Una Buena Sacudida

¿Has experimentado una sacudida? Bien sea en un barco, un terremoto, un accidente automovilístico, etc. En fin, son esos momentos que no esperas, pero la sacudida llega inesperadamente y sorpresivamente. Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. Si queremos que todo siga como está, sería necesario el cambio, porque aunque pensemos que no hay cambios, todo en este mundo es cambiante. 

¿Qué decir de los momentos donde tenemos una sacudida física o emocional? Es decir, una enfermedad inesperada o una situación emocional no deseada. Son esos momentos donde parece que todo se encuentra estable y de repente se sacude todo de una manera impresionante. Muchas veces esas sacudidas producen grietas, escombros y parece que todo se ha derribado o terminado. Sin embargo, no es el fin del mundo, puede ser el comienzo de uno nuevo. 

Muchas veces una buena sacudida es necesaria para recordarnos que estamos vivos, que no tenemos control de todo y que de vez en cuando una estremecida es necesaria para despertarnos, animarnos y desafiarnos. Como dijo Steve Jobs: “Cada día me miro en el espejo y me pregunto: Si fue hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta es no, sé que necesito cambiar algo”. La Biblia dice en Ezequiel 36:26, “26 Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo” (NTV).

¿Qué Clase De Semilla Siembras?

Por algún tiempo mi familia y yo guardamos algunas semillas que habíamos comprado para sembrarlas cuando se presentara la oportunidad. Un día, me dio por comprar la matera donde sembrarlas y llegué emocionado a emprender la siembra con mis hijos. Así que abrimos las bolsas de tierra, las depositamos en la matera y esparcimos las semillas sembrándolas rápidamente.

Después de regar las semillas diariamente por unas semanas, mi esposa nos preguntó qué habíamos sembrado. De todas las semillas que teníamos, no pudimos recordar con precisión las que habíamos sembrado. Así que poco a poco nos estamos dando cuenta qué fue lo que realmente sembramos. 

Así nos pasa muchas veces en la vida. Quizá no recordemos con precisión todo lo que hemos sembrado, pero si nos daremos cuenta con el tiempo cuál será el fruto de nuestra siembra. No hay manera que sembremos una semilla y se produzca un fruto diferente. Esto iría en contra de las leyes de la naturaleza humana y también aplica en las leyes espirituales. La pregunta que surge es, ¿qué estamos sembrando hoy para recoger mañana? . En otras palabras, “recogemos lo que sembramos”. La Biblia dice, “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra”, (Gálatas 6:7, NTV).

Que Tú Amor No Se Aparte De Nosotros

Una de las oraciones matutinas de San Agustín dice lo siguiente: “Al comenzar un nuevo día, te alabamos Señor, por tu infinita misericordia, por un día más que nos regalas la vida, el aire y el sol. Permítenos caminar hoy en tu presencia, líbranos de todos los males y haz que seamos de provecho y ayuda para todos los que nos rodean. Con toda la creación, esta mañana te alabamos y te pedimos que tu amor no se aparte nunca de nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor, amén”.

Me llamó la atención que esta oración incluye una frase que debe estar todas nuestras oraciones: “Que tu amor nunca se aparte de nosotros”. Debemos pedir de esa manera, ya que nuestro amor humano tiende a agotarse, frustrarse y a condicionarse. En cambio, el amor de Dios es paciente, inquebrantable, inmensurable e incondicional. La Palabra de Dios dice que “Él es amor”. Él no contiene pequeñas dosis de amor, sino que es amor en Su misma esencia. De modo que si hay alguien que nos puede proveer de dicho amor duradero es Dios.

¿Deseas experimentar Su amor? ¿Deseas refugiarte en Su amor y vivir bajo Su inmensurable perdón? Él desea darte de Su amor, ¿lo dejarás obrar hoy? La Biblia dice en 1 Juan 4:8, “ 8 pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (NTV)  

No Es Como Parece

“No todo es como parece”. Las apariencias engañan y no todo lo que brilla es oro. Estas son frases que nos muestran la realidad de la vida en la cual lidiamos con múltiples apariencias las cuales nos confunden, desaniman y hasta nos tienden a cambiar de dirección. 

