Mi Copa

¿Has visto una copa rebosante? Son aquellas copas que están llenas y se derrama el líquido desbordándose por encima de ellas. Usualmente sucede con bebidas que tienen gas, el cual las hace rebosantes. En lo particular me gusta ver los vasos rebosantes. No me gusta ver los vasos o copas a medias. Las cosas a medias no funcionan igual. Dios quiere que seamos rebosantes. Él no desea llenarnos a medias. Él desea llenarnos completamente. El ser lleno del Espíritu es ser controlado por Dios en nuestro caminar de la fe.

No se habla de una llenura como la de un vaso, sino del control del vaso, es decir, de nuestra vida. Sin embargo, en una manera más práctica ¿de qué cosas deseas que Dios llene en tu vida? ¿cuáles son los vacíos que Él puede llenar? ¿cuáles son las áreas que Él puede suplir? Él desea que estemos llenos, completos y felices. Él desea que nuestro corazón sea saciado por Él, que nuestras acciones sean controladas por Él y que confiemos nuestro presente y nuestro futuro en Sus manos.

De modo que, Dios desea llenarte con Su amor, con Su bondad y con todo lo que emana de Su ser. La pregunta es ¿te dejarás llenar por Él? La Biblia dice en el Salmo 23:5, “Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. (NVI).

La Vida Es Buena

¡Qué bonita es esta vida! Es una frase que he escuchado en canciones, que he leído en poemas y que la he dicho personalmente. La vida es bella y buena cuando entendemos que cada circunstancia que vivimos es parte de una gran travesía de y una jornada en la cual aprendemos constantemente. La vida es buena porque aunque nosotros no seamos completamente buenos, hemos sido recipientes de bondad. 

La vida es buena con sus altos y bajos, con sus desafíos más constantes y con las batallas más frustrantes. La vida es buena porque está llena de colores, de sabores y sin sabores. La vida es buena porque hay personas lindas, personas conflictivas, personas excéntricas y personas en las cuales se puede confiar. La vida es buena porque está llena de frustraciones, de pruebas y vicisitudes, pero también está llena de alegrías, victorias y gratas conquistas. 

La vida es aún más buena cuando hemos aprendido de las experiencias de otros, las cuales no nos cuestan. La vida es buena cuando aprendemos de los errores, de las angustias, de las enfermedades y de las constantes preocupaciones. La vida es aún más buena cuando encontramos el propósito para el cual fuimos creados y así poder servir a los demás. Sobre todo la vida es muy buena cuando encontramos a Jesús, ¿lo has encontrado? La Biblia dice en 2 Corintios 5:7, “porque por fe andamos, no por vista” (RV1960).  

Alegría

“Alegría hay en mi corazón porque Cristo me salvó”. Esto es lo que dice un canto antiguo. Sin embargo, parece ser que las circunstancias de la vida tienden a atacar esa alegría y gozo que debe reinar en nuestros corazones. Por ejemplo, si eres un seguidor(a) de Cristo, reconoces que el final de esta vida no lo es todo y que tenemos una vida eterna. No obstante, el alegrarnos en la esperanza que tenemos suele ser desafiante cuando enfrentamos pruebas, luchas, enfermedades, aflicciones, pérdidas y circunstancias adversas. 

Lo bueno es que la alegría que profesamos como seguidores de Cristo, no es una alegría temporal y circunstancial, sino una alegría permanente a través de Jesús. Como dicen por ahí: “Si bien es cierto que las alegrías suelen ser cortas, tampoco nuestros pesares son muy largos”. La alegría en el caminar de la fe está basada en la esperanza que tenemos en Cristo Jesús. La alegría está basada en el contentamiento de saber que Jesús está en control de cada circunstancia de nuestra vida por más adversa que esta parezca ser. 

De modo que debemos recordar la fuente de nuestra alegría y el poder la de misma que radica en Cristo Jesús. La Biblia dice en Romanos 12:12, “12 Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración” (NTV).

No Puedes Retroceder El Tiempo

“No puedes retroceder el tiempo, pero con una actitud correcta podrás recuperar en el futuro más de lo que perdiste en el pasado”. En otras palabras, no puedes cambiar tu pasado, pero sí la actitud con la que enfrentas tu presente y esperas el futuro. Como dicen por ahí: “El tiempo contesta tus preguntas o hace que ya no te importen las respuestas”. El juez llamado tiempo se encargará de poner todas las cosas en su lugar.

