La fidelidad invisible

El 16 de julio de 1969, la misión Apolo 11 partió hacia la Luna. Mientras el mundo miraba a Neil Armstrong y Buzz Aldrin caminar sobre la superficie lunar, un tercer astronauta, Michael Collins, orbitaba solo a bordo del módulo de comando Columbia. Collins no pisó la Luna. Su nombre rara vez aparece primero. Pero sin él manteniendo el módulo en órbita estable durante más de veintiún horas de espera, Armstrong y Aldrin no habrían tenido adónde regresar. Su fidelidad invisible hizo posible el regreso.

De la misma manera, Dios honra la fidelidad que nadie aplaude. El servicio que no aparece en los titulares, la oración que nadie escucha, la obediencia discreta que sostiene lo que otros ven. El reino de Dios avanza sobre una red de fidelidades invisibles que muy pocas personas conocen, pero que Dios ve con total claridad.

Si hoy sientes que tu trabajo pasa inadvertido, no lo subestimes. Lo que se construye en lo oculto suele ser lo que sostiene lo que todos admiran. Dios no mide el valor por la visibilidad; lo mide por la fidelidad.

La Biblia dice en Lucas 16:10: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel”. (RV1960).

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