Llamados a ir

William Carey llegó a la India en 1793 y vivió allí cuarenta y un años sin regresar a Inglaterra. No era un hombre de recursos extraordinarios: era zapatero de oficio. Aprendió bengalí, sánscrito y otras lenguas. Además, tradujo la Biblia y estableció la primera imprenta moderna en la India. Lo que lo movilizó fue una convicción simple: “el mundo no podía escuchar si nadie iba a hablar”.

Antes de la ascensión, el Señor Jesús no dejó a Sus discípulos con una institución, ni con un edificio; les dejó una misión. Recibirán poder y serían Sus mis testigos. El poder no era el fin; era el medio para el testimonio. Por eso, la iglesia no existe para acumular congregación; existe para multiplicar alcance. 

Cada creyente es enviado a algún lugar con una influencia que nadie más tiene exactamente igual. Por lo tanto, ¿a quién te envió Dios hoy? La misión siempre empieza donde estás.

La Biblia dice en Hechos 1:8: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. (RV1960).

Leave a comment