe nuestro camino y que nos mantenga en la brecha. El problema es que la mayor parte de las cosas que escogemos no nos pueden proveer la guía o la estabilidad que necesitamos o anhelamos. Déjame hacerte una pregunta, ¿tu lista incluye a Dios?

Moisés le declaró al pueblo de Israel la necesidad de apegarse a Dios, el único que nunca cambia. Después de la muerte de Moisés, Dios le prometió a Josué que siempre estaría con él, que no lo dejaría ni lo desampararía. Jesús compartió el mismo mensaje con Sus discípulos cuando les dijo: “No los abandonaré como a huérfanos; vendré a ustedes” (Juan 14:18–NTV).

Dios nunca te dejará. Nada te podrá separar del amor de Cristo. Estas dos verdades incambiables y veraces te ayudarán a mantenerte firme y en la brecha de tu vida. Así que, apégate a Dios, Él siempre se apega a ti. La Biblia dice en Deuteronomio 13:4, “Sirve únicamente al Señor tu Dios y teme solamente a él. Obedece sus mandatos, escucha su voz y aférrate a él” (NTV).

Cuando Te Cansas

Tengo momentos en que me canso de hacer lo que estoy haciendo. Todos tenemos esos momentos. No importa cuál sea tu posición en la vida, habrán días en los que el cansancio te agobiará. Incluso, puedes pasar por una temporada más larga en la que sientes apatía y desinterés. Pueden haber muchas razones por las que tendríamos que buscar diligentemente en oración. Pero a menudo solo necesitamos animarnos y volver a empezar. 

Tenemos que hacerlo a propósito en lugar de esperar a que aparezca un sentimiento que nos mueva de nuevo hacia la acción. La gratitud me ayuda a empezar de nuevo en esos días. Cuando cuento todas mis bendiciones, me sorprende ver la bondad de Dios hacia mí. Me hace ser agradecido conmoviéndome y haciendo que mi vida se cobre más fuerza y esperanza. Tener grandes expectativas también me energiza y me motiva. Eso se llama “fe”. No tenemos que esperar para ver, sino creer para ver. 

La tercera cosa que hago cuando me canso, es quitar de mí ese pensamiento de cansancio y servirle a alguien más. Cuando lo hago, funciona todo el tiempo. En poco tiempo, me siento entusiasmado con la vida y emocionado de reanudar mi servicio al Señor. La Biblia dice en el Salmo 27:13, “Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes” (NTV).

Sonreír

“Reír para vivir más y vivir mejor”, esa es la conclusión a la que han llegado los psicólogos y doctores. Se ha comprobado que las personas que se ríen más, tienden a soltar más toxinas que afectan su cuerpo y suelen vivir mejor. Es más, hay algo conocido como la “risoterapia”.
Es una técnica psicoterapéutica tendente a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. No se puede decir que es una terapia adoptada en sí porque no cura por sí misma las enfermedades pero en muchos casos logra sinergias positivas que ayudan a curar al paciente. En otras palabras, debemos reírnos más. Hay personas que no se ríen y hay otras que al parecer se ríen de más ya que toman todo como una broma. Los dos extremos son malos. La risa debe ir conectada con nuestras emociones y en muchos casos lo que necesitamos es una buena dosis de “risa”. En la Biblia encontramos muchos casos de risa. Uno de los más interesantes es cuando Dios le dice a Abraham y su esposa Sara que iban a tener el hijo de la promesa en su vejez. Sara se rió y cuando nació su hijo le pusieron por nombre, Isaac, hijo de la “risa”. 

A veces nos reímos de lo que Dios pueda llegar a hacer con nosotros pero la verdad es que Sus designios nos pueden dejar sorprendidos por Su buen sentido del humor. Dios desea que seamos felices, que mostremos nuestras emociones de manera sana y que sepamos reírnos. Te aseguro que muchas veces la risa te ayudará a enfrentar lo más difícil en tu vida. La Biblia dice, “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado consume las fuerzas”, (Proverbios 17:22, NTV).

Costoso

Nada que tenga valor en la vida viene sin algún costo. En otras palabras, sin costo no hay valor y sin valor, no hubiera un costo. El costo de una cosa es la cantidad necesaria de vida para adquirir algo, bien sea a corto o a largo plazo. Por ejemplo, alguien escribió lo siguiente acerca del costo del éxito. Dijeron que para ser exitoso se debe: “Trabajar hasta tarde, levantarse temprano, tener pocos amigos, sentirse no entendido, sentirse muy agotado, ser cuestionado, animarse aún cuando nadie lo haga y saber que vale la pena intentarlo”. En otras palabras, lo que cuesta llega a ser muy significativo. La pregunta que surge es, ¿valdrá la pena?

