Nadie esperaba que de Nazaret saliera algo bueno. Era una aldea pequeña, sin prestigio y sin historia notable. Sin embargo, de allí salió el Señor Jesús. El fruto más extraordinario de la historia humana nació donde nadie lo anticipaba.
Así es. Dios suele obrar en los lugares y con las personas que el mundo no considera relevantes. Además, Él no busca lo que el ojo humano ya identifica como prometedor; él trabaja con lo que está disponible, rendido y dispuesto.
Probablemente has concluido que tu historia, tu lugar y tus circunstancias no son terreno fértil para algo significativo, pero esa conclusión menosprecia la soberanía de Dios. Él produce fruto donde elige, no donde el mundo lo espera. De modo que, no subestimes el lugar donde Dios te plantó. La Biblia dice en 1 Corintios 1:27: “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”. (RV1960).