Durante la Segunda Guerra Mundial, el cirujano neozelandés Archibald McIndoe fue destinado al Queen Victoria Hospital en East Grinstead, Sussex, para tratar a los pilotos de la RAF con quemaduras graves en el rostro y las manos. McIndoe no solo reconstruyó cuerpos con técnicas quirúrgicas pioneras; creó una comunidad donde los pacientes eran tratados como personas íntegras: salían al pueblo local, eran presentados a las familias del lugar, participaban de la vida normal. Los habitantes de East Grinstead llegaron a conocerse como “El pueblo que no miraba”. Aquel pequeño entorno transformó para siempre el estándar de atención médica humanizada.
El Señor Jesús trabajó con doce personas. No con multitudes permanentes, sino con un grupo pequeño al que formó profundamente y al que confió el inicio de Su obra en el mundo. La fe que transforma al mundo rara vez comienza en estadios; comienza en grupos pequeños donde hay amor real y compromiso genuino.
Por tanto, invierte en las relaciones cercanas con la misma seriedad con que persigues los propósitos grandes. El impacto que Dios multiplica suele empezar en lo íntimo. La Biblia dice en Mateo 18:20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (RV1960).