Usamos la frase para hablar aparentemente de una dicha suposición. Sin embargo, vivimos en un mundo lleno de suposiciones. Somos prontos para juzgar a otros en base a lo que nuestros ojos pueden ver. Tratamos de adelantarnos a formular conceptos erróneos en base a suposiciones que nos empañan la visión para poder ver mejor.  
Debemos recordar que no todo es como parece y como se ve. Las apariencias de verdad engañan y más engañará a quien sólo se fije en ellas. Recordemos que las cosas buenas salen del corazón y que la esencia de una persona se percibe por sus acciones y se sienten con el alma. La Biblia dice en Juan 7:24, “ No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia” (NVI)  

Atravesando Dificultades

¿Atraviesas dificultades en este momento? Tal vez estás experimentando una prueba tan intensa que te preguntas si será posible sobrevivir. Cualquiera que sea la fuente de nuestra adversidad, el apóstol Pedro nos ofrece una perspectiva clara para ayudarnos a recuperar la esperanza y el gozo. Nos recuerda que Dios nos ha reservado una herencia en el cielo, que es imperecedera, pura y eterna (1 Pedro 1:3-5). Si hemos puesto nuestras esperanzas en esta vida, las pruebas seguirán llevándonos a la desesperanza. En segundo lugar, Dios tiene el control de nuestras pruebas. Nada nos llega por azar. Nuestro Padre amoroso se asegura de que nuestras tribulaciones logren su propósito especial para cada uno de Sus hijos. Él es soberano sobre toda adversidad, incluida su duración, que es “por un poco de tiempo” en comparación con la eternidad (1 Pedro 1:6).

Por otro lado, Dios usa las pruebas para fortalecer nuestra fe. Pasar por el sufrimiento y permanecer fiel a Cristo es un testimonio para los demás de nuestra salvación. Finalmente, cada prueba hace más fuerte nuestra fe. La Biblia dice en 1 Pedro 1:7 , “7 Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo” (NTV).

Sí se puede

“Sí se puede, sí se puede, sí se puede. Son las porras que escuchamos en los estadios, en las peleas, en las competencias, en muchos certámenes y demás”. La expresión “sí se puede” es una expresión de ánimo en medio de cualquier lucha. “Sí se puede” encapsula el apoyo, las ganas, el emprendimiento, la confianza, el desafío y el aliento.

Sabías que Dios es el primero que dijo: “Sí se puede”. Desde el día de la creación de la humanidad, Dios expresó Su sentir de sí poder hacerlo todo. Aún cuando la humanidad se apartó de Él, Su ánimo, apoyo y respaldo nunca se apartó de Su amada creación. Es más, aunque por muchas generaciones trataron una y otra vez el seguirle, Él busco la manera de poder restablecer lo que se había roto y perdido. 


Él dijo: “Sí se puede” y envió a Su Hijo a morir por cada uno de nosotros, ¿crees no poder o continuar hacia adelante? ¿Crees no poder con algún problema, enfermedad, relación o con tu vida misma? En Cristo, “sí se puede”. Él puede hacer lo que nosotros no podemos hacer. La Biblia dice en Juan 1:3, “Dios creó todas las cosas por medio de él, y nada fue creado sin él” (NTV).

Esperanza

“La esperanza es lo último que se pierde” dicen por ahí. La verdad es que sentir esperanza es esencial para vivir. Si no creemos que nos espera algo mejor, podemos hundirnos en la más profunda depresión. Por otro lado, el ser optimistas también puede desilusionarnos, cuando lo que esperamos no se materializa. Entonces, ¿cómo saber dónde poner nuestra esperanza y cómo reaccionar si no se cumple lo que esperamos?

La esperanza es segura cuando está en armonía con los deseos de Dios. Sin embargo, muchas de nuestras expectativas se basan en deseos o sentimientos. Anhelamos ascensos en el trabajo, una buena salud, relaciones sólidas o soluciones a nuestros problemas, no obstante, no tenemos ninguna promesa absoluta de Dios de que todo esto será parte de Su voluntad para nosotros. El desilusionarnos de Dios es algo que puede ocurrir si nuestras expectativas no coinciden con Su plan. Incluso cuando la esperanza se basa en una promesa bíblica, es posible que Dios no la cumpla de la manera o en el plazo que la esperamos.
Entonces, la esperanza es segura cuando no es subjetiva y depende o se origina de nosotros. Dios es bueno y soberano y aún cuando una expectativa terrenal no se cumpla como deseamos, podemos tener gozo al recordar que nuestra esperanza segura y eterna esta en Dios. La Biblia dice en el Salmo 42:11, “¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón?
¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!” (NTV) 

Humildad

¿Has conocido personas supremamente orgullosos(as) y petulantes? Es decir, aquellas que creen que todo lo saben, que todo lo pueden y que parecen ser los dueños del mundo. Personas que se las creen de mucho y no toman en cuenta a los demás ignorándolos fácilmente.

