Soltar para seguir vivo

Cada otoño, los árboles de hoja caduca hacen algo que a simple vista parece una pérdida. Antes de que llegue el frío, forman en la base de cada hoja una delgada franja de células, llamada capa de extirpación, que poco a poco la separa de la rama. Primero recuperan los nutrientes que pueden guardar; después sueltan la hoja, y una capa protectora sella el lugar donde estaba. Según los especialistas, así el árbol conserva el agua y la energía que necesitará para atravesar el invierno.

Lo que el árbol hace por instinto, el creyente aprende a hacerlo por fe. Hay costumbres, cargas y hasta planes que ya cumplieron su propósito, y aferrarse a ellos solo agota el alma. El Señor Jesús enseñó que el Padre limpia al pámpano que da fruto para que lleve más fruto. Por eso, no todo lo que cae es pérdida; muchas veces es preparación.

Al comenzar este recorrido de octubre como peregrinos, detente antes de dar el primer paso. Pregúntale al Señor qué necesitas soltar para seguir caminando con Él. Hazlo sin miedo, porque Dios sabe sellar la herida y guardar lo que de verdad necesitarás en la próxima estación. Peregrinos en camino, porque Dios guía cada estación.

La Biblia dice en Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. (RV1960).