La noticia no había llegado

El 15 de septiembre de 1821, Centroamérica entera quedó libre de España. Pero en Costa Rica nadie lo sabía todavía. La provincia siguió funcionando exactamente igual —las mismas autoridades, la misma rutina colonial— porque la noticia viajaba desde Guatemala en el lomo de una mula, y el camino era largo.

El mensaje llegó a Cartago hasta el 13 de octubre. Solo entonces los costarricenses se enteraron de que, técnicamente, llevaban casi un mes siendo libres sin haberlo sabido ni vivido como tal. Todavía tardarían dos semanas más en reunirse y firmar su propia acta de adhesión, el 29 de octubre.

Algo parecido le ocurre a muchos creyentes con la libertad que Cristo ya ganó en la cruz. El perdón quedó firmado hace dos mil años; la culpa dejó de tener autoridad legal sobre quien está en Cristo. Y sin embargo, hay quienes siguen viviendo bajo el mismo peso de siempre, rindiendo cuentas a un imperio que ya no gobierna, simplemente porque la noticia nunca terminó de llegarles del todo.

La libertad firmada en la cruz no cambia nada en una vida hasta que esa vida se entera de que ya es libre.

La Biblia dice en 2 Corintios 3:17: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. (RV1960).

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