La respuesta puede ser muy extensa. Sin embargo, he aquí unas pautas: evalúa si el costo es necesario, nunca sacrifiques a tus relaciones más cercanas comenzando por tu familia, considera los riesgos, examina los tiempos y el contexto, estudia las inversiones y los posibles dividendos, pide el consejo de personas sabias antes de cualquier decisión, sobre todo, pídele a Dios sabiduría para hacer siempre Su voluntad. 

Dios Padre sabe lo que es pagar un precio muy alto. Le costó la vida de Su Hijo Cristo en la cruz por amor a todos nosotros. Él no puso ningún requerimiento, ni esperó nada a cambió. Sin embargo, lo dio todo por amor a nosotros. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:20,“ 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo” (NTV).

Lanzando La Piedra

Ten cuidado con la piedra que lanzas hoy porque puede ser la misma con la que tropieces mañana. El juzgar no es una buena práctica porque pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente. Si somos dados a juzgar a los demás es porque temblamos por nosotros mismos. En general juzgamos más por lo que vemos que por la inteligencia, pues todos podemos ver, pero pocos comprendemos todo lo que vemos. Como dicen: “Las apariencias engañan”. 

Hay una realidad en cuanto al juzgar: “Es mucho más difícil juzgarse uno mismo que juzgar a los demás”. Si logramos juzgarnos correctamente seremos verdaderamente sabios. Lo más fácil es lanzar la piedra al hablar, desmeritar o actuar en contra de otros solo por juzgar de manera repentina. Algunas veces juzgamos a otros por sus amigos y por sus enemigos, pero en realidad entre más se juzga, menos se ama. La verdad es que nunca podemos juzgar la vida de los demás, porque cada uno sabe de su propio dolor y de su propia renuncia. El mismo Señor Jesús dijo: “El que este libre de pecado que tire la primera piedra” (Juan 8:7b).

La Biblia dice en Mateo 7:1-2, “No juzguen a los demás, y no serán juzgados. 2 Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes” (NTV).

Encontrando El Contentamiento

Me gusta la siguiente frase que leí un día: “La felicidad no es mi destino, es la actitud con la que viajo por la vida”. Esto tiene que ver con el contentamiento. Mucha gente piensa que el contentamiento es difícil de alcanzar, porque la felicidad y la paz nunca duran. ¿Pero es esa la verdadera razón? Es común asociar un estado de satisfacción con una situación positiva. El contentamiento no es algo que venga de modo natural, se aprende. Usualmente, no es en medio de la comodidad que sentimos gratificación, sino en situaciones que nos causan problemas, temor y ansiedad.

El apóstol Pablo tuvo muchas oportunidades de aprender estas lecciones, porque su vida fue una serie de dificultades (2 Cor. 11:23-33). En sus cartas, él comparte lo que había aprendido sobre el contentamiento con la siguiente conclusión: “Enfocarse en Cristo en vez de las circunstancias”. Pablo tenía todas las razones para quejarse, porque fue encarcelado de manera injusta. Sin embargo, en su carta a los filipenses, no culpó a nadie ni se quejó. Al contrario, siguió regocijándose en Cristo porque allí es donde se encontraban su enfoque, afecto y devoción.

En resumen, debemos enfocarnos en lo que Dios está haciendo por medio de cada situación. En otras palabras, podríamos decir que Pablo evaluó sus circunstancias a través de un lente enfocado en Dios. El resultado fue el gozo y el contentamiento en toda su vida. La Biblia dice en Filipenses 4:11 , “No que haya pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que tengo” (NTV).

Tómate Un Tiempo

“Quiero un tiempo”, esta es la frase que no quieren escuchar los novios. Usualmente significa que ya quieren dar por terminada la relación. Sin embargo, el tomarse un tiempo para pensar las cosas no es nada malo. Al contrario, es benéfico en todos los sentidos. Se ha concluido que las personas que toman un tiempo para pensar antes de tomar una decisión vital en sus vidas, tienen más probabilidades de tomar la decisión correcta.

