El ojo de la tormenta

En el centro exacto de todo huracán existe una región conocida como el ojo, donde los vientos se calman por completo y el cielo puede incluso despejarse, mientras a su alrededor continúan girando las bandas más violentas de la tormenta. Los pilotos que estudian huracanes describen ese lugar como una calma casi inexplicable en medio del caos total.

La presencia de Dios funciona como ese centro inmóvil en medio de la tempestad más intensa. El Señor Jesús ofreció Su paz precisamente en contextos de mayor turbulencia, una paz que no depende de que el viento exterior se detenga, sino de permanecer cerca del centro donde Él habita.

Al cerrar este mes, permite que Dios sea tu centro estable, sin importar cuántas bandas de tormenta sigan girando alrededor de tu vida en este momento.

Firmes en la tormenta, porque Dios es el centro que no se mueve.

La Biblia dice en Salmos 91:1-2: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré”. (RV1960).

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