Caminar sin ver la orilla

El 4 de julio de 1952, Florence Chadwick intentó cruzar a nado los treinta y tres kilómetros del Canal de Catalina, en California. Llevaba quince horas en el agua cuando una niebla espesa le impidió ver la costa. Pidió que la sacaran. Estaba a menos de un kilómetro de la orilla. Le dijo a los periodistas: “Si hubiera podido ver la tierra, creo que lo habría logrado”. Dos meses después lo intentó de nuevo, con la misma niebla. Esta vez guardó mentalmente la imagen de la orilla y no paró y llegó.

La fe camina sin ver el final. No porque el final no exista, sino porque la visibilidad total no es la condición para la obediencia. El Señor Jesús llamó a Sus discípulos a caminar por fe, no por vista. La niebla no cambia la orilla; solo cambia lo que se puede ver desde el agua. La promesa permanece aunque las circunstancias la oscurezcan. 

Por eso, sigue nadando. La orilla está más cerca de lo que la niebla te deja ver. La Biblia dice en 2 Corintios 5:7: “(porque por fe andamos, no por vista)”. (RV1960).

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