Libertad declarada

Cada pueblo se libera a su manera. Unos con un acta firmada de madrugada; otros, con años de resistencia; otros, con una frase gritada desde un púlpito. En todos los casos hay un momento anterior a la libertad misma: cuando alguien decide que ya no puede seguir viviendo como hasta entonces.

Esta semana, varios países de América Latina recuerdan el día en que dejaron de pertenecerle a otro. No fue un proceso limpio ni instantáneo; costó vidas y años, y en algunos casos la libertad declarada tardó todavía más en volverse libertad vivida. Pero hubo una fecha, un acta, un grito que marcó el antes y el después.

La libertad que Cristo ofrece sigue ese patrón. No es automática solo porque se proclamó en una cruz; hay que apropiársela, sostenerla, negarse a volver a las cadenas viejas aunque a veces parezcan más cómodas que la libertad recién estrenada. Pablo se lo advirtió a los gálatas: estad, pues, firmes.

Hoy, mientras varias naciones celebran su independencia, toca preguntarte si vives como alguien libre, o como alguien que solo tiene el papel que lo certifica.

La Biblia dice en Gálatas 5:1: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. (RV1960).

Leave a comment