Fe heredada

Timoteo no llegó a la fe por su cuenta. Pablo se lo recuerda con una frase breve, pero cargada de peso al decirle: la fe que hay en ti habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice. No hay milagro registrado, ni sermón famoso. Solo dos mujeres que, generación tras generación, sostuvieron algo que después le pertenecería a él.

Así funciona casi siempre la herencia espiritual. No por decreto, sino por costumbre, por una Biblia leída en voz alta, por una oración repetida tantas veces que termina habitando también en quien la escucha. Muchos creemos hoy no porque investigamos la fe desde cero, sino porque alguien, antes, decidió no soltarla.

Algo se está sembrando ahora mismo en los que vienen detrás, aunque todavía no se note. Es decir, en un hijo, un sobrino, un nieto los cuales no necesitan un discurso perfecto sobre Dios; necesitan ver una fe sostenida en lo cotidiano y sin adornos. Eso es lo único que de verdad se hereda.

Por lo tanto, da gracias hoy por quien te entregó su fe sin saber cuánto duraría en ti y pregúntate a quién se la estás entregando tú. La Biblia dice en 2 Timoteo 1:5: “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice”. (RV1960).

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