El término humildad ha cambiado mucho en su connotación actualmente. Muchos creen que una persona humilde es una persona carente de muchos recursos esenciales o una persona con poca educación formal. Otros tildan a los humildes con sólo mirar su apariencia física o su aspecto relacional. Pero ¿Qué es la humildad? Según el diccionario “la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones, debilidades y en obrar de acuerdo con ese conocimiento. La humildad es sumisión y rendimiento”.  (RAE). En otras palabras, es reconocer nuestras limitaciones y nuestra necesidad de los demás.

Una persona humilde reconoce que necesita de otros y que a su mismo tiempo, puede servir a los demás. Una persona humilde trabaja por dejar el orgullo al lado sirviendo su propósito de servir a los demás. Y tú, ¿cultivas la humildad? La Biblia dice en Proverbios 11:2, “El orgullo lleva a la deshonra, pero con la humildad viene la sabiduría” (NTV)  

Marineros Espirituales

Leyendo un artículo en un magazine, tomé nota de la siguiente frase: “Cualquiera navega en aguas tranquilas, pero los mejores marineros aprendieron en medio de las tormentas más difíciles”. Edward Gibbon, experto en marineros, dijo: “Los vientos y las olas siempre están al lado de los navegantes más expertos”. En otras palabras, las tormentas más fuertes son el aula de clases de los marineros más prominentes.

Nosotros somos los marineros en el océano llamado vida. Las tormentas torrenciales con sus fuertes vientos y sus violentas aguas son inevitables. En vez de esperar una vida sin dichas tormentas, debemos hacer de las tormentas una sala de enseñanzas para aprender a cómo navegar y sobrepasar cada una de ellas. Las grandes olas, no podrán hacernos bajar ni hundir en la barca de nuestra vida. De modo que cuando vengan los vientos y las olas más fuertes, debemos aprender que lo único que podemos hacer cuando llueve, es dejar que pase, protegernos y esperar que todo se calme. Todas las tormentas tienen una característica fundamental: “Todas, sin excepción, terminarán”. No hay tormentas eternas, pero sí se pueden aprender lecciones de tenacidad, perseverancia, dependencia y diligencia en cada una de ellas.

Dios es tu refugio en medio de la tormenta, ¿deseas refugiarte como un buen marinero en Él? La Biblia dice en Isaías 32:2,“Cada uno será como un refugio contra el viento, como un resguardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto” (NVI).

Llamando A Tierra

Recuerdo en especial a un amigo de la infancia que cuando alguien no le estaba prestando atención, decía fuertemente la frase, “llamando a tierra, llamando a tierra”. En otras palabras, lo que quería decir es, “préstame atención, préstame atención”. Al parecer muchos de nosotros necesitamos que nos hablen de esta manera. Necesitamos que alguien se acerque y nos diga, “por favor, préstame atención”. 

El ser humano tiene la tendencia natural a desenfocarse o errar el blanco fácilmente. ¿Cuántas veces te has propuesto algo y no lo has terminado? ¿Cuántas veces estás divagando en la amplia galaxia de tus pensamientos sin regresar a tierra? Es más, en nuestros días, con tantos avances, información y opciones, la gente parece estar más distraída. El déficit de atención en los niños ha llegado a ser uno de los diagnósticos más comunes en las enfermedades actuales. ¿Por qué? Parte de ello, es porque vivimos distraídos. Pasamos tiempo meditando en cosas que no sirven para nada e invertimos nuestro esfuerzo en cosas infructuosas por falta de enfoque. Muchas veces en nuestra vida física, emocional, y espiritual, le erramos al blanco, es decir, pecamos consciente o inconscientemente.

Pidámosle a Dios que siempre nos regrese a la tierra. Que nos permita vivir con sabiduría para que no tenga que llamarnos la atención de una manera dolorosa. La Biblia dice, “Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos desviemos de ellas”, (Hebreos 2:1, NTV).