En relación a eso, leí lo siguiente: “Yo amo es tiempo presente, yo amé es tiempo pasado, yo amaré es tiempo futuro y amar sin ser amado es tiempo perdido”. Esto nos habla de la trascendencia del amor en el tiempo. No importa si fue ayer, si lo es hoy o lo será mañana, el amor lo trasciende todo. Así que, aunque no puedas retroceder el tiempo, sí puedes amar en tiempo y fuera de tiempo.

Debemos orar para que Dios sea nuestro reloj y Su voluntad sea nuestro caminar. Entonces ¿te encuentras haciendo la voluntad de Dios? ¿esperas tu futuro en Sus manos? La Biblia dice en Génesis 28:15, “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (NTV).

Darnos A Nosotros Mismos

Jesús dijo: No he venido para ser servido, sino para servir y para dar mi vida en rescate por muchos (Mateo 20:28). Entonces, la clave de la vida no es vivir para uno mismo, sino vivir para servir a los demás. El significado de nuestra vida radica en ser trascendentes al servir con nuestros dones y talentos durante el tiempo de nuestra existencia. Como alguien bien lo dijo:  Lo que doy, me lo doy. Lo que no doy, me lo quito. Nada para mí que no sea para otros. Me llamó la atención esta frase, porque si no damos de nosotros mismos, nos estamos robando el privilegio de descubrir la bendición que podemos ser para los demás. 

Solo aquel que sirve a los demás descubre su razón de existencia, porque el servir a los demás hace sentir lleno el corazón. Cuando alguien no sabe su razón de existencia o propósito de vida es quizá porque no esta sirviendo a alguien o a algo más. Siempre he pensado que la mejor manera de encontrarse a sí mismo es perderse en el servicio a los demás. 
Si eres un seguidor(a) de Jesús, entonces el servir con humildad y de corazón a los demás es el mejor camino de honrarle a Él. La Biblia dice en Juan 12:26, “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (NTV)

Discernir

John Verdon dijo lo siguiente: “No creemos lo que pensamos porque vemos lo que vemos, sino que vemos lo que vemos porque pensamos lo que pensamos”. Esto nos habla de un término en especial llamado “discernimiento”. El discernimiento es la habilidad de obtener una percepción adecuada de las cosas para poder elegir y juzgar bien. El discernimiento está conectado con la moralidad y un buen sentido del uso común.

Una persona que discierne bien elige correctamente tomando buenas decisiones, no se apresura en hacer cambios drásticos, es cauteloso(a) con sus palabras, no emite un concepto rápido en referencia a otras personas y trata de analizar cuidadosamente los movimientos que hace en su vida, entendiendo que estos pueden afectar a los demás.

En otras palabras, los que poseen discernimiento saben cuánta diferencia puede mediar entre dos palabras parecidas, según los lugares y las circunstancias que las acompañen. De modo que, todos necesitamos discernimiento, por lo tanto, debemos pedírselo a Dios. La Biblia dice en Salmo 119:66 , “Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en tus mandamientos” (BLA).

Pérdida De Atención

¿Has sufrido de la pérdida de atención? ¿Has quedado mal en algo o con alguien por la pérdida de atención? Las estadísticas arrojan que alrededor de un 10 a un 14% de la población mundial padece de la pérdida de atención. Esto es un número alarmante dado a que muchos ignoran dicha realidad. 

La pérdida de atención nos hace poco infructuosos, poco eficientes y nos acarrea múltiples desafíos en la vida. La pérdida de atención causa problemas académicos, laborales y relacionales. Lo más interesante es que la mayor parte de las personas que padecen de esta psicopatología no saben que padecen de la misma siendo una condición clínica. 
Pero ¿qué decir de las personas, situaciones y circunstancias donde no prestamos atención simplemente por no querer hacerlo? ¿Qué decir de las etapas donde necesitábamos concentrarnos y no prestamos la atención debida? Medita por unos minutos en las cosas, personas o situaciones que requieren más de tu atención. Atesora los mejores momentos, aprecia los mayores esfuerzos y aprende de cada uno de tus sacrificios. Cuando prestas atención más detenidamente te darás cuenta que de las simplezas y pequeñeces surgen las más grandes lecciones y experiencias. Sólo abre tus ojos y presta atención que Dios puede estarte hablando y tú no lo estas escuchando.   La Biblia dice en Hebreos 2:1, “Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos desviemos de ellas” (NTV)

No Me Digas Nada

“No me digas nada, no quiero escuchar a nadie”. Son palabras que han salido de nuestros labios en momentos de euforia, de frustración y de enojo. Son palabras que surgen como defensa y protección en momentos donde sentimos desolación. Son palabras de auto protección o de auto conmiseración en muchos de los casos. 

