Solitud

¿Te has puesto a pensar en cómo hubiese sido tu vida hace 100 años? Algunos comentan que la vida era mucho más simple porque no habían tantas distracciones. No tendríamos televisión, internet, video juegos, redes sociales y mucho más. En estos momentos nuestra sociedad está experimentando el asolamiento social por causa del posible contagio a través del contacto físico o corporal. Hay personas que se encuentran en cuarentena y otros quienes se encuentran asolados porque están padeciendo del Coronavirus o son prospectos de tenerlo hasta probar lo contrario. 

Sin embargo, la “solitud” puede ser buena aunque no producida por una crisis mundial como esta. No obstante, la solitud nos predispone a tomar un tiempo para detenernos, escuchar la voz de Dios y confiar en Sus promesas. La solitud es simplemente definida como un momento apartado en soledad y libre de distracciones. 

Usemos estos tiempos de distanciamiento social para acercarnos a Dios. Separa un tiempo para estar a solas en Su presencia y tu vida nunca más será igual. La Biblia dice en el Salmo 46:10, “«¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios! Toda nación me honrará. Seré honrado en el mundo entero»” (NTV).

Perder Una Batalla, Pero No La Guerra

“Podemos perder algunas batallas, lo que no podemos permitir es que el espíritu de derrota se apodere de nosotros como si la guerra ya estuviese perdida”. En esta vida es necesario perder algunas batallas para poder aprender. Hay que entender que antes de entrar en una batalla debemos creer en el motivo de la lucha. Habrán batallas que no vale la pena pelear y otras que con tenacidad y perseverancia se deben conquistar. 

Evalúa tus batallas y hazte las siguientes preguntas: ¿Vale la pena emprender esta batalla? ¿Cuál es el motivo? ¿Es necesario pelearla o dejarla ir? ¿Cuáles son las personas o relaciones que saldrán afectadas con esta lucha? ¿Qué entrenamiento, experiencia y respaldo tengo para pelear? ¿Cuáles serán todos los costos? ¿Cuál será el beneficio de ganarla o de perderla? Estas son solo algunas preguntas que te ayudarán a emprender o no las batallas en tu vida. 

Dios nos recuerda una y otra vez que cuando estamos en Su voluntad, Él es quien pelea nuestras batallas. La victoria y la gloria seguro que siempre estarán de tu lado, porque le pertenecen a Él. De tal forma que, deja que Él pelee tus batallas, ¿lo dejarás pelear por ti? La Biblia dice en Jeremías 15:20, “Pelearán contra ti como un ejército en ataque, pero yo te haré tan seguro como una pared de bronce fortificada. Ellos no te conquistarán, porque estoy contigo para protegerte y rescatarte. ¡Yo, el Señor, he hablado!” (NTV)

Todos Quieren Ganar

Desde que estamos pequeños nos gusta ganar. Nos fascina ganar en los juegos, estar en el equipo ganador y experimentar el sentimiento de triunfo. Mi hijo me lo recuerda constantemente cuando una vez me dijo, “es que todos queremos ganar papá”. La verdad es esa. Todos, lo digamos o no, queremos ganar. 

Dios nos diseñó con la capacidad de crear, diversificar para poder ganar. Queremos ganar en los deportes, en las relaciones personales, en los conflictos, en los negocios. Queremos ganar posición, fama y muchas veces reconocimiento y reputación. Es más, lo que más quiere ganar la gente es dinero. Pero, la realidad es que aunque siempre se quiera ganar, muchas veces se pierde. Debemos pedirle a Dios que nos ayude a ganar lo que Él desea que ganemos. El adquirir una cosa, relación o dinero, generalmente requiere de trabajo y esfuerzo diligente.

Nada que valga la pena ganar vendrá fácilmente. Así que si quieres ganar constantemente, déjame decirte que tienes que trabajar en tu vida personal, relacional, laboral, emocional y espiritual. La Biblia dice, “los malvados se enriquecen temporalmente, pero la recompensa de los justos permanecerá”, (Proverbios 11:18, NTV).

Restauración

Cualquiera que ha restaurado un viejo mueble sabe que es mucho trabajo. Por ejemplo, ponerse los guantes, poner los químicos, lijar la pintura vieja, perfeccionar la pieza, pintarla de nuevo, en fin, es todo un proceso. Después de algunos días usualmente se tiene una pieza linda y lista para ser reusada.

De la misma manera, el restaurar una relación toma un trabajo arduo. El dar el primer paso, el hablar, el confesar, el perdonar, entre otras acciones, no es nada fácil. Remover el resentimiento, las heridas y la falta de confianza puede restaurar una relación a su estado original de gloria. Las Escrituras nos instan a hacer todo lo que sea necesario para restaurar nuestras relaciones con los demás. Es algo duro de implementar.

Afortunadamente, tenemos el mejor modelo de reconciliación que pueda existir. Dios envió a Su único Hijo para que nosotros pudiéramos ser perdonados y tener una relación restaurada con Él. Sigamos el ejemplo de Dios en dar el primer paso hacia la reconciliación. La Biblia dice en Romanos 12:10,21, “10 Ámense unos a otros con un afecto genuino y deléitense al honrarse mutuamente… 21 No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien” (NTV).

Todo Lo Que Necesitas

“Si Dios es todo lo que tienes, entonces tienes todo lo que necesitas”. ¿Lo tienes? Muchas personas lo tienen todo y a su vez, no tienen nada. Pasan su vida acumulando bienes, estudios, estatus, poder y fama. Sin embargo, siguen teniendo un vacío en sus corazones. 

Tratan una y otra cosa para ser felices. Buscan el afirmar su identidad en relaciones, posesiones y situaciones. Tratan de poner una cara feliz cuando por dentro se están desmoronando. Lo tienen todo, pero se sienten como si no tuvieran nada. Corren incansablemente y se cansan desmedidamente. Fallan y se levantan, pero en algunas veces, no desean levantarse. Se desviven por sus ideales, pero estos son cambiados constantemente. Son como una veleta que es arrastrada por el viento llevando la embarcación de sus vidas por un océano profundo lleno de posibilidades que se convierten en imposibilidades. 

Tienen todo lo que necesitan, pero viven con mucha necesidad. El alma de ellos gime por significado, por propósito y carece de pasión. ¿Por qué? Han buscado todo menos a Jesús. De modo que si Dios es todo lo que tienes, entonces, es todo lo que necesitas. ¡Te lo aseguro! La Biblia dice en 2 Corintios 9:8, “Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra para compartir con otros” (NTV).

Detrás Mío

Un joven pasó de largo por la puerta al entrar a una tienda llevando en su mano la pelota de softball que había comprado mientras sus amigos le esperaban en el parque para su juego. Estaba tan de prisa que no se dio cuenta de la señora que venía detrás de él. Ella traía a un bebé en una mano y muchas bolsas en la otra. El joven no detuvo la puerta al salir y le pegó directamente a la mujer haciéndole caer todas las bolsas que cargaba. Cosas como los biberones del bebé, diminutos juegos, pañales y diferentes artículos salieron volando hasta la calle. El bebé comenzó a llorar asustado y el joven volteó rápidamente diciéndole a la mujer: “perdón, no sabía que venía detrás mío. La señora le dijo: está bien, algunas veces yo tampoco presto atención”.

El joven ayudó a la mujer a recoger todas sus cosas. Al recogerlas, el joven pensó en la frase, “algunas veces yo tampoco presto atención”. Él se puso a pensar en las innumerables ocasiones que no prestaba atención en su vida diaria. Pensó en que pudiera haber dejado que la mujer pasara y nada de esto hubiese pasado. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida cotidiana? ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida espiritual al no prestar atención a Dios?

Debemos prestar más atención a nuestros alrededores para ayudar a otros. Pero también debemos estar alerta a la voz de Dios. Probablemente Él nos abre la puerta muchas veces y nosotros no queremos entrar. La Biblia dice en 1 de Tesalonicenses 5:6, “Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos”, (NTV).

A Punto De Decaer

En 1952, Edmund Hillary intentó escalar el monte Everest y se cayó justo antes de llegar a la cima de la montaña. Unas semanas más tarde mientras hablaba en un evento, se puso de pie en el borde del escenario y señalando a la imagen dijo en voz alta: “Monte Everest, tú me venciste la primera vez pero no me vencerás la segunda vez, porque tú ya has crecido todo lo que tienes que crecer, pero yo aún sigo creciendo”. Un año después, el 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary fue el primero en llegar a la cima del Monte Everest.

Cuando estés a punto de decaer, pide fuerzas a Dios y sigue adelante. No renuncies ni te des por vencido porque grandes cosas esperan a los que confían en Dios. Puede que estés a punto de decaer en tu vida física, emocional o espiritual. Puede que estés a punto de decaer en un negocio, proyecto, trabajo o estudio. Puede que estés a punto de decaer ya llegando a la cima de la montaña donde te ha costado tanto escalar. No mires hacia abajo porque te caerás. Mira hacia arriba donde está Dios. Él te ayudará para que no decaigas cuando estás a punto de llegar.

Busca tus fuerzas en Dios y aunque hayas decaído recuerda que ese monte ya ha crecido todo lo que tiene que crecer, pero tú aún sigues creciendo. La Biblia dice en el Salmo 31:19, “Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen, y que a la vista de la gente derramas sobre los que en ti se refugian”, (NVI).

Sin Fuerzas

¿Te has sentido alguna vez sin fuerzas? ¿Te has sentido como si no pudieras seguir adelante? ¿Te has sentido sin ganas de levantarte de la cama y de emprender el día? Creo que todos sin excepción nos hemos sentido alguna vez sin fuerzas. Algunos literalmente sin fuerzas físicas, pero otros ya no tienen nada de fuerza emocional o espiritual para proseguir. Si te has sentido de esta manera déjame decirte que hay buenas noticias. ¡No eres el único que se ha sentido así! En una estadística reciente, se arroja que más del 60 por ciento de la población menciona el haber perdido sus fuerzas emocionales. Parece ser que las enfermedades del siglo XXI son más de carácter emocional que de carácter físico. 

Pero, ¿qué hacer ante esta situación? Reconocer que el quedar sin fuerzas no es ajeno al ser humano, y por lo tanto, se debe identificar cuando te sientas de esta manera. En segundo lugar, debes levantarte por obediencia y compromiso buscando ayuda. Muchas veces una simple conversación con alguien maduro, unas palabras de aliento o una oración, pueden cambiar la manera como te sientes. Además, pídele a Dios que multiplique tus fuerzas. Él se place en fortalecernos, alentarnos y suplir nuestras carencias físicas, emocionales y espirituales. La Biblia dice en Isaías 40:29, “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (RV1960).

Qué Inmenso Amor

Hay un himno de antaño que resuena en mi mente titulado: “Oh que amor, que inmenso amor, el de mi Salvador”. Es un amor sin comparación. Todas las manifestaciones terrenales que se puedan parecer al amor de Dios le quedan cortas a Su amor. El amor de una madre, de un padre, de familiares, de pareja, de amigos etc. Todas estas expresiones de amor dependen de Dios, porque Él es la manifestación máxima del amor ya que Él es amor.

Nuestro Dios no contiene pequeñas dosis de amor, Él es en sí amor. Su amor es inagotable, es eterno, es incondicional e inquebrantable. Su amor no tiene límites. ¿Has experimentado este tipo de amor? Si no lo has vivido, nunca es tarde. El amor de Dios está disponible en todo tiempo y se transfiere de generación en generación. El amor de Dios es vivencial, trascendental y fundamental. Su amor es vital. Es más, aquel que no ha conocido este tipo de amor, se ha perdido de lo mejor en la vida.

Hoy Dios nos abraza con Su inmenso amor. No importa la situación que estés pasando, descansa en el amor de Dios. Él desea darte este tipo de amor, ¿lo quieres o lo rechazas? La Biblia dice en 1 Juan 4:10, “10 En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados” (NTV)

Entrega

“El que se entrega por completo, jamás regresa entero”. Esta es una gran verdad. La entrega en sí misma es la representación palpable del amor. La entrega muestra nuestra disponibilidad, nuestro compromiso, nuestra perseverancia, nuestra determinación e inspira toda nuestra confianza. La entrega muestra la justicia del amor y desemboca como resultado el cariño y la aceptación. En otras palabras, la entrega es esencial para la vida. De modo que, ¿cómo está tu entrega?

Si te cuesta entregar de tu tiempo, de tus talentos y de tus tesoros, quiere decir que eres un poco egoísta. La entrega es el antídoto del egoísmo y la medicina para el orgullo. La entrega es la representación máxima del servicio y la expresión real de cualquier palabra. La entrega muestra la devoción y responsabilidad, pero también forja el carácter y la confiabilidad. 

Dios mismo es un “ejemplo de entrega”. Él lo entregó todo sin ser egoísta. Él renunció a Su misma gloria por amor a nosotros. Entonces, ¿cómo puedes mejorar en tu entrega a Dios y a los demás? La Biblia dice en Gálatas 2:20, “20 Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí” (NTV).