Louis Zamperini, atleta olímpico convertido en soldado durante la Segunda Guerra Mundial, sobrevivió cuarenta y siete días a la deriva en el océano Pacífico tras el hundimiento de su avión, enfrentando tormentas, tiburones y hambre extrema. Sobrevivió la balsa, pero años después reconoció que la verdadera sanidad llegó al aprender a perdonar a sus captores.
Hay tormentas que amenazan con quitarlo todo, pero no pueden arrebatar aquello que Dios sostiene en el interior de una persona. El Señor Jesús calmó una tormenta literal con una sola palabra, mostrando autoridad sobre las circunstancias externas y también sobre el temor interno de Sus discípulos.
Tal vez una temporada difícil te quitó mucho más de lo que estabas dispuesto a perder, pero considera con honestidad qué permanece intacto a pesar de todo lo demás. Ese remanente firme suele ser exactamente lo que Dios usa para restaurar el resto de tu vida.
Lo esencial permanece aunque la tormenta arrebate lo demás.
La Biblia dice en Marcos 6:50: “Pues todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: Tened ánimo; yo soy, no temáis”. (RV1960).