¿Qué debemos hacer cuando nos tomamos un tiempo para sopesar las cosas? Consultar con las experiencias símiles en el pasado. Evaluar nuestro presente. Examinar las personas y situaciones que serán afectadas con la decisión. Poner sobre la balanza los factores que pesan más como mi relación con Dios, con la familia y con los más cercanos. Buscar mentores que hayan pasado por el mismo camino. Pedir dirección de Dios en oración y a través de Su Palabra. Por último, esperar si es necesario hasta tener seguridad en la decisión que se debe tomar.

La paz de Dios es un termómetro clave al tomar una decisión. Sin embargo, es fácil confundir la paz de Dios con el conformismo y falta de toma de riesgos. Dios conoce tu corazón. Ten fe y sigue hacia delante. La Biblia dice en Lucas 14:28, “Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo?”, (NTV).

Con Lágrimas

¿Cuántas lágrimas no has derramado en tu vida? Muchas de ellas son provocadas por el dolor, la angustia, el duelo, la desesperación, la amargura, las pérdidas, la frustración y la rabia. También, algunas veces lloramos de gozo, paz, tranquilidad, reposo y por suma felicidad. Como dice una frase: “Las lágrimas no se deben guardar porque sino oxidan la vida”. Las lágrimas muestran nuestros más profundos y sinceros sentimientos. Ellas pueden ser como el rocío en la mañana. También pueden ser como la lluvia en sequedad. Ellas pueden ser manantial de vida mostrando que estamos vivos. También muestran lo débiles y lo fuertes que podemos ser.

Muchas veces las lágrimas son prueba de nuestra lucha como soldados en la batalla de la fe, como atletas en la carrera de la vida cristiana y como labradores en los terrenos por los cuales tenemos que sembrar. Las lágrimas son las palabras del corazón. Aunque la vida a veces es dura, esta misma trae hermosos momentos. Las lágrimas suelen ensuciarnos el rostro, pero en repetidas ocasiones, terminan por limpiar nuestro corazón.

En conclusión, aprende de todas y cada una de las lágrimas que derrames en tu vida porque detrás de cada una de ellas, hay una grata lección. La Biblia dice en el Salmo 126:6, “Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría” (NTV).

Con Todo El Corazón

Usualmente cuando las personas escuchan la expresión, “con todo el corazón” se están refiriendo al centro de las emociones que llega a dominar la razón. También se refiere a las ganas, las fuerzas y el empeño con el cual trabaja el ser humano. Una persona que hace las cosas con el corazón se esfuerza, se alienta y se desafía para salir adelante ante las circunstancias más adversas que pueda llegar a atravesar. El corazón se convierte en el símbolo y en la fuerza propulsora que muestra mucho de lo que realmente somos. Cuando nos lanzamos de corazón, saltamos los obstáculos. Muchos desfallecen ante los obstáculos porque no se han lanzado con el corazón. Alguien dijo: “lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza”.

Por naturaleza, nuestra mente, voluntad y emociones no desean servir a Dios. Somos egoístas, centrados en nosotros mismos y nos cuesta perdonar. El corazón es como un niño: siempre espera lo que desea. Podemos hacer las cosas con el corazón pero nos cuesta perdonar de corazón porque jamás se penetra por la fuerza en él. Entonces, dejémosle nuestro corazón a Dios y cuidémoslo día a día para que este saludable.
La Biblia dice en Proverbios 4:23, “sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida”, (NTV).

Simplemente, No Temas

Simplemente no temas. “No temas al tiempo, porque nadie es eterno. No temas a las heridas, te hacen más fuerte. No temas al llanto, te limpia el alma. No le temas a los retos, te hacen más ágil. No temas a equivocarte, te hace más sabio y no le temas a la soledad, Dios siempre está contigo”. Simplemente, no temas. 

Dios le dijo a Moisés, “no temas”. Años después le dijo a su sucesor Josué, “no temas”. El mismo mensaje vino a través de los profetas, jueces y reyes hacia el pueblo de Israel. Parece ser que este discurso tenía el mismo título: “No temas”. Pero ¿por qué Dios es tan insistente con ese tema? Porque el temor es paralizante y domina la mente y el corazón obstruyendo las bendiciones de Dios hacia nosotros. 

Más adelante, en la historia bíblica, los discípulos reportaron lo mismo al ser enviados por Jesús. Le dijeron: “Tuvimos temor”. Nuestro reporte diario es muy similar. Hoy te invito a que dejes el temor a un lado. Mira a Jesús. Él ha prometido estar contigo en todo momento y así será. Simplemente rechaza el temor, acepta el perdón de Dios y vive bajo Su dirección. La Biblia dice en Isaías 41:10, “No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa” (NTV).