La misericordia como práctica diaria

El término hebreo hesed, que aparece más de doscientas cincuenta veces en el Antiguo Testamento, no tiene traducción perfecta al español. Se vierte como misericordia, amor leal o bondad, pero su fuerza es mayor: describe una lealtad comprometida que permanece aunque no sea correspondida. Es el amor que no se va aunque tenga razones para irse.

Cuando se publicaron los diarios privados de la madre Teresa de Calcuta después de su muerte en 1997, el mundo quedó desconcertado: durante casi cincuenta años había experimentado una oscuridad espiritual interior profunda, una sensación de ausencia de Dios. Siguió sirviendo, siguió amando, siguió siendo hesed hacia los más pobres incluso cuando nada de lo que sentía la impulsaba a hacerlo. La misericordia como práctica no depende del estado emocional; depende de la convicción.

¿Con quién puedes ser hesed hoy? ¿A quién puedes ofrecer lealtad sostenida aunque hubiera razones para retirarla? Esa fidelidad que persiste sin depender del ánimo es una de las formas más altas del amor de Dios vivido en lo humano.

La Biblia dice en Miqueas 6:8: “Solamente hacer justicia, amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. (RV1960).

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