Cuando decimos: “No me digas nada, lo que queremos decir es que no estamos dispuestos a escuchar”. Muchas veces es bueno no decir ni escuchar nada, pero después de un tiempo consecuente, donde se ha hallado la cordura, es importante estar dispuesto a escuchar de nuevo. Entonces, ¿te has cerrado completamente para escuchar lo que otros tienen para decir o abrirás tus oídos una vez más? Sobre todo, ¿abrirás tus oídos para escuchar la voz de Dios?

Muchas veces con nuestras actitudes le decimos a Dios: “No me digas nada cuando Él quiere decirlo todo”. ¿Estas dispuesto(a) a escuchar la voz de Dios? Quizá no lo has querido escuchar. Abre tus oídos y escúchale. La Biblia dice en Santiago 1:19, “Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse” (NTV)

Héroes No Nombrados

La vida está llena de héroes no reconocidos. Me refiero a aquellos que son fieles, siervos, abnegados, sacrificados, determinados y que dan el todo de sí por otros sin esperar ningún tipo de recompensa. En nuestros días, dichos héroes son aquellos que responden primero a los desastres naturales o accidentes, los militares que arriesgan sus vidas, los vecinos que intervienen en tiempos críticos, los maestros quienes con sus palabras cambian el rumbo de una vida en particular, los doctores, psicólogos, misioneros, ministros y muchos más quienes no esperan el ser nombrados, pero que dan el todo de sí.

La Biblia está llena de héroes no reconocidos. Uno de los más prominentes es José, el esposo de María y padre terrenal de Jesús. Se nombra en los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas durante el nacimiento de Jesús, pero desaparece de la escena cuando Jesús inicia su ministerio. Sin embargo, podemos inferir que él tuvo una tarea muy difícil al pastorear a María y a Jesús en los momentos tan críticos después de su nacimiento. José fue un hombre entregado a la Palabra de Dios (Mateo 1:20-25). Debido a la formación tan especial que vemos en Jesús a la edad de doce años (Lucas 2:41-52), José tuvo que haber invertido emocional y espiritualmente en Él de una manera excepcional.

Así que, “arriba a los héroes no reconocidos”, aunque otros no los ven, Dios sí los ve. La Biblia dice en 2 Timoteo 2:13, “Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es” (NTV).

Dos Actitudes Hacia Dios

En resumidas cuentas, hay dos actitudes comunes al referirse a Dios: “Unos lo honran y otros lo odian”. ¿Por qué? Dios mismo dice que algunos le servirán y otros no lo honrarán. El Salmo 50 dice que todos los que odian a Dios lo ignoran y se olvidan de Él (v.22). El salmista también habla de los que aman Su instrucción o de los que la rechazan.
En nuestros días vemos las consecuencias nefastas de aquellos que deciden ignorar las instrucciones de Dios. Usualmente aquellos que lo ignoran viven en constante conflicto, en un abrumador desosiego y en una batalla que no pueden parar ya que brota de ellos mismos. Los que ignoran la instrucción de Dios se jactan en sí mismos, se apoyan en su propia prudencia y se jactan en su propia opinión.

Y tú, ¿cuál actitud posees? ¿Honras a Dios o le ignoras completamente? Si le honras, puedes experimentar el cumplimiento de las promesas que son reales y seguras para aquellos que le aman y le siguen. Por ejemplo, Él ha prometido suplirte las necesidades, estar contigo en todo momento y trabajar las cosas a tu favor en Su voluntad. Entonces, ¿deseas seguirle? Te aseguro que no te arrepentirás. La Biblia dice en Deuteronomio 30:19a, “19 »Hoy te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre bendiciones y maldiciones. Ahora pongo al cielo y a la tierra como testigos de la decisión que tomes